— Venga viciosita, anda a poner caliente a tu amigo — Caliente me puse yo en cuanto me dio su permiso, me faltó tiempo para abrirle la conversación al chaval, de apodo Soltero, por miedo a que se hubiera desconectado ya, mientras ayudaba a mi marido a abrir mi perfil en su móvil para que lo viera todo.
En apenas unos momentos ya tenía respuesta, lo que consiguió que mis pezones se endureciesen y me empezase a humedecer otra vez. Me costó no empezar a acariciarme, pero quería estar centrada escribiendo.
— ¡Hola Preciosa! Ya pensaba que no ibas a mandarme mensaje — Añadió unos emojis guiñando el ojo.
— Estaba refrescándome un poco, que estaba un poco acalorada — Contesté, la verdad que estaba emocionada, era la primera vez que flirteaba con alguien desde que me casé, y me animaba un montón hacerlo.
— Espero haber tenido algo que ver con esos calores —
— Algo has tenido que ver, sin duda — Quería decirle que seguía completamente acalorada y cachonda, pero eso le quitaría la gracia al flirteo —
— ¿Puedo preguntarte la edad?
— Treinta y cinco, ¿Y tú?
— Cuarenta y tres — Eso me sorprendió, no esperaba a alguien que casi me sacaba 10 años, la verdad es que se conservaba bien, por lo poco que pude ver en el vídeo. — ¿Qué buscas por aquí? —
— Me gusta exhibirme y eso le pone también mucho a mi marido — Conteste, vale que no llevaba mucho con el tema del exhibicionismo, pero tenía claro que me encantaba.
— ¿Le gusta sólo exhibirte o también le gusta verte con otros? — No me esperaba esa pregunta, me tomó un momento responder
— Nunca me he visto con otros. No hemos llegado a quedar con nadie
— Con ese cuerpo seguro que no será por falta de voluntarios — Me sacó una sonrisa el comentario, la verdad que el chico era amable.
— Muchas gracias
— Las que tú tienes preciosa, muchas gracias por el espectáculo de antes, por cierto
— Ha sido un placer, como ya te habrás dado cuenta — Le añadí un par de emojis con guiños a mi respuesta.
A partir de ahí empezamos con la conversación típica para conocernos un poco. Él me comentó que estaba soltero, como su apodo indicaba, vivíamos en la misma ciudad (aunque yo no le dije el pueblo exacto en el que vivía, para no dar más información de la necesaria), que le gustaba conocer mujeres a través de la aplicación de videollamadas, y con alguna hacia amistad (y con otras sexting).
Yo le comenté mi situación de madre casada, lo que hizo que me confesase que le llamaban mucho las mujeres casadas.
— ¿Y eso? ¿Te gusta seducir mujeres casadas? — Le pregunté juguetona.
— Alguna he seducido, no te voy a engañar, con alguna otra me he dejado seducir, pero no es lo que más me gusta
— ¿Y qué es lo que más te gusta?
— No nos conocemos aún mucho, no me gustaría que te llevases una mala impresión de mi, si quieres te lo comento cuando nos conozcamos un poquito más —
— ¿No hay forma de que te convenza para que me lo cuentes? — Me había picado la curiosidad, no iba a dejar de intentarlo tan fácilmente.
— Podrías intentar sobornarme con algo — Añadió un guiño a su comentario.
— ¿Y qué puedo ofrecerte como soborno? — Ya estaba preparada para que me pidiera alguna foto de mi cuerpo, hacer una videollamada, o algo similar, me sorprendió su respuesta.
— Que contestes un par de preguntas con sinceridad y luego me mandes un audio cortito, como verás no pido mucho
— Tiene que haber truco
— Sin truco, trampa ni cartón, te lo prometo. Hacemos una cosa, yo te voy pidiendo, y si en algún momento algo no te convence me lo dices y pasamos a otro tema—
— De acuerdo — No estaba muy convencida, pero me picaba la curiosidad.
— Primera pregunta ¿Cómo estás de caliente? — El muy mamón no preguntaba si estaba caliente, sabía que ya lo estaba, solo me preguntaba hasta qué punto.
— Mucho — Me ruboricé al responder, me daba cosa admitirlo.
— Segunda pregunta ¿Cómo de húmedo tienes el coño? — Ahí me descolocó con la pregunta, sin pensarlo me puse una mano entre los muslos, y al comprobar que estaba empapada empecé a acariciarme sin pensarlo. Me costó centrarme y parar para responderle.
— Encharcado — Me salió sin pensar, me pareció una respuesta soez y sugerente a partes iguales una vez la vi en la pantalla.
— La petición del audio, ¿Estás segura que quieres que te la haga? — El muy cabrón quería hacerse el interesante y que se lo pidiera. Mi mano había vuelto a bajar entre mis muslos y me acariciaba mientras le contestaba con una mano.
— Si — Realmente quería tirar el móvil en la cama, sacar un juguete y darle a mi cuerpo el placer que le hacía falta, pero mi curiosidad podía con la necesidad de tocarme.
— Está bien, grábame un audio para que pueda escuchar lo encharcado que está ese coñito tuyo
Me quedé quieta como una estatua, no me esperaba eso, esperaba que me pidiera algún gemido, o algo similar, pero no que me pidiese grabar el sonido de mi coño húmedo. Dudé durante unos minutos, creo, antes de bajar el móvil hacia mis piernas y prepararlo para grabar. Diría que empecé a acariciarme suavemente, pero la realidad era que estaba tan caliente que me masturbe como si llevase semanas esperando poder hacerlo, unos segundos después le di al botón de grabar audio y me dejé llevar por el placer. Grabé menos de medio minuto de audio, y una vez lo mandé seguí masturbándome.
— Joder como estás de cachonda niña, me encantaría ver ese coñito en directo. Mándame otro audio de ese coñito empapado
En su voz había desaparecido el humor, me estaba dando una orden, y yo estaba más que dispuesta a cumplirla. Volví acercar el móvil entre mis muslos, grabé los ruidos de mi coño empapado mientras me masturbaba, pero me faltaban manos.
Necesitaba meterme unos dedos en el coño mientras acariciaba mi clítoris, necesitaba una mano para sujetar el móvil y tenía un deseo brutal de pellizcar mis pezones, aún así, logré hacer lo que me decía y mandarle otro audio, estaba segura que mis gemidos se escucharían de fondo.
Estaba a punto de tirar el móvil en la cama para centrarme en mi y correrme, pero sonó el tono de un mensaje nuevo, miré la pantalla.
— Me tienes súper cachondo hija de puta, me tienes el rabo durísimo — El mensaje tenía que haberme enfadado, ese tipo no era nadie para insultarme así, pero el efecto fue muy distinto, hizo que me sintiera muy zorra, y me encantó la sensación, me puso más cachonda si eso era posible.
— Quiero escucharte gemir — Otra orden, me faltó tiempo para acercar el móvil a mi cara y grabar mis gemidos, está vez no pensé en tirar el móvil, quería leer su respuesta, que no se hizo esperar.
— Cómo te follaba ahora mismo, te iba a llenar ese coño de leche — Sus comentarios soeces me estaban llevando al límite — Imagínate que estoy a tu lado, meneando mi rabo mientras te masturbo
En ese momento mi mente voló, me imaginaba tirada en la cama mirando como meneaba su rabo junto a mi cara y me metía varios dedos en mi empapado coño, el único problema fue que me imaginé que era Aitor, y no este chaval, el que estaba conmigo en la cama. Eso ya superó todas mis barreras, pensaba pasar del hombre este (por muy burra que me pusieran sus comentarios) lanzar el móvil sobre la cama y centrarme en darme placer, pero algo cambió mi plan, por suerte.
Mi móvil empezó a sonar, Bruno me estaba llamando.
— Hola preciosa, estaba leyendo un rato telegram y me apetecía escuchar tu voz un rato — Me dijo con voz cariñosa. Estaba claro que había leído la conversación con Soltero y sabía que estaba a punto de correrme, así que había aprovechado para llamar a ver si me pillaba a tiempo.
Eso me vino perfecto, dejé el móvil en la almohada junto a mi cara, me clavé dos dedos dentro de mi encharcada v****a y me froté con ansia el clítoris. Si mi marido quería escuchar cómo me corría, le iba a dar el gustazo.
No tardé ni medio minuto en correrme entre gritos y gemidos, apreté tanto los muslos con el orgasmo que me llegué a hacer daño en la mano que tenía metida. Tras eso me quedé derrumbada en la cama intentando recuperar la respiración.
Al poco escuché a Bruno en el móvil despedirse.
— Muchas gracias preciosa, me ha encantado escucharte — Me dio la impresión de que su respiración se notaba agitada, aunque no estaba segura — Se me acaba en nada el descanso, te mando ahora una cosita y me vuelvo a currar. Descansa
No pude ni despedirme, había colgado para cuando había recuperado el aire suficiente como para poder hablar. El motivo lo descubrí enseguida, pues me llegó un vídeo suyo en el que podía ver cómo se masturbaba en el baño del trabajo hasta correrse, me había colgado para tener tiempo suficiente como para grabar la corrida para mí.
— Gracias por el vídeo, ¿Mañana podrías despertarme con una comida de coño cuando llegues? — Aún estaba algo cachonda, mi cuerpo me pedía tener la cabeza de Bruno entre mis muslos, no sé cómo estaría de cansada cuando llegase, pero intentaría darme el gusto cuando llegase.
— Tu descansa y mañana te doy el gusto cuando llegue — Acompañó con un par de emojis de besos la respuesta.
En ese momento recordé mi conversación con Soltero, la había olvidado completamente. Además de unos pocos comentarios obscenos más, que leí muy por encima, también me pedía que me grabaste mientras me corría, y como no había respuesta por mi parte también preguntó:
— ¿Ya te has corrido?
— Si, no he podido grabarlo, que justo me ha llamado mi marido para escucharme
— ¿Te ha llamado para escuchar como te corrías? ¿Acaso te controla las conversaciones? — Esa pregunta no me gustó del todo, estaba insinuando que tenía un marido controlador, aunque es cierto que es lo que parecía.
— Si, le dejo tener mi perfil en su teléfono para que pueda leer las conversaciones que tengo con amigos, por eso sabía que estaba a punto de correrme
— Que suerte ha tenido entonces, me hubiera encantado escucharte. ¿Quizá algun otro día?
— Otro día podemos mirarlo — En ese momento me acordé que había provocado toda esa excitante situación, y no me corté a la hora de pedir lo que me debía — Ahora te toca decirme que es lo que te gusta hacer con mujeres casadas
— ¿No te has dado cuenta de lo que es?
— No, y no me vengas con largas, desembucha — Empezaba a pensar que estaba intentando darme largas para no responder y me estaba empezando a mosquear.
— De acuerdo, a menos que me equivoque, no estás habituada a masturbarte en conversaciones con extraños, grabar el ruido de tu coño húmedo y tus gemidos mientras te masturbas, ¿Estoy en lo cierto?
— Lo estás — Era estúpido negar lo evidente.
— Es decir, que después de una conversación corta conmigo has roto varios de tus tabúes, masturbándote frente a un extraño, grabando tus gemidos y el ruido de tu encharcada v****a solo porque yo te lo he pedido, y lo has disfrutado. Eso es lo que me encanta hacer, conseguir que preciosas mujeres casadas como tú se olviden de todo, rompan unos cuantos tabúes y saquen a la mujer apasionada y s****l que llevan dentro —
No sabía que decir, me había dejado completamente descolocada. Cierto era que había conseguido que me dejase llevar, seguir sus órdenes sin rechistar y dedicándome a darme placer de una forma casi obsesiva, me daba hasta un poco de miedo como había ocurrido todo.
— Bueno, cambiando de tema, me gustaría darte un regalito — Me dijo.
— ¿Un regalito? — Pregunté con duda.
— Claro, me has dado un rato la mar de excitante, que menos que darte algo de agradecimiento antes de irme a dormir — En el chat apareció un vídeo, que espere para abrir, ya que Soltero me mandó otro mensaje — Buenas noches bombón, ya me dirás si te gusta el vídeo, yo me tengo que ir a dormir ya
No me dio la opción de contestar, ya se había desconectado. Abrí el vídeo sabiendo lo que me iba a encontrar, se veía en primer plano el m*****o duro de Soltero mientras se masturbaba durante medio minuto hasta que gran cantidad de chorros de semen salían disparados. Creo que nunca había visto semejante cantidad salir de una sola vez.
Deje que el vídeo se reprodujera en bucle varias veces, me imaginaba semejante cantidad de semen salpicando mis tetas, escurriendo por mi estómago y terminando entre mis muslos.
Me estaba poniendo cachonda sólo de ver el vídeo, mi mano se coló entre mis muslos y empezó a frotar mi maltratado clítoris.
Probablemente habría terminado masturbándome hasta correrme otra vez, si no fuera porque mi cuerpo no daba para más, pero no dejé de acariciarme durante más de una docena de reproducciones del vídeo, hasta que me llegó un mensaje que no me esperaba.
— ¿Qué haces conectada a estas horas? Que mañana te toca madrugar para llevar a los peques a clase — Leí el texto antes de fijarme que era Cris la que me mandaba el mensaje, se me hacía raro, pues nunca contábamos por Telegram.
— Me iba ahora a desconectar— Escribí con dificultad a una mano, mientras seguía acariciándome con la otra — Estaba viendo un vídeo que me han mandado antes de irme a dormir
— Si que tiene que ser un vídeo interesante para tenerte despierta a estas horas, con lo dormilona que eres — Por mi cabeza pasó la idea de mandarle el vídeo, y antes de que mi cerebro dijese que era una mala idea, ya se lo había reenviado.
Tardó un más de un minuto en responder, y su respuesta fueron un montón de emojis con los ojos como platos.
— ¿Y quién es el dueño de semejante herramienta? ¿Es de Bruno?
— No, no… es de… — La mención de mi marido hizo que se me espabilase la mente y me volviera la vergüenza, no me atrevía a contarle a Cris lo que había pasado
— ¿TIENES UN AMANTE? — Contestó Cris, probablemente sorprendida.
— No, no, no… es de un amigo — Me sentí estúpida al poner esa respuesta en la conversación, y un poco pervertida, además, pues mi mano aún seguía acariciando mi sexo.
— ¿Un amigo? Yo no tengo amigos que me manden este tipo de vídeos — Añadió un emoji guiñando el ojo y sacando la lengua — Dime la verdad, ¿Es alguien que yo conozca? ¿No será tu macizo compañero de curro del que tanto me has hablado?
— No, es de un tío con el que he coincidido en una página donde me exhibo, me ha dado su Telegram y hemos seguido tonteando por aquí — Tuve que dejar de tocarme para contestar a Cris, pero en cuanto hube terminado eché mano a un succionador y me lo puse en el clítoris, no podía entender por qué, pero explicar eso me ponía muy cachonda.
— ¿Y te estabas masturbando mientras veías el vídeo?
— Si — Respondí brevemente, ya no estaba para escribir textos largos.
— ¿Y te estás masturbando mientras hablamos? — No me sorprendió la pregunta, casi me la esperaba viniendo de Cris, pero algo me impedía responder.
Pasó un minuto mientras el succionador me hacía temblar y gemir, mi mano quería contestar que si en el chat, pero mi parte racional se lo impedía, Cris se cansó de esperar e hizo una locura.
Me llamó por teléfono.
Descolgué sin pensar, sin apagar el succionador, sin parar de gemir. Al igual que había hecho con Bruno, dejé el móvil en la almohada junto a mi y me centré en darme placer.
Pasados unos segundos pude escuchar gemidos femeninos, sonaban un poco apagados, como cuando pones el altavoz del móvil. Supe que estaban los dos escuchando.
En un momento dado empecé a escuchar otros gemidos, más graves, y supe que eran los de Jesús. Me imaginé a Cris subida encima de Jesús cabalgando mientras me escuchaban. No me hizo falta más, me volví a correr.
Fue el orgasmo más débil de la noche, mi cuerpo no daba para mucho más, pero el más excitante, pues cuando me llegaba el orgasmo pude escuchar cómo subían de intensidad los jadeos de Jesús, se estaba corriendo conmigo.
Nos quedamos los tres callados durante un rato, escuchando nuestras respiraciones agitadas a través del móvil, hasta que Cris rompió el silencio.
— ¿Te parece bien que tomemos algo en tu casa mañana después de dejar a los peques en el cole? — La voz era insegura.
— Si, será lo mejor — Contesté con dificultad, mi respiración seguía agitada — Buenas noches a los dos
— Buenas noches
Me contestaron a la par, y colgué el teléfono ahora necesitaba irme a dormir, mi cuerpo no daba para más y estaba segura que Bruno llegaría a casa con intención de mantener su primera y darme sexo por la mañana, da igual lo cansada que estuviera.