Era viernes, además de ser el inicio del fin de semana ese día habíamos ido a hacer toma de protesta de la licenciatura, me había colocado un vestido morado sencillo antes de salir apresurada hacia la universidad aquella mañana, había dejado mi coche en la casa de mis padres por lo que pedir un servicio a esa hora, tardaba demasiado. Para cuando llegué al campus solo restaban unos minutos para dar comienzo a la toma de protesta, respiré profundamente abriendo las puertas de madera para dar fin a un ciclo de mi vida.
La nubes cubrían el cielo cuando salimos de aquella aula con nuestro reconocimiento en mano, iba al lado de mi mejor amiga, una chica alta y rubia, típica mujer estereotipada americana, pero con el corazón tan noble.
— Carlo me ha invitado a un evento privado esta noche, deberías ir — habló Catalina Riquelme después de unos minutos en silencio.
Las dos caminamos por el pequeño malecón de la universidad, a un lado del lago artificial donde varios estudiantes aún permanecían debajo de los enormes robles.
— Has dicho que es privado — dije después de analizar sus palabras.
— No seas tonta Maika, claramente puedes ir es privado porque no entra cualquiera es el cumpleaños del amigo de un amigo de Carlo — dijo con una mueca como confusión.
Me reí con ganas.
— El amigo, del amigo, del amigo de tu novio.
Ella se rio conmigo cuando se dio cuenta de lo que había dicho, Carlo Miller era novio de Cata desde hace dos años, siempre salía de fiestas en la mayoría de ellas usualmente los acompañaba, pero desde lo de Dani había sido rara la ocasión, ahora Cata seguramente lo propone por el hecho de haber terminado la carrera. Llegamos hasta donde Carlo con su cabello n***o relamido hacia atrás platicaba amenamente con nuestros otros dos amigos, eramos un grupo bastante reducido.
— Pero que risueñas vienen nuestras dos chicas favoritas .
Le sonreí a Fernando Soria mientras él colocaba sus brazos en nuestros hombros enrollando sus brazos en cada uno de los de nosotras.
— Hey Fer — dije dando un beso en su mejilla — Tu eres el favorito de nosotras.
— ¡Hey! — dijo Carlo mirando ofendido a su novia que había asentido ante mis palabras.
— Pero que celoso amigo — dijo Fernando con una sonrisa — Pero así te ves guapisimo.
Fernando Soria era abiertamente gay desde los quince años según nos contó alguna vez, tenía un cuerpo atlético y solía vestirse como cualquier otro chico, si no lo escuchabas hablar jamás adivinarás sus preferencias, a nuestros veintiún años es el más maduro del grupo.
— ¿Irás a la fiesta Maika? — Esta vez el que hablo era Hank Larrison, solía jugar futbol americano en la preparatoria hasta que sufrió una lesión y aunque aún mantenía el físico de un jugador defensivo, había tenido que renunciar a sus sueños, lo que a veces lo volvía irritante.
— Aún no lo sé — conteste clavando mi mirada en sus ojos negros, su rostro moreno apenas permitia ver sus expresiones pero logre distinguir el leve movimiento de boca que hizo al no estar de acuerto con mi respuesta — Le he prometido a Dalton una noche de películas.
Dije tratando de zanjar el tema pero él no parecía estar de acuerdo con eso aunque se mantuvo en silencio, pero las palabras de mi mejor amiga apoyaron su idea.
— Oh vamos Mai, nos espera un futuro lleno de trabajo, sin diversión probablemente, será nuestra última noche.
Rodé los ojos, Catalina Ferrer era hija de uno de los senadores más apreciados del país, nadaba en dinero, había estudiado solo por el mero placer de vivir la experiencia estudiantil, pero yo dudaba que se fuera a dedicar a algún negocio, no sería la última vez que nos divertimos por lo que sus palabras solo se resumian en chantaje.
— Está bien Cat — dije con resignación — Pero solo un rato.
Catalina me abrazó saltando de alegría.
— ¿Y dónde será la fiesta? — dije una vez que la euforia de mi mejor amiga bajó.
— Eso es lo interesante, solo les diré que habrá mucha agua — dijo Carlo con una sonrisa.
Fruncí el ceño no era fan de las sorpresas, me gustaba saber todo, donde estaría, con quién y por supuesto la ubicación del dichoso lugar pero el pelinegro no parecía que fuera a soltar alguna otra información, en esos momentos comencé a arrepentirme de mi decisión.
Carlo nos había dicho que no tendríamos tiempo de cambiarnos y que además luciamos estupendas de acuerdo a lo indicado por el anfitrión, en ese momento no habíamos comprendido porque hasta que nos vimos en la necesidad de subir a un diminuto bote en una embarcación privada a las afueras de la ciudad, habíamos hecho un trayecto en coche cerca de dos horas, cuando nos dimos cuentas de donde estabamos era inquietante saber que no había nada a la redonda a exepto del diminuto bote con las palabras “player” escritas en n***o. Resignada y sin opción a salir corriendo, navegamos por unos minutos hasta que una estructura parecida a una caverna comenzó a vislumbrarse, mi mente quedó en shock pensando como algo así podía mantenerse a flote en medio del mar. Cuando por fin llegamos la figura de un hombre robusto vestido de n***o resguardaba el pequeño acceso de una puerta de metal.
— Soy Carlo Miller.
El enorme hombre formó una línea con sus labios observando detenidamente a cada uno después de comprobar algo en una tipo tablet nos indico que podíamos pasar, las puertas de metal se abrieron mostrando un reducido elevador nos apretamos para poder descender, hubiera deseado hacer dos viajes pero el hombre no parecía ceder a nada. Cuando sentí que el oxígeno estaba por agotarse las puertas metálicas se abrieron, luces de colores dieron de lleno en nuestros rostros y la música inundó los oídos; mis ojos se acostumbraron a gran parte de la oscuridad que había en aquel lugar, según mis cálculos debimos haber descendido unos metros bastante considerables. Observe con asombro lo que era una plataforma con cuatro columnas iluminadas en cada esquina, lo que arrojaba la mayor parte de la visibilidad en el lugar, en medio de la pista de baile había una pared que era completamente de cristal donde en la parte posterior debía haber focos porque se podía apreciar unos metros de la oscuridad del inmenso mar. En ese mismo espacio arriba de una plataforma metálica el dj amenizaba la fiesta, observe que debía haber unas cien personas bailando, bebiendo, definitivamente el lugar era bastante restringido.
— Carajo Carlo ¿pues quien es el cumpleñero? — dijo Cata las mismas palabras que yo había querido decir cuando coloque un pie en aquel lugar.
— Un deportista, no lo sé bien.
— Ese hombre es multimillonario — dijo mi amiga en un susurro que mis oídos alcanzaron a escuchar.
Internamente apoyé la idea de Cata, el hombre que había organizado aquello debía nadar en dinero, seguramente más que la fortuna de mi mejor amiga y la mía juntas. Avanzamos a una sala que tenía el nombre de Carlo en ella, aun parecíamos impresionados con aquel lugar cuando Hank tomó una de las botellas que estaba en la mesa para servirnos a todos.
— Bueno — dijo con una sonrisa levantando su vaso — Pues que esta noche sea espectacular, todos asentimos chocando las copas.
Después de varias bebidas la música se había apoderado de nosotras, bailaba al ritmo de la canción con Fer y Cata a cada lado de mi al mismo tiempo cantábamos a todo pulmón la canción del momento, risas, alcohol eran los protagonistas esa noche. Cuando las luces cambiaron de color mis ojos se clavaron en alguien, era un hombre alto con hombros anchos su cabello rubio cayendo en rizos sobre su frente, tenia una sonrisa encantadora que mostraba cada vez que uno de sus acompañantes decian algo. Mis nervios florecieron cuando en algún punto él se giró buscando algo con la mirada, quise apartar la vista, pero fue demasiado tarde cuando su intensa mirada se clavó en mí, en ese momento sentí mis mejillas enrojecer, mi rostro debía estar hirviendo, quería esconderme por la pena de haber sido descubierta pero a él pareció divertirlo, sonrió nuevamente mientras movía su boca y en un instante caminaba hacia mi, yo solo sentía como si todo a mi alrededor estuviera detenido, podía sentir mi pulso con cada segundo que aquel hombre se acercaba más, sonreí internamente al pensar que este podría ser el inicio de una gran historia. Pero de repente algo apago mis sueños, el enorme cuerpo de Hank había interrumpido el juego de miradas del rubio conmigo, me crucé de brazos mirando de forma molesta a mi supuesto amigo que me ofrecía un vaso de licor.
— Has bailado mucho debes estar sedienta.
Dijo con su voz ronca ese simple acto me hizo enojar aún más, pues me había percatado que el rubio había desaparecido de mi campo de visión, suspire derrotada volviendo la mirada a mi moreno amigo.
— Hank...— dije con tono cansino — Gracias pero...yo puedo servirme sola.
El moreno sonrió como si no hubiera escuchado mis palabras acercándose lo suficiente para invadir mi espacio personal, me mordí el labio inferior lamentando haber tomado aquella estúpida decisión hace un año que llevo a Hank a creerse con el derecho sobre mi.
— Vamos Maika, antes nos divertimos.
— Oh dulce Hank — dije colocando una mano en su pecho para apartarlo — Fue solo cosa de una vez, si quieres seguir siendo amigos tendrás que dejar de atosigarme.
Me aparté de él disculpándome con mis otros amigos, en esos momentos me sentía sofocada iba rumbo a las puertas metálicas cuando siento mi celular vibrar me detuve en una esquina ¿había señal aquí? pensé con el ceño fruncido, abriendo el mensaje de Dalton, sonreí dulcemente al imaginar al niño pidiendo ayuda a una de las mucamas para escribir en el celular que cuándo iría a la noche de películas, respondí de inmediato que todo el fin de semana estaría con él.
— Esa sonrisa me hace pensar que solo el amor de tu vida tiene derecho de verla.
Despegue mi vista del móvil para toparme con el hombre rubio de hace unos minutos, con las luces aún no podía distinguir bien su rostro pero su mandíbula cuadrada se definió con las luces, abrí la boca para responder pero sentí como si me faltará aire.
— Soy Nikolas preciosa — siguió hablando con un toque coqueto — ¿Cual es tu nombre?.
Sonreí de lado, por la forma en la que me hablaba claramente era un jugador, no es que yo fuera una santa, pero me había prometido estar más en la vida de Dalton y eso implicaba no cambiar de pareja constantemente aunque quizá necesitaba un poco de acción para el estrés, cuando estaba considerando una noche con el castaño mi celular vibró nuevamente y supe que no era el momento.
— Me llamo Maika y el amor de mi vida me necesita ahora — dije moviendo el celular.
Lo vi borrar su sonrisa.
— ¿Me estás rechazando? — dijo con tono molesto mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón de sastrería — Tu fuiste la que empezó a coquetear mientras te movías de aquella manera.
— ¿De aquella manera? — dije frunciendo el ceño — Solo bailaba con mis amigas.
— Vamos preciosa te aseguro que no te arrepentirás.
Me crucé de brazos con una sonrisa de burla.
— Creme galán ya lo hice.
Camine de nuevo hacia donde estaba Cata dejando solo al rubio, pensé en que quizá no había sido buena idea ir a aquella fiesta donde no conocía a nadie, mire a mis amigos divertirse, no quería ser yo la aguafiestas así que solo me despedí indicandoles que ya un servicio me esperaba, ellos aceptaron después de que les prometiera avisar. Hank había insistido pero me había negado a su proposición recalcando que ya el coche me esperaba en la superficie, además después de lo sucedido hace unos momentos no quería tener que lidiar con el moreno nuevamente.
Así que ahora me encontraba afuera de la embarcación, efectivamente había solicitado un servicio de auto pero a esas horas el disponible estaba a unos quince minutos.
— j***r — dije cuando comenzo a calar el frio, me abrace a mi misma para darme un poco de calor, estaba por revisar nuevamente la hora del celular cuando los faros de un auto se acercaron lo suficiente, sonrei de emoción al pensar que quizá mandaron un servicio antes, me acerque apresurada al vehiculo pero cuando la ventanilla de este se bajo, frunci el ceño reconociendo a la persona dentro de ella.
— Se te nota un poco ansiosa por subirte, creí que me habías rechazado.
Entorné los ojos mirándolo molesta.
— Hace frío, espero un auto.
— ¿Tus amigos te dejaron sola?.
— Ellos se están divirtiendo, yo tengo que irme.
— Claro, con el amor de tu vida.
— Me alegra que lo recuerdes — dije con una diminuta sonrisa recargándome sobre la ventanilla del auto, aunque en ese momento me di cuenta que parecía una chica de la vida galante agachada en la ventanilla mientras el castaño permanecía dentro del auto.
Mire a mi alrededor incomoda, solo algunos barqueros junto con dos hombres de seguridad miraban la escena intrigados.
— Y bueno...— dije volviendo mi vista a Nikolas que permanecía con una sonrisa en su rostro — Tú también ya te vas ¿no?.
— Así es, pero antes iré por algo de cenar, muero de hambre.
Me mordí el labio alejándome de la ventanilla, ningún otro faro se veía cerca, mire la aplicación aún marcaban otros diez minutos de espera.
— ¿Quieres un aventón?.
Volví a fijar mi vista en él.
— ¿Lo harías? — pregunté con sorpresa, él se encogió de hombros restándole importancia.
— Sube.
Abrí la puerta del copiloto pensando en porque carajo había elegido irme con un desconocido en vez del borracho de Hank, la respuesta era obvia le eche la culpa al clima que en ese momento claramente el frío no me dejaba pensar.
— Y..¿donde vives preciosa? — dijo Nikolas cuando agarramos de nuevo la carretera.
— Lawrence Park.
— Claro, debes tener dinero para haber venido a una fiesta tan exclusiva.
Fruncí el ceño viendo la marca del auto en el volante, este coche valía el triple de lo mío seguramente, ¿estará jugando?.
— Es claro que tú también debes tener dinero — solté señalando el logotipo del auto.
— Quizá, pero no vivo en esa zona, eso es para ricos.
— Tu carro debe valer millones de dólares — dije incredulamente.
— ¿Esta vieja lata? — dijo con una sonrisa — Solo fue un regalo.
Decidí no decir nada durante varios minutos, desconozco si ese hombre solo jugaba conmigo o realmente no debía tener más dinero que mi familia.
— ¿Te gusta el poutine?.
Miré sorprendida al castaño, él parecía concentrado en el camino.
— A quien no — dije imaginando el plato caliente de papas fritas bañadas de queso y carne, lo que solo provocó que mi estómago crujiera.
— Conozco un lugar, si no te importa claro.
— Mientras puedas acercarme a mi casa, no tengo problema.
Un semáforo se colocó en rojo, las calles vacías a esas horas de la noche, pero él esperaba pacientemente, me mordí el labio viendo su perfil definitivamente era un hombre apuesto justo cuando pensaba eso se giró clavando su mirada en la mía, abrí la boca con sorpresa, esos ojos, pensé apreciando el intenso azul, eran iguales a los de la fotografia, hice una mueca negando con la cabeza y girandome hacia la ventana, justo cuando el semaforo cambio de color, no podian ser la misma persona debe ser una gran coincidencia, había muchos hombres con esa tonalidad de ojos, pero en ese momento pensé si era posible que el destino jugara de aquella manera conmigo.