CAPÍTULO 1
¿Has experimentado esa paz cuando tu vida es lo que deseas?
Así era yo, Maika Crowell con la vida perfecta en busca de una amor inolvidable, hasta que el destino me mostró que las cosas no son justas.
Mi vida perfecta, los padres amorosos, la hermana increíble y un pequeño sobrino que ha iluminado los últimos cuatro años de mi existencia han desaparecido en un instante, la vida me deja incompleta, como si un juego de ruleta rusa se tratase, la suerte se había acabado una bala por fin nos había dado dejándonos con un terrible destino había roto a mi familia.
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Ese día de otoño se podían escuchar el llanto, susurros cargados de dolor, las hojas caían a nuestro alrededor mientras contemplamos cómo bajaban el ataúd lleno de flores blancas. No podía evitar que las lágrimas cayeran por mis mejillas cuando una pequeña mano envolvió la mía, me giré hacia el pequeño Dalton, sus ojitos castaños llenos de preguntas me miraba desconcertado.
— ¿Mamá no volverá, tía?.
Me agache a su altura con una media sonrisa triste.
— Ella se ha ido cariño, murió.
— ¿Por eso lloran?.
— Lloramos porque no podremos abrazarla, ni escuchar su voz, pero siempre vas a tenerla aquí — dije señalando su corazón — Cada vez que estés triste, ella te hablará desde el corazón.
— Quiero que mamá vuelva.
Dalton comenzó a llorar, lo cual me hizo inmediatamente llorar a mi, lo tomé en mis brazos aferrándome a lo único que me quedaba de ella, acaricie sus cabellos castaños mientras veía a mi madre acercarse con una rosa roja.
— Dalton, cielo, ven con la abuela — dijo mi madre extendiendo sus brazos, pero el pequeño se aferraba aún más a mi.
— Lo haré yo mamá — dije tomando la rosa que me ofrecía.
Me acerque a aquel profundo hoyo donde yacía el ataúd de mi hermana lleno de flores y con Dalton aun en mis brazos me arrodille dejando que el niño tomará la rosa.
— Dani, te aseguro que Dalton estará bien, es un niño muy fuerte, casi no llora ¿cierto Dalton?.
Mi sobrino movió su cabeza asintiendo, juntos arrojamos aquella flor con la que le dimos el último adiós a Daniela Crowell.
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Un año pasó tras aquel suceso que cambió el rumbo de nuestras vidas. Dalton había crecido unos centímetros en ese año, pero se había vuelto un niño enojado, retraído, todo el tiempo en el que yo no podía visitarlo mi madre me contaba que se encerraba en su habitación. Yo me había convertido en una segunda madre para él, pero mi último año de carrera había sido difícil así que lo había dejado de lado un poco, lo cual según los psicólogos sufría un tipo de abandono, debía ser parte del duelo por la pérdida de su madre. Pero no podía sacar de la cabeza, que solo era un niño que había sufrido una gran pérdida muy temprano.
— Dalton — dije viendo cómo se empeñaba a limpiar con sus pequeñas manos la lápida de su madre — Creo que ya brilla lo suficiente, te ha quedado estupenda.
— ¿Has traído las flores?.
Tome el ramo de flores blancas a excepción de una roja que estaba en medio, juntos las colocamos en el florero a un lado del nombre de mi hermana, suspiré tratando de no llorar, era su primer aniversario luctuoso y era difícil enfrentar el hecho de que aún luchábamos pidiendo justicia si el caso de Daniela aún no estaba cerrado era porque mis padres tenían dinero. Estar solos en aquel cementerio me hizo sentir como si Dani aún estuviera aquí, pero no podía evitar derramar una lágrima al recordar que no está dedicándoonos una de sus hermosas sonrisas.
— ¿Estás listo? — dije levantándome para sacudir un poco la tierra de mis pantalones.
— ¿No puedo quedarme?.
Me miró lastimosamente, en su lugar yo también haría lo mismo después de todo era mi madre la que había organizado la pequeña reunión con nuestros familiares para acompañarnos en el aniversario de Dani, en lo personal era mejor ir a verla al cementerio que estar bebiendo un caro champagne.
— Tenemos que acompañar a la abuela Dalton, sabes que se pone triste.
Comenzamos a caminar hacia mi automóvil.
— ¿El abuelo vendrá?.
Fruncí el ceño al recordar cómo mi padre había huido después del fallecimiento de Dani refugiándose en sus negocios, nos había dejado solos y solo en ciertos momentos volvía para ver a Dalton, pero ha dejado de ser aquel padre amoroso.
Las calles estaban vacías aquel domingo parecía que solo se abrían paso para nosotros dos, Dalton jugaba con un viejo muñeco al que ya se le notaba el desgaste por tanto tocarlo o jugar con él, recordaba que era del último cumpleaños de Dalton, Dani se lo había regalado con el dinero por la venta de uno de sus cuadros, hubiera sido una gran artista si aquella persona no le hubiera arrebatado la vida, apreté las manos sobre el volante al recordar aquella noche.
"...Yo había salido con mis amigas a uno de los bares de moda que solía frecuentar cada fin de semana, pero esa noche no se sentía bien había decidido irme temprano, solo había tomado poco pero lo suficiente para tomar un servicio de auto y dejar el mío en el parking, llame a Dani, su casa me quedaba más cerca que ir con mis padres…
— Maika — me había dicho con tono dulce, cuando respondió mi llamada cerca de las doce de la noche — Sabes que puedes venir a mi casa cuando quieras, me haría bien que llegaras más pronto que yo.
— ¿Más pronto? — había dicho confundia — Deberías estar en casa.
— He salido de emergencia por un poco de leche, Dalton no ha querido dormirse lo he dejado viendo caricaturas.
En ese momento le hice la seña a un taxi.
— Llegó pronto Dani.
Colgamos la llamada sin saber que seria la ultima vez que escucharía su voz, para cuando llegue a su casa las luces rojas y azules de una patrulla estaban estacionados a una cuadra de la casa de mi hermana, sentía mi corazón inquieto en ese momento, me apresure a salir del coche aventando unos billetes al chofer, corri lo que mis piernas me permitieron y cuando la vi todo a mi alrededor se quedó en silencio, estoy segura que grité, grité lo más fuerte que pude, quería que despertara, un hombre de uniforme me detuvo, me hablaba su boca se movía hacia mi pero yo no comprendía, sólo la miraba a ella y la sangre a su alrededor, el líquido blanco esparcido me hizo reaccionar.
— Dalton…
Había dicho confundiendo a los agentes, pero me levanté del suelo y corrí de nuevo, ellos me gritaban pero no me detuve, sabía donde mi hermana guardaba una copia de la llave de su casa, cuando entre el pequeño Dalton aun veia las caricaturas, sus ojos me miraban con sorpresa y una sonrisa se extendía en su rostro…
No supe qué más hacer, solo lo abracé y lloré, esa noche lloré en los brazos del pequeño niño que había perdido a su ser amado…”
Salí de mi ensoñación mientras la casa de mis padres se abría paso ante nosotros, mire por el retrovisor como Dalton aún permanecía con ese viejo juguete en las manos con su mirada fija en él. Era un niño fuerte, pero con el corazón roto.
— Dalton — dije llamando su atención — Hemos llegado, solo saluda a la abuela ¿si?.
Él asintió. Nos bajamos del coche, saludé a algunos conocidos amigos de mis padres y otros miembros de la familia que habían llegado.
— Pero que grande estas Dalton — la única hermana de mi padre se había acercado para abrazar a Dalton que frunció el ceño apartándose — Cariño soy tu tía.
— Lo siento tía Ana — dije colocando a Dalton detrás de mí — Ha sido un proceso muy difícil.
— Me imagino Maika pero tiene mucha familia que lo ama, además es idéntico a Dani.
Sonreí ladinamente antes de agacharme a la altura de Dalton que me miraba molesto.
— Corazón tienes que ser educado y saludar a la familia, si no quieres que te abracen cortésmente diles que no lo deseas ¿me entiendes?.
— Quiero irme a mi cuarto.
— Dalton, después de comer podrás retirarte — dije de forma tajante.
— ¡No eres mamá! — gritó llamando la atención de los presentes, mi madre me miró preocupada desde el otro lado de la habitación, yo solo le sonreí débilmente antes de mirar de nuevo a mi sobrino.
— Yo sé que no lo soy Dalton, pero te amo igual y si te digo las cosas que tienes que hacer es porque le prometí a tu mamá ayudar a criarte.
— ¡Solo quiero a mi mamá!.
Lo abrace en el momento en que rompió en llanto, las pláticas de los presentes se detuvieron al escuchar las lágrimas del niño, mi corazón se estremeció con cada espasmo de Dalton, una parte de mí se había sentido culpable la última mitad del año ya que lo había dejado al cuidado de mi madre por enfocarme en mis estudios, en una semana sería mi graduación, tendría mi título, podría enfocarme en los negocios de la familia y darle más tiempo a Dalton.
Cuando la gente dentro de aquel ovalado lugar al que a mi mamá le gustaba como recepción de visitas empezó a retirarse, Dalton por fin había caído rendido, de mi parte esta por ir a hacer lo mismo cuando mi padre entró apresurado, con una vieja maleta colgando de su hombro y el traje que traía puesto parecía haberlo sacado del fondo de su closet, las arrugas se podían notar a distancia, fruncí el ceño acercándose.
— Papá — dije con voz cansina — Creí que no vendrías.
Él me miró cansado, viendo de soslayo a mi madre que parecía no darse por enterada de que su marido había llegado, después se dirigió hacia mí con una sonrisa se asomó en su rostro.
— Claro que vendría — dijo en tono bajo pero alegre — Además ahora tengo algo importante que mostrarte.
— Papá no te he visto en cuatro meses, creo que eso puede esperar…
— ¡He comprado un equipo de baseball! — soltó de manera efusiva.
— ¿Qué tú has comprado que? — dije con asombro.
No es que me moleste el hecho de que mi padre haya gastado millones de dólares en un equipo de baseball, si no que él no sabía nada sobre ningún deporte, según sus propias palabras “el deporte es solo una moda, no te sirve para la vida”. Desde que Dani había fallecido mis padres se habían distanciado, eso era un hecho, y además de gastar los recursos en justicia para mi hermana, papá se había dedicado a viajar haciendo negocios cada vez más arriesgados. No se si comprar el equipo de baseball era sumamente arriesgado, no soy experta en deportes pero sabía que si equipo no tenía una buena temporada, bueno, todo se iba al retrete.
— ¡Son los Blue Jays! — dijo mostrando una foto en gran tamaño del equipo que debió haber comprado, la tomé en mis manos sin mucho interés, todos eran hombres mucho más grandes que yo, con la playera color azul y el pantaloncillo pegado a sus piernas, iba a devolver la fotografía a mi padre cuando uno de ellos me llamó la atención, estaba casi al centro de los nueve hombres sonrientes, traía cubierto la mitad de su rostro por lo que solo se podía apreciar sus ojos, tan azules que podía jurar que atravesaban mi alma con aquella imagen.
— Él es mi bateador estrella — escuche la voz de mi padre a mi espalda que me hizo saltar del susto — Se llama…
— Papá — dije cortando su conversación — No me interesa lo del equipo de baseball, tienes que volver a ser como eras, Dalton te necesita, yo te necesito…
Vi como sus ojos perdían aquel brillo, intentó decir algo pero se había quedado mudo, suspire con resignación, mientras caminaba lejos de ahí me di cuenta que aun tenia la fotografía del equipo en mi mano, la deje sobre una mesita del pasillo olvidando por completo aquellos ojos azules.