Esperar a que llegara el lunes se me hizo eterno. Entre mis lagunas mentales y mi desesperación por seguir sin recordar nada, me parecía que estaba atrapado en un bucle del tiempo. Con los ejercicios que me había recomendado el terapeuta, había conseguido recordar algunas cosas, pero sobre todo de mi trabajo y del tiempo que viví en Estados Unidos, pero no lograba recordar el momento en el que conocí a Karina, ni el día de nuestra boda. Tal parecía que alguien se hubiera encargado de borrar mi memoria desde el día en que la conocí a la fecha actual. La tarde del domingo aprovechó que mi hijo Adrián y su esposa vinieron a visitarme para acercarse a mí. A pesar de las advertencias de mi madre pensé que debía darle la oportunidad por lo menos de que me contara su versión de nuestra histori

