GIANNA —Sé lo que intentas hacer. Sonreí y entonces humedecí mis labios. —¿Y me vas a dejar hacerlo? ¿O te quedarás callado y me seguirás viendo con esos ojos cargados de deseo? —Todas las mujeres del reino pueden ofrecerme sexo Gianna, la mayoria de ellas intentan entrar a la corte y hacer comentarios tentadores para que entienda que quieren que las lleve a la cama. No me estás ofreciendo nada especial. Intenté no bajar mi sonrisa. La mantuve con gallardía sin importar lo mal que había sonado lo que dijo. No quería que pensara que lo que salía de su boca me lastimaba porque al final quien se dolía más perdía. —Te equivocas, todas esas mujeres te ofrecen sexo. Yo puedo ofrecerte más cosas porque no soy igual a ellas. Si tan solo hicieras a un lado todos esos pensamientos de odio

