Cuando el ansiado día llegó, tanto las espías como los Antonov estaban preparados para lo que sucedería. Sería una guerra más que letal. Sería la cuenta regresiva hacia un final menos amargo que el que ellos pensaban. Estarían enfrentando sus miedos, superando las adversidades y confrontando a sus enemigos. Tanto Levka como Maurizio armaron a sus equipos, dejando entrever una fina línea entre ganar y perder. Ninguno doblaría las manos ni se arrodillaría ante el otro, así como tampoco dirían que estaban enfrentándose a un enorme contrincante, tan fuerte como ellos. —Los venceremos —comunicó Maurizio a su equipo—. Los Antonov morirán esta noche, o dejo de llamarme un Battaglia. Águila vigilaba la posición que su hermano le encargó. Con el arco en su mano derecha, se enfrentaría a su herman

