—¿Espías? —replicó Viktor. Lionetta volvió a cruzar sus brazos, esa vez con menos esfuerzo. —Para ser rusos increíblemente buenos para pelear, son idiotas cuando están frente a una mujer. Viktor lo tomó como un insulto. Que los colocaran en el mismo escalón de los estúpidos, fue un golpe bajo para él. Viktor apretó la mandíbula y el brazo de la mujer. La empujó adentro de la habitación y la soltó. Ella había apretado la solapa de la chaqueta del hombre, cuando él la arrojó dentro del lugar. Que alguien la tocara no solo era inadmisible, sino que la enojaba muchísimo. —¿Por qué dices esas mierdas? —preguntó Viktor. —Porque es la verdad —replicó ella enseriada—. Son demasiado idiotas si piensas que dos mujeres ordinarias soportarían vivir en este mundo sin sufrir ningún trauma. Vik

