Capitulo 5.- ¿Dónde estarás mi hermosa mujer?

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***NARRA SANTIAGO*** Estaba en una de mis oficinas dando vueltas cómo loco, esperando a Fabián a qué él, llegara a mi oficina con el detective, para ayudarme a buscar a la mujer, que ocupaba todos y cada uno de mis pensamientos, estaba recordándola y dibujándola en mi mente, cuándo Raquel mi esposa llegó a mi oficina, para pedirme dinero para irse de compras con amigas y a un spa y esas cosas, que para mí cada vez eran menos importantes, en cuánto le di el dinero a Raquel, se desapareció de mi vista, lo que agradecí infinitamente, sobra decir que nuestro matrimonio arreglado estaba desgajado y arruinado y que lo nuestro solo era apariencia, Raquel se arreglaba para otros, porque era obvio no me amaba y yo a ella tampoco. Fabián llegó más tarde, el muy infeliz se había olvidado de nuestra cita, lo bueno de todo que no se olvidó del detective, pues lo llevaba con él, de inmediato les ofrecí algo de tomar y comenzamos a hablar de mi tema favorito últimamente, de “Ella”. El detective tomaba nota de lo que yo le decía, de su apariencia, del bar dónde la conocí, de los momentos que viví con ella, del hotel y se propuso, encontrarla en menos de un mes, eso esperaba yo, que con la suma millonaria que se le pagaría era lo menos que él podía hacer. También me pidió el detective que le hiciera un retrato en una tableta que el traía a fin de ver los rasgos físicos de ella, para que pudiera buscarla mejor y le dije que de edad yo le calculaba unos 18 años, él quedó conmigo que se reportaría con sus avances cada semana, yo esperaba que no tardara mucho en encontrarla, honestamente quería y necesitaba volver a verla y claro más que a verla… a sentirla. Después de irse el detective, Fabián y yo nos fuimos a jugar al golf para despejarnos y claro, para echar un taco de ojo, con las modelos guapísimas que andaban ahí promocionando productos, pero claro ninguna cómo ella… ***NARRA BELLA*** Pasaron los días siguientes muy rápido, en los cuales seguí mi vida normal, trabajando en el taller, viendo a Kate y a Cristóbal,  hasta que llegó el viernes y fuimos con Cristóbal a ver al señor del comercial, para lo del comercial de desodorante, que nos comentó que era más complejo porque debíamos tener varias escenas y al final lo unificarían, me emocioné mucho porque él nos dio libreto y todo para repasarlo y el lunes empezar el rodaje en la primera fase, después de ahí me fui con Cristóbal, a divertirnos y a tomar unas bebidas alcohólicas junto con Kate y con un amigo de Cristóbal, queríamos festejar que firmamos un contrato exclusivo por dos años para hacer comerciales, juntos pues teníamos buena química y la empresa estaba encantada de grabar los comerciales con nosotros. Esa noche la pasamos de maravilla Kate y yo, cosa que me alegró demasiado pues Kate es de esas que rara vez se divierte pero hoy se había divertido maravillas, esa noche se fue a quedar a mi casa ya que era algo tarde y además sus padres le habían dado permiso ya que éramos vecinas y vivíamos muy cerca. Al día siguiente teníamos trabajo en el restaurante de su tío de Kate, un lugar exclusivo para gente de esa, que no soportaba yo, cómo del tipo de Santiago, pero no me quedaba más y a pesar de haber filmado el contrato exclusivo de los comerciales por dos años, no podía abandonar a Kate ahí en el restaurante ya que ella, me había metido a trabajar ahí y gracias a eso pagué mis clases de actuación, así que muy a mi pesar el sábado por la mañana llegamos a primera hora al restaurante, dónde nos dijo el tío de Kate que necesitaba una mesa cómo para 20 personas y que la pusiéramos en uno de los espacios marcados cómo “reservados”, nos pusimos en marcha a mover las mesas Kate y  yo, después decoramos con los manteles especiales, copas y losa de lo mejor, para esas distinguidas personas que no tardarían en ocupar el lugar, lo bueno era que ni Kate ni yo, los atenderíamos pues eso lo hacían los meseros para gente VIP, Kate y yo después de alistar el área nos fuimos a nuestro lugar, empezó a llegar la clientela habitual y anduvimos de una mesa a otra sin parar, yo estaba llevando una orden de café con una canasta de pan dulce a una de las mesas de exterior cuando entonces… lo ví a él… ¡A Santiago!, no sé cómo me las ingenié para entregar rápido ese café con pan y volver corriendo a la cocina, me escondí tras un muro y Kate de inmediato corrió hacia mí, con cara de asustada. - Bella, ¿Qué ha pasado?, parece que viste a un fantasma – me dijo Kate con una cara de angustia. - Pues casi Kate, Santiago está aquí, lo ví venía entrando al restaurante, cuándo lleve a la mesa 18 el pan y el café, lo bueno que creo que él no me vio a mí – le dije a Kate con una expresión triunfal. - Quién sabe, dices tú que no, ¿Qué tal y pregunta por una hermosa mujer, cómo decía en el diario? – me dijo Kate riéndose haciéndome alusión a esa nota de sociales del diario, dónde estaba yo con Santiago. - Amiga, ya supéralo y ayúdame, yo no puedo ir para allá, así que si requieren otro mesero, iras tú, por favor Kate – le pedí suplicantemente. - Está bien, pero bájale a tus nervios Bella, que si llega mi tío y empiezas a romper la losa lo cobrará completito, plato por plato, ya le conoces – me dijo Kate riéndose de su tío y de su famosa expresión de “plato por plato”. - Ya lo sé, bueno llevaré las órdenes del otro extremo Kate y por favor si lo ves o algo, hazme una señal, o haz algo, para que yo sepa que hay peligro. Yo no puedo ni quiero verle – le dije a Kate de nuevo pareciendo repetitiva. - Está bien, Bella – me dijo Kate que tal cómo lo pensé, la llamaron para ayudar a los meseros que atendían a esas personas. Yo seguí en lo mío, de pronto un tipo muy bien parecido que no tengo idea de dónde salió, se acercó a mí con una seguridad arrolladora, un tipo alto de cabello oscuro, ojos color miel y tez morena clara, más alto que yo por mucho y cabe señalar que yo no soy bajita pues mido 1.78 de estatura y él, me sacaba algo más de su cabeza, me miró de cierta manera que a pesar de parecerme seductor, en unos instantes me incomodó bastante. - Hola señorita, disculpe ¿Me puede regalar un cenicero? – me dijo con cierto cinismo. - Buenos días, no se lo puedo regalar o a mí me lo cobrarían – le respondí con cierto sarcasmo. - Vale la pena pagar por ciertos lujos – me dijo él con una mirada que de inmediato me resultó nefasta. - En eso le concedo la razón, ¿A dónde le llevo el cenicero? – le pregunté fingiendo no haber prestado atención a su comentario estúpido. - A la zona VIP, muchas gracias – me dijo y se dio media vuelta. - Por nada, estamos para servirles – le respondí con mi frase típica de servicios al cliente. Cuándo ya iba a medio camino hacia la zona VIP, el hombre misterioso se volvió hacía mí y me miró de manera que a mi manera de ver, era una forma de insinuarme algo. - Por cierto, olvidé presentarme soy Fabián Lazcano, encantado – me dijo mirándome de modo que me dejó aterrada. - Encantada señor Lazcano – le respondí yo. - ¿Usted es? – me preguntó con una sonrisa de dientes blancos y perfectos. - Yo soy Marbella, cómo lo puede leer en mi gafete, ahora si me disculpa señor Lazcano, debo continuar con mi trabajo, enseguida le llevan el cenicero – le dije haciéndole ver que estaba pendiente de su petición. - Muchas gracias, Marbella – me dijo y ahora sí se distanció de mí de manera total y definitiva. Enseguida llamé a Kate, para que fuera a llevar el cenicero, pues yo no iba a ir a esa zona VIP, pues era seguro que este tipejo era de los amigos y conocidos de Santiago y yo no quería tener nada que ver, Kate muy a su pesar fue a llevar el cenicero al tipo ese. Me puse a terminar de llevar las órdenes pendientes al área dónde me correspondía y justo cuando pensaba que no tendría nada que ver más con esa gente de la zona VIP, una mujer elegantemente vestida y con una ropa de diseñador, se dirigió a mí. - Buenos días señorita, disculpe ¿Dónde está el tocador? – me preguntó la elegante mujer, dándome la impresión de haberla visto antes en algún lugar. - Buenos días. Si claro, es aquí derecho de recepción hasta topar con pared – le respondí con amabilidad. - Muchas gracias – respondió ella y se marchó rumbo al tocador. Yo al verla alejarse de mi campo de visión, quería recordar quién era, porque sin duda en algún lado la había visto, pero mis pensamientos fueron interrumpidos por una mesa de clientes, que me pedían la cuenta, enseguida corrí a pedirla para llevárselas. Seguí así toda la mañana y Kate siguió peor, esa gente de VIP, pedía y pedía y pedía, me sentía mal por no poder ayudarla, pero no quería ver a Santiago, más bien no quería que él me viera a mí, así, en ese uniforme ridículo. Yo quería que se quedara con la impresión de la belleza que conoció en el bar, la otra noche, me moriría de la vergüenza de que me viera ahí en esas tristes circunstancias, además fue un rollo de una noche y así debía de quedar para la eternidad. Cuándo por fin se iban esos clientes de la zona VIP, Kate me hizo una señal para que fuera a ayudarla a recoger las mesas y a acomodar todo en su normalidad, así que fui a ayudarla, por el balcón de la zona VIP, ví cómo se iba Santiago y entonces mi memoria de pronto volvió al ver junto a él subir a una camioneta y ayudados por el chofer a la elegante mujer que me preguntó, por el tocador, claro que la conocía, era ella… su esposa y para mí pesar, era todo lo que yo no era, rica y glamorosa, con razón él se había casado con una mujer así, bella y con un porte impresionante, razón de más para no volverle a ver nunca en mi vida. Kate, leyendo mi mente, me miraba de forma muy sospechosa. - Sé que quieres preguntarme, sí la conocí Bella, sí y se llama Raquel. Por cierto es muy amable – me dijo Kate. - Gracias, pero yo no dije nada – le respondí fingiendo desinterés. - Bella, te conozco, ¿Por qué no me habías dicho que era casado Santiago?, por eso evadías el tema cuando yo te preguntaba por él – me confrontó Kate. - Sí fue por eso, los ví juntos en una página de esa gente de los hoteles, en el buscador de internet – le dije confesando lo que ya sabía. - Lo siento amiga, pero ha sido lo mejor, sea cómo sea no es bueno romper un matrimonio – me dijo Kate. - Kate eso no me importa, pero, ¿Qué tal se llevan juntos? – le pregunté curiosamente. - Se llevan cómo toda esa gente que se casa por un status, pero a fin de cuentas sea cómo sea son marido y mujer – me dijo Kate. - Tienes razón, perdona mi imprudencia por preguntar – le dije a Kate mientras empezaba a acomodar las mesas. Terminamos nuestro turno en el restaurante, durante ese día y por los siguientes dos años, en los que no supe nada de Santiago, dónde dejé de buscar saber de él en internet, fingiendo que no existía y seguí con mi vida cómo actriz de comerciales, mi situación económica era de lo mejor, pero por lealtad a Kate seguía en el restaurante, pero ya la gente, me empezaba a conocer, lo que me daba bastante gusto, que muchos que me conocían de los comerciales, me pedían autógrafos ahí en el restaurante, hasta qué un día… la vida me cambió de forma definitiva….
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