No esperó la respuesta de Serla. En cambio, la besó, abrazándola tan fuertemente, que ella sintió como si su cuerpo se derritiera en el de él. Ya no eran dos seres, sino uno solo. Cuando el Marqués levantó de nuevo la cabeza, Serla no pudo contenerse más y dijo: –Te... amo..., te... amo. –Y yo a ti– repuso el Marqués–. He luchado contra ello durante días, o lo que me parecen años, y no puedo seguir haciéndolo. La batalla ha terminado. Te amo y sé que no puedo vivir sin ti. Serla emitió un sonido que era en parte un sollozo. –No... puedo... creer... estar... oyendo... eso– susurró. El Marqués sonrió. –Entonces, lo diré de nuevo. Te amo. Y cuanto antes nos casemos, más a salvo estaremos. Serla lanzó una exclamación de horror. –¿Quieres decir... que Charlotte... podría... intentarlo

