Capítulo 7-2

2012 คำ

–Eso es algo muy dulce por su parte– replicó–. Me gusta estar aquí, igual que me gusta usted. Casi añadió: «Y amo a su nieto». Pero sabía que no debía decirlo. Sin embargo, sintió que la Marquesa viuda lo había adivinado. La anciana le tomó la mano. –Me gusta pensar, Querida– dijo–, que mis oraciones son respondidas. Sé que Dios las escucha, y siempre ha sido muy bondadoso conmigo en el pasado. Serla se inclinó y la besó en la mejilla. –Yo... también... rezo– dijo. Deseaba contar a la Marquesa viuda cómo había rezado la noche anterior, que sus oraciones habían sido escuchadas y que el marqués la liberó de los gitanos. Pero él había dicho que, si su abuela se enteraba de lo sucedido, se sentiría perturbada y era algo que no deseaba. «Es tan generoso y considerado», pensó Serla, «sin

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