Isabelle pocas veces se había sentido entusiasmada con algo, la producción de vino no le llamó la atención como a su madre y a sus hermanos. Fabio y Fiorella eran una mancuerna perfecta, aparte de ser gemelos, eran los hijos de los cuales su padre Alejandro siempre se sentía orgulloso, mientras ella, siendo la menor, parecía nunca encajar en su familia. —¿Isabelle? —Juan Carlos llamó la atención de la chica. —Perdona, hablaré con mi madre y concertaré una cita para que puedas reunirte con mis papás —respondió Isabelle, sintiéndose un tanto incómoda por la situación, se había encerrado en su burbuja de autocompasión y se había olvidado de la presencia de Juan Carlos. —Déjame tu número de teléfono y te daré el mío, para cuando tengas una respuesta me lo hagas saber y cuando quieras venir

