Capítulo 6: Me gusta

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Narra Emma —¿Qué es lo que haces? Benjamín ve el desorden que tengo en un rincón de mi sala. —Es trabajo, que, por cierto, lo tengo pendiente. —¿Qué tienes que hacer? Él se levanta de su lugar y trata de ver de cerca lo que tengo en mi lugar de trabajo, pero voy tras él y trato de ocultar lo que hice; no me resulta agradable mostrarle mis creaciones o diseños desaprobados por mi jefe. —Es algo en lo que trabajé por un tiempo larguísimo, pero no está bien. Mi jefe me envió a corregirlo y hasta ahora no se me ocurre nada, creo que quemé mi última neurona en esto. Le quité lo que tenía en sus manos y lo guardé debajo de una agenda, pero él toma una hoja más y la observa. —Pero esto es… ¿De verdad tú lo hiciste? Eres buena, no creo que esté mal. —Pero mi jefe no piensa igual. Tengo que hacer algo completamente diferente y por más que intento modificarlo, no se me ocurre nada. —Empieza de cero, no lo intentes modificar. Por más que hagas seguirás una misma secuencia, así que mejor empieza de cero. —Eso me tomará mucho más tiempo, solo me dieron esta semana. —Inténtalo, no pierdes nada con eso. —No, solo la posibilidad de poder ser ascendida. Benjamín hace un gesto con su boca y no hace más comentarios al respecto. —Bien, creo que es hora de irme. Tengo que revisar los informes de finanzas, oficialmente inicio mis días de trabajo en el edificio. —¿Cuánto estarás? Por lo que entiendo solo estás de paso ¿no? —Creo que un mes, quizás menos. Todo depende de cuánto me tarde en las revisiones. Pensé que sería menos tiempo, pero por alguna razón me gusta la idea que esté en el edificio todo un mes. —Ya que invitaste el desayuno, ¿te parece si te invito a almorzar? Tengo la receta de las mejores albóndigas. ¿Qué dices? —No es necesario, esto lo hice porque me ayudaste con… —¿A las dos de la tarde te parece bien? O no, mejor a la 1:00 pm, es que necesitaré un poco de ayuda. Él no me deja esquivar su plan y me compromete sin esperar una respuesta. —Sí, a la una está bien. Esta vez salió por la puerta principal, así que, una vez sola en mi lugar de trabajo; decidí escuchar su consejo y archivé todo lo que había hecho antes para iniciar un nuevo boceto. Me sentía ansiosa porque quería que llegara la hora de nuestro encuentro, la verdad me la paso bien con él, creo que es imposible no sentirme así cuando tiene una forma de ser agradable. Mordía mis labios mientras recordaba sus brazos, el calorcito de su pecho cuando se apoyó sutilmente en mí para alcanzar la taza de la repisa. Benjamín es guapo y yo llevo tiempo aislada de los hombres, es normal que me enloquezca las hormonas. Por mi mente pasaron mil cosas y cuando me di cuenta que estaba divagando demasiado, sacudí mi cabeza y me enfoqué en mi trabajo. —Emma, concéntrate. Pasé hasta el balcón con mi IPad para crear algo nuevo, pero cuando pasé por la puerta de cristal, vi mi reflejo y me detuve. —¿Qué es esa mierd*? —pensé en voz alta viendo mi cabello—. ¡Carajo! No puedo creer que me viera así de fatal, que terrible se ve mi cabello; sin brillo y poco sedoso. Dejé mi IPad en un lado y preferí ir a mi ducha para lavar mi cabello y organizarlo, quería verme mejor para mi próximo encuentro con Benjamín. No es que me guste, solo que no es bueno dar una imagen así, es todo. Me tomé mi tiempo para hacerme el cabello y de paso las uñas, aunque sea un almuerzo casual, usé un poco maquillaje y vestirme más decente. De paso, tomé más tiempo para hacer una tarta, algo que sirva como postre. Una muestra gratitud por la invitación. Cuando llegó la hora acordada, me di cuenta que invertí el tiempo de trabajo en algo totalmente diferente. Esta es la primera señal que tuve de algo que comprobé más tarde. Salí de mi departamento y me detuve frente a la puerta de Benjamín, antes de tocar la puerta acomodé mi vestido y mi cabello. —¡Un segundo! —escuché su grito después de tocar un par de veces. Sus pasos resonaron y los segundos después él abre la puerta. —¿Cómo es…? Me quedé sin palabras al verlo recién salido de la ducha, con su cuerpo mojado, solo usando una toalla en su cintura. —Lamento esto, pero volví hace poco. Por favor entra, espérame un segundo. No me concentré en sus palabras, solo me concentré en su abdomen y en la marcación que tenía en su pelvis, era como un camino que dirigía a algo que su toalla ocultaba. —Emma, pasa por favor. —¿Eh? Sí… traje esto, es un postre casero. —No debiste molestarte. De su cabello destilaban las gotas de agua, que sexy se ve, hasta el olor de su jabón se percibía en el ambiente; huele a fresco. —Puedes sentarte por allá, volveré en un momento, no tardo. Caminé hasta su sala y obviamente este lugar es más espacioso que donde estoy, también más lujoso, tiene mejores accesorios, muebles y adornos, pero intentaré no comparar; él es hijo de un hombre millonario, es lo menos que puede tener. —Listo, ya volví. ¿vamos a la cocina? Asentí y lo seguí hasta su perfecta cocina. —Vaya, todo aquí es muy… muy moderno ¿no? —Ni tanto, algunas cosas las tengo hace mucho tiempo y las llevo conmigo a donde voy. Es la mejor manera de sentirme como en casa. —¿Mudas todo esto a cada lugar al que vas? —Así es, y lo acomodo igual, así me siento en mi casa. —¿Por qué? Eso es entendible, pero al tiempo es muy raro. —Lo sé, pero es que hay ocasiones en las que me quedo más de un mes y no me gusta. —Bueno, el que tiene dinero se muda como quiere, ¿Dónde está la receta? Él me mira y señala su cabeza. —¿Enserio? ¿Cómo se supone que te ayude? —Puedes ir picando las verduras, todo lo que está en ese tazón. Asentí y me puse manos a la obra. Las veces que Benjamín pasaba por mi lado o sin querer rozaba mi brazo, sentía una corriente por todo mi cuerpo. Lo veía de reojo y me cuesta admitirlo, pero creo que me gusta Benjamín. Bueno, es una atracción, no es amor o algo por el estilo porque recién lo conozco y no tengo tiempo para esas cosas, pero si me atrae demasiado. —Deberías mirar lo que estás picando, puedes cor… —¡Auch! —grité al sentir como el cuchillo rozaba mi dedo. Benjamín de inmediato dejó de hacer lo que hacía y tomó mi dedo. —Justo esto era lo que te iba a decir. Pero tranquila, estarás bien. Él toma mi mano y me lleva hasta el fregadero, abre la llave y deja que el agua limpie un poco la herida. —No es grave, no tendrán que amputarte la mano. Una pomada y una bandita lo solucionarán. Miraba como trataba de ayudarme y eso me gustaba. Él, aún con mi mano sujetada, me lleva a su habitación y me pide sentarme en el borde de su cama. —Justo… aquí, tengo un botiquín. ¿Ves? Por esta razón es bueno tener el mismo lugar para todo, cada cosa siempre tiene su puesto. Él deja la cajilla en un lado y saca una poma con unas banditas. —Esto no dolerá. Benjamín se pone en cuclillas frente a mí y toma mi dedo, en el cual se ve un pequeño aruño. Aplica la pomada y para evitar que me duela, sopla mi dedo acercando demasiado su boca. Tragué en seco y me puse nerviosa, parece que me atrae más de lo que puedo imaginar. Luego del almuerzo, Benjamín me brinda una cerveza y nos sentamos en su balcón. —Sin duda la vista se mejor desde tu balcón. —Creo que es igual. —No, la perspectiva es otra. Sé por qué lo digo. Oye… ¿puedo saber algo? ¿Cuánto tiempo llevas solo? —Un par de años, realmente desde que estoy a cargo de la compañía. Aprendí a lidiar con el trabajo, pero no he aprendido a distribuir mi tiempo de tal manera que me permita tener una pareja. Y no es que esté negado al amor, no estoy en tu modo “anti amor” pero no he canalizado mi tiempo. —No soy anti amor, es que tengo mis prioridades. Si algún día me enamoro, puedo darme la oportunidad de compartir con alguien, algunas veces es necesario; la soledad no es tan agradable. Intenté mejorar mi versión, no quiero verme tan imposible o inalcanzable. —En eso no te equivocas. —Pero… ¿en ese tiempo no te ha gustado nadie? ¿Qué pasa si ahora te gusta alguna persona? —Quizás, quizás hay alguien, pero no estoy seguro. —¿Por qué? —Es como una desconocida, ¿sabes? —Es decir ¿recién la conoces? Mi corazón se aceleró porque en mi mente nublada por emociones de un par de días y de momentos, creí que se refería a mí. —No, la conozco de hace mucho. Me gustaba demasiado, pero las cosas no se dieron, fueron muchas las razones. Luego me fui de la ciudad, hice mi vida y la vi hace poco, pero no sé. Es complejo, como que los sentimientos están, pero no con la misma intensidad. Digamos que el tiempo y la distancia afectan un poco. —Totalmente, todo cambia. Compartimos durante esa semana casi todo el tiempo, empezamos a trotar juntos por las mañanas, desayunar o cenar, compartir un café en el balcón. Tener charlas bizarras o muy profundas, momentos de risa. Son muchas cosas, pero en general me siento bien con él. Tanto que llegó el fin de semana y tuve que limitarme a salir para poder trabajar en lo que tengo pendiente. En este punto, puedo decir que si me gusta Benjamín.
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