5. Una rosa.

2418 Words
5. Una rosa. Evitar a Blake Andrews era complicado. Principalmente porque era un chico popular, que tenía amigos por todos lados y seguro que sabía dónde me encontraba. Había llegado a pensar que quizá en realidad no le importara encontrarse conmigo y por eso ni siquiera me buscaba, pero mi teoría se fue a comer mangos cuando, al salir de la clase para hacer mis necesidades, un cuerpo bloqueó el lugar al que me dirigía con tanta urgencia. Por un momento pensé que podía ser Kaev, pero al alzar la mirada me encontré con el rostro serio de Blake. Tragué saliva con fuerza, pero intenté mantener mi expresión en blanco. ¿Qué había dicho el amigo de Noah, ese Ethan para que nadie pudiera leerte? Bloquea tus pensamientos. Bloquéalos. —¿Qué quieres? —le espeté. —Tengo que hablar contigo —me dijo y su voz no sonaba con la superioridad y el desprecio con la que los Grayson solían hablarnos. Más bien, parecía amable, desesperado y preocupado. No dejé que eso me afectara. ¿No sabía también que los Grayson eran unos muy buenos actores? —Realmente no quiero escucharte, con permiso —traté de abrirme paso, pero extendió sus brazos y piernas terminando de bloquear toda la entrada. —Tienes que escucharme, Criss. —Me alejé un poco y me crucé de brazos. No quería escucharle, pero era la manera más rápida de que me dejara entrar a hacer mis necesidades y cuando uno siente que está por explotar, hace lo que sea. —Rápido porque me estoy haciendo pipi. Esperen. ¿Dije eso en voz alta? Los ojos de Blake se abrieron como platos y sus mejillas tomaron un adorable color rojizo. Casi sonrío porque se veía como un pequeño niño avergonzado, pero me contuve porque era el mismo niño sinvergüenza que me siguió para arruinar a mi familia. —Bue-no, emh, ¿qui... quieres primero hacer tu-ya-sabes o... hablamos contigo... haciéndote...? —¡Sólo déjame entrar y vuelvo en un segundo! Ahora estaba muy dislocado para darse cuenta de lo que estaba haciendo, así que entré al baño rápidamente e hice lo que tenía que hacer. Una vez fuera del cubículo del baño, me encontré que Blake me esperaba contra la pared y la cabeza gacha, como si estuviera pensando en algo. Bien, ahora era cuando me escapaba. Esperando que no escuchara mis pasos algo sigilosos, di la vuelta de puntitas. Pensaba estar lo suficientemente lejos como para salir disparada de ahí, pero claro, estábamos hablando del todopoderoso Blake que claro que notó que quería salir corriendo, porque soltó unas palabras que fueron como una gran bomba: —Nash no es el mismo. En parte, sabía que Nash no era el mismo. Digo, Noah tampoco era la misma, pero era un gran comienzo para que mi curiosidad empezara a picar. La curiosidad siempre lograba que cediera y al parecer Blake ya había notado eso en mí y estaba aprovechándolo. Me detuve en seco, a la espera de que siguiera hablando, y cuando no lo hizo, me giré para verle. Estaba sentado en el piso y por la forma en la que me miraba, no me diría nada más hasta que no me sentara a su lado. Me odié en el momento en que lo hice. Pero tenía que saber la verdad. Y quizá quería confiar que Blake era el mismo Blake que conocí al principio y no el que me siguió para averiguar sobre mi hermana. Quizá se preocupaba por su hermano. Dejé mis prejuicios sobre todos los Grayson fuera y le miré, expectante. —Me hice su hermanastro semanas después de que se fueran. Al principio, pensé que Nash Grayson era todo menos lo suficientemente capacitado como para liderar el Grupo Gray/Son, pero luego entendí por qué. Su familia había amenazado a su novia con arruinarles la vida si no se iban de la ciudad y no tuvieron otra opción. Cerré los ojos con fuerza porque aún escocía ese recuerdo. Fue algo bueno para mí que nos fuéramos, pero no para Noah. Estaba tan devastada y tan deprimida que realmente pensé que nunca iba a volver a ser la misma. Pero mi hermana nunca fue egoísta y entendió que tendría que sacrificar a Nash si no quería que termináramos incriminados, pobres y sin trabajo por el resto de nuestras vidas. Ya entenderás por qué admiro tanto a mi hermana. —Dios, Criss, no entiendes quién era Nash. Se iba temprano, iba a bares, lloraba, gritaba, llegaba borracho, se iba a su cuarto, que era un completo desastre porque lanzaba las cosas y no podía ver la cara de mi padre sin lanzar un puñetazo. Tardé mucho para que me dejara entrar. Tragué saliva. Noah lo pasó mal, pero nunca supimos que fue de Nash. Él era tan amable, divertido y con una sarcástica arrogancia que Noah encontraba irresistible y fue imposible que no me encariñara con él también. —Cuando entré, me di cuenta que era por aquella chica de ojos azules y cabello n***o. —Suspiró y me miró, profundamente—. Su familia iba a arruinar a la suya. Se sentía impotente porque no pudo protegerla, así que lo ayudé a encontrarla en Los Ángeles. Y también recordaba eso. Noah había estado hablando cómodamente con Ethan Cassie en la acera de mi casa, cuando de repente llegó él. Noah lo contó todo y se lanzó a llorar mientras se desahogaba conmigo y con Kayla. Siempre me pregunté cómo es que la encontraron; ahora lo sabía. —Pero su familia lo encontró y lo trajo de vuelta mediante amenazas. Criss, Nash ya no es el mismo. —Una lágrima rodó por la mejilla de Blake y me di cuenta que o los Grayson eran mejores actores de lo que creí o Blake verdaderamente se preocupaba por su hermanastro—. Antes era divertido, amable, cariñoso y sonriente. Ahora es como una sombra andante. Seco, frío, cortante y calculador. Algo dentro de mí se rasgó. Nash ya no era el mismo. ¿Qué clase de persona era ahora? ¿Seguía saliendo por las mañanas a correr con su música country? ¿Era el mismo chico que pasaba horas en nuestra casa, sin importarle que estuviéramos yo, Nate y Ariana molestándole con tal de estar cerca de mi hermana? ¿O se convirtió como un robot frío y calculador como el resto de su familia? Solo de pensar en Nash sonriendo con maldad al lograr algo, aunque perjudicara a los demás, pensar en él como alguien tan sangrón que resultaba repulsivo me ponía la piel de gallina. —Nash... no sabe que los Holt han vuelto. Así que después de todo, Blake no le dijo a su hermano mayor. Todavía. Sentí un poco de alivio, pero parecía que después de lo que me había dicho sobre Nash no creo que hubiera nada que me quitara esta opresión del pecho. —Pero necesita saberlo, Criss. Él va a casarse por amenazas de nuevo. Siguen amenazándole con ella. Si se casa con ella, entonces él definitivamente se convertirá en un monstruo, Criss. Tiene que volver a ver a Noah, tiene que saber que está aquí. No me di cuenta que esperaba que yo decidiera si mi hermana se podía encontrar con el amor de su vida o no. ¿Cómo quería que le diera una respuesta a eso? No me perdonaría hacer algo que Noah no deseaba. Era su decisión, después de todo. Suspiré. —Debes ir a hablar con Noah. —Me levanté del suelo, sacudiéndome un poco—. Me aseguraré de que no te cierre la puerta en tus narices. Él soltó el aire que estaba conteniendo, asintió con la cabeza y se quedó mirando a nada realmente. Me encogí de hombros y seguí mi camino. . . . Claramente no iba a estar en casa mientras Blake hablaba con Noah. Me aseguré de que Noah accediera a escucharle, pero ella estuvo de acuerdo en que yo debía irme. Así que aquí me encontraba yo, en el café con mi cuaderno de matemáticas abierto y unas ecuaciones que parecían más bien jeroglíficos franceses. ¿Qué son los jeroglíficos franceses? Exacto, nadie lo sabe. Bufé por sexta vez mientras daba otro sorbo de mi café, esperando algún tipo de magia de parte de este líquido vital, pero no había nada. Las ecuaciones seguían siendo imposibles de leer. —¿Necesitas ayuda con eso? Estaba por gritarle que sí a mi salvador, que las matemáticas eran un trauma que aún no superaba y que haría cualquier cosa con tal de que me diera las respuestas, antes de alzar la cabeza y encontrarme con un Kaev intentado lucir casual. Pero, ah ah, a mí nadie me engaña. —No. Le entiendo perfectamente. Kaev alzó una ceja, como si no me creyera. ¿Por qué no me creía? Bajé mi mirada al cuaderno y pude entender la razón: rayones y escritos de "no entiendoooo" por todos lados estaban garabateados. —Soy una persona sarcástica. Esto —señalé los "no lo entiendooooo"— es un sarcasmo muy cómico. Ahora, déjame en paz. Kaev frunció los labios y fue ahí cuando me di cuenta del aspecto tan tímido e informal que desprendía. Tenía sus manos en los bolsillos de sus tejanos, usaba una camisa azul celeste bastante simple y tenía el cabello algo despeinado. Ahí, balanceándose, parecía tan vulnerable y adorable como sexy y peligroso. ¿Quién era esta contradicción que se hacía llamar mi némesis y dónde estaba el sexy y arrogante Kaev Jonas? —Claro —asintió con la cabeza, mientras fingía creerme. —Qué bueno que lo entiendes. Con permiso. —Hice una seña con mi lápiz para que se fuera por donde salió, pero Kaev se limitó a mirarme durante unos segundos que parecieron eternos y al finar, dejarse caer en la silla frente a mí. —Me lleva la que me trajo —farfullé cuando vi que no pensaba irse. —¿Qué? —Nada. Debía estarme comportando como una auténtica tonta, pero es que aún no terminaba de entender el por qué Kaev se había sentado frente a mí en el café, cuando había sido clara al decirle que se alejara de mí en el cuarto de conserje. —Crissy, tengo que hablar contigo. Te vi juntándote con Roberts el otro día... —su voz vaciló al ver cómo le lanzaba la mirada más venenosa de la que fui capaz, pero terminó su oración de todas formas—. Yo solo quería saber si te estaba molestando o algo, Roberts puede llegar a ser un... —¿Por qué? —¿Eh? —¿Por qué me llamas Crissy? Se quedó mudo, mirándome fijamente —me estaba acostumbrado a este lado de él, el que me miraba a los ojos como si leyera mis pensamientos— y suspiró. Claramente, se esperaba que le dijera algo totalmente diferente, pero no era tan tonta. Había visto el brillo perverso y de casi odio en sus ojos cuando mencionó a Derek y enzarzarse una pelea sobre mi amigo no era una buena manera de salir de aquí. —¿Por qué te molesta? —Porque lo dices con confianza —le espeté—. Lo dices como si fuéramos amigos, o ¡como una pareja! Y es lo último que quiero ser de ti, Kaev. Su mirada se endureció, sus facciones viéndose tensadas y sus ojos se estrecharon. En aquel momento aún no entendía que endurecía sus facciones como si pudiera protegerse cuando alguien le decía algo que le dolía, que le atravesaba el corazón. —Kaev, no sé a qué estás jugando —seguí hablando, ajena a su dolor. Sólo quería que sufriera por todos los años que me hizo sentir mal y me dijo que me odiaba. Por todo el tiempo que dañó mi autoestima. Porque era su culpa que todavía no pudiera ser libre. Todo era su culpa—. No sé si esto es parte de tu juego de las "advertencias", pero no quiero ser parte de él. Deja de verme como un juguete al que puedes aplastar cada vez que quieras. Sobre todo, deja de decirme con quién puedo o no juntarme, no tienes ningún derecho, después de todo lo que has hecho. No sé qué hice para merecer tu odio, ¡pero aléjate de mí de una vez por todas! ¿Es que no ves que no te quiero a mi lado? Ni siquiera me importó el efecto que mis palabras causaron en él, sino que tomé mi bolso, eché mi cuaderno de matemáticas que aún parecían jeroglíficos franceses y salí echa una furia de la cafetería. Kaev Jonas estaba jugando conmigo otra vez. Para este momento, ya me había dado cuenta de que la tercera advertencia consistía en algo que implicaba hacerme daño desde adentro. Estaba claro que él no se estaba comportando amable y romántico conmigo de la noche a la mañana. No era la historia de "me ha gustado toda mi vida, pero tenía que pensar que la odiaba" porque simplemente no cuadraba. ¿Si le había gustado toda la vida, por qué cuando volví me puso una advertencia? Si le gustas a alguien de verdad, lo último que esa persona quiere es verte sufrir. Kaev quería dejarme de destruir de forma superficial. Él pensaba destrozarme desde el fondo de mi corazón. Y definitivamente no lo dejaría. . . . Llegué tarde a la escuela porque no había dormido bien la noche anterior. Había superado mi hora de llegada leyendo el último libro del que Derek me había hablado y al intentar dormir, las acciones de Kaev se iban repitiendo dentro de mí. Sólo pude dormir un par de horas y estaba segura que si ahora mismo iba a donde filmaban The Walking Dead, sería inmediatamente contratada para ser un extra. La mejor extra de la historia. Sip, no era un mal plan de vida. Abrí mi casillero con velocidad porque no quería llegar tarde a la clase de la señora Koon, aquella vieja que no servía para enseñar, cuando una nota de papel blanco, con una rosa pegada cayó de él. Mi mandíbula tocó el piso. ¿Había una rosa en mi casillero? ¿El mismo casillero que tenía una etiqueta amarilla de "Tercera Advertencia? Esperando una broma o algo parecido, tomé la nota y la rosa. Olía delicioso. Tal vez fuera un enorme cliché, pero me encantaban las rosas. Me gustaba que me regalaran flores, aunque fuera la primera vez que lo hacía. Desdoblé la nota mientras me mordía el labio inferior. ¿Y si era una broma? ¿Parte de la advertencia? ¿Y si me iban a humillar? ¿Y si se reían de mí? Tragándome mis problemas de confianza, obligué a leer lo que venía en la carta. Era la letra de Roses, de Shawn Mendes. Pero te tengo esta rosa. Y lo que necesito saber. ¿Vas a dejarla morir o dejar que crezca?
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