6. Cena con los Jonas.

2857 Words
6. Cena con los Jonas. Mis zapatos rechinaron contra el piso perfectamente pulido de los pasillos mientras intentaba darme prisa. Vamos, vamos, díganme que todavía no está cerrado. Rayos, no debí de quedarme platicando con Sam sobre esa serie, pero en mi defensa, las dos necesitábamos desahogarnos siendo las fangirls que éramos. Derek había intervenido también y cuando por fin entendió de qué iba la plática, se incluyó hasta que los tres nos habíamos enzarzado en una discusión tremenda sobre los puntos buenos y débiles de la serie. Así que ahora iba tarde a entregar esto que la maestra de Literatura específicamente me indicó que entregara al departamento de Periodismo. Me había tocado leer el periódico escolar una que otra vez, me parecía interesante sobre todo por la sección de chismes (no quería admitirlo, pero tenía una chismosa interior, en buen plan), la de logros de la escuela, pero sobre todo la sección de ficción. Era un capítulo semanal, pero la novela en sí era buenísima. Romance prohibido, ¿sabes? Un misterioso loco asesino y un drama familiar que te tenía comiéndote las uñas en todo mundo. El punto es que el departamento de Periodismo estaba por cerrar y si no entregaba el ensayo que la maestra tan vehemente me dijo que les diera a los chicos, estaba segura que de ninguna forma se iba a publicar. Y bueno, era un gran logro que mi Ensayo sobre distinciones sociales se publicara en el periódico escolar. Co trabajar con esos chicos tan geniales que escribían maravillas era todo un honor. Sin aliento, entré al departamento abriendo la puerta con tal vez demasiada fuerza de la necesaria, ganándome miradas de todo el equipo de periodismo. Había de todos los años, desde los de primero, hasta los de último año trabajando juntos para sacar un nuevo papel cada semana. Se me fue el poco aire que había tomado. Eran geniales, todos ellos. —¿Te puedo ayudar? —preguntó una chica de cabellera rubia con una mecha verde en ella. Combinaba con sus ojos. Cargaba unos lentes y tenía una actitud reservada. Ah, de acuerdo, era el efecto Tercera Advertencia. Vi que un chico moreno tomaba una libreta disimuladamente y una pluma, analizándome. Saldría en la Columna de Chismes pronto, eso era seguro. —Sí, emh, solo venía a entregar el ensayo que la maestra Robinson me pidió que les diera. —Se lo tendí a la chica y ella hizo una mueca. —Será mejor que yo no lo agarre. La encargada del diseño y contenido es Sassy y si lo pierdo, me mata. No es precisamente agradable cuando se enoja —se rio y sus compañeros junto con ella—. ¿Puedes dejarla en su oficina? Es esa de ahí —me señaló un diminuto cubículo que yo dudaba se considerara una oficina, pero no discutí. Caminé a paso ligero hacia el cubículo, intentando no sentirme afectada por todas las miradas de los demás sobre mí. Qué incómodo, Dios. Toqué dos veces y cuando nadie respondió, abrí la puerta. Se veía solo y el foco estaba apagado, de forma que me dije que estaría bien dejarlo en el escritorio e irme. A mis padres no les causaría gracia que llegara tarde. Me acerqué al perfectamente ordenado escritorio, dejé el documento y me dispuse a salir cuando escuché a dos personas pelear en el baño contiguo al cubículo. Lo primero que pensé fue: "Oh por Dios, los de periodismo tienen su propio baño". Y cuando la puerta se entreabrió por el aire, me sorprendí al ver a una chica de cabello oscuro como la noche y piel blanca con las facciones descontruidas y llenas de tristeza mientras peleaba con... ¿Era ese Ashton? ¿De los Kambg? De pronto y para mi gran sorpresa, Ashton soltó un gruñido de rabia y estampó sus labios con los de la chica hermosa. Los dos se fundieron en el beso más apasionado que había visto en mi vida y mi corazón saltó por ambos. Ashton no me caía particularmente de maravilla, pero siempre amaba ver parejas que se querían incondicionalmente. Decidí dejar de mirar, porque esto era muy creepy. Salí del cubículo con las miradas de los chicos siguiéndome otra vez, y con una sonrisa tintineando mis labios. Así que Ashton tenía chica... . . . Mi familia era un tema algo complicado. ¿Por qué lo digo? Ya te explico. Aunque creo que es algo que tal vez ya sabes, en mi familia somos siete contándome a mí. Mi hermana mayor, Kayla Holt, que no vive con nosotros, pero seguimos siendo apegada a ella. Creo que era la más valiente de la familia. Cuando le pregunté cómo le hacía para ser tan valiente me contestó: —No soy valiente, Mar. Cuando tomo una decisión, me aseguro de cumplirlo. Sólo me digo que soy valiente, que puedo hacerlo. Ser valiente a veces significa convencerte de que lo eres. Ya te darás cuenta que ella era el miembro de la familia que tenía las frases más inspiradoras para cuando pasabas por un mal momento. Ella tuvo que consolarme cuando ÉL rompió conmigo en Los Ángeles. La que seguía era Noah. De ella creo que no hay que decir mucho para que entiendan lo que sucede. Se enamora de un rico, él de ella, mucho amor y pasión, pero los descubren y los amenazan con separarse porque "ella no era digna de él". Había intentado seguir con su vida después de eso y amigos que consiguió en Los Ángeles le ayudaron, pero ahora que habíamos vuelto a Cosswood, sabía que sería fácil romperse. Noah era la más decidida de la familia y creo que también la más impulsiva. Después iba yo. Gordita de pequeña, cambio monumental en Los Ángeles, confianza fingida y problemas con etiquetas amarillas en mis casilleros. Seguía Nate. Él era el más serio pero analítico. Creo que eso lo sacó del amigo de Noah, Ethan. Él siempre jugaba con Nate, ya que después de todo era su vecino y el único hijo hombre de los Holt. Le enseñó a fijarse en todo para sacar la ventaja. A veces también podía ser un hijo del mango con las chicas; como cuando las rechazaba. Dios, era realmente malo. Finalmente, estaba Ariana. De ocho años era la más sensible y dulce de los Holt. Cuando estabas triste, iba contigo y te abrazaba o te daba unas cariñosas palmaditas en el hombro. Era un amor, aunque siempre estuviera peleándose con Nate. Y mis padres... ¿Qué puedo contarte de ellos? Liliah Holt y Kenneth Holt se casaron a los veintiuno y son toda una pareja de los clichés. Papá un chico malo, mamá una chica buena. Se conocieron en la Universidad y ¡bam! Mucho amor. Ahora es cuando te das cuenta que mi familia puede ser, a veces, todo un desastre. Ya sabrás por qué es difícil que nuestra familia se siente para cenar sin que Noah termine riéndose de todo, yo termine con zumo en mis pantalones, Ariana y Nate en una guerra de comida y mis papás sonriéndose como tontos para después empezar a besarse hasta que todos los vemos con asco y tienen que subir a su habitación. Bueno, dicho esto, ahora imagina que llega tu mamá y suelta frente a toda la familia: —¡Oigan, dulce familia! ¿Qué creen? Como somos sus nuevos vecinos, los Jonas nos invitaron a cenar. Genial, ¿no es así? Vamos a enumerar esto por puntos para entendernos mejor. Primero, no somos una "dulce familia". Somos una "desastrosa casa con gente unida por sangre" pero bueno, podíamos fingir que éramos una "dulce familia", me gusta, de acuerdo. Segundo, no es genial porque no podemos cenar con decencia ni siquiera en nuestro propio comedor. Tercero, ¡los Jonas! ¡De todas las familias que podían invitarnos, noo, los Jonas nos invitaron! Estaba pensando seriamente que había sido un complot de Kaev para avergonzarme. ¿Cómo? No lo sé. Tal vez iba a tomarme video donde sucediera alguna vergüenza y yo qué sé. Arruinar mi vida social. ¡Oh, esperen! ¡Ya lo hizo! De acuerdo, mal chiste. —¿Los Jonas, mamá? —pregunté con una mueca de asco. Mamá se giró con los brazos en jarras y una ceja alzada, como diciéndome "¿Qué? ¿Algún problema?"—. Sí, tengo un serio problema. Kaev Jonas fue el chico que se dedicó a destruir mi infancia, mamá. —Le di una inocente sonrisa y escuché la risa que Nate soltaba por lo bajo. Entorné los ojos hacia él—. ¿Qué es gracioso, enano? —Nada, ¡tú lloras! Puse los ojos en blanco y abrí la boca para decir algo sarcástico, cuando Ariana me interrumpió desde el otro sofá. —¡Oye, el tú-lloras es mío! —¿Quién lo dice? No veo que esté registrado a tu nombre. —Nate se encogió de hombros y eso enfureció tanto a Ariana que se levantó de un salto con el rostro rojo como una Tinkerbell furiosa. La imagen me hizo sonreír. Mamá intervino antes de que Ariana le arrancara los cabellos a Nate. Noah estaba riéndose de la situación mientras cuchicheaba con papá sobre cosas graciosas. Mamá le lanzó otra mirada asesina a papá, quien de inmediato se irguió y puso serio como una roca. Y no, no sé si las rocas son serias. —¿Sí, Lil, cariño? —preguntó papá haciéndole ojitos a mamá. —¡Ayúdame con éstos! —nos señaló como si fuéramos una bola de maleducados. Digo, lo éramos, pero no había necesidad de ser tan crueles, ¿verdad? —Bueno, niños, sí, iremos a cenar con los Jonas. —Papá se levantó de un salto del sofá y entornó los ojos. Tragué saliva con fuerza. Ahora sí estábamos atrapados—. ¿Alguna objeción? No sabía mucho sobre el pasado de papá a exactitud, a excepción de que tuvo una infancia difícil y era todo "un guapo e irresistible chico malo"—según mamá, no yo— en la Universidad. Ya entenderás por qué le tengo miedo a su mirada de "me obedeces o me obedeces". Él podía imponer si quería. —No —contestamos todos refunfuñando, menos Noah, que seguía riéndose como foca con epilepsia desde su sofá. . . . Dos horas más tarde nos encontrábamos en la puerta de los Jonas con nuestra mejor ropa y unas "adorables sonrisas" como pidió mamá que fueran. En mi opinión, sólo eran sonrisas forzadas al estilo "hola-vengo-a-cenar-aunque-probablemente-terminemos-destruyendo-su-cocina-¿podemos-pasar-?". Nate y Ariana estaban al frente, seguíamos Noah y yo y finalmente papá y mamá tomados de la mano. Sí, mamá se aseguró de acomodarnos antes de ordenarle a Nate que tocara el timbre. —Nate, toca el timbre, pues ni que no tuvieras manos, mamá —refunfuñó él mientras aplastaba el pequeño botón. —Nathaniel, ¿qué son esas palabras? —Nathaniel, ¿qué son esas palabras? —arremedó mi hermano. Mamá entornó los ojos. —¿Te atreves a imitar...? Sus palabras quedaron ahogadas por una guapa señora en sus cuarentas que nos abría la puerta con una sonrisa diferente a la nuestra, más como "oh-que-niños-tan-adorables-seguro-no-destruyen-nada". Solíamos darle esa impresión a las personas hasta que abríamos la boca. —¡Una rana! —gritó Ariana con los ojos bien abiertos, saltando arriba de Nate y haciéndole caer. Intenté tomarles de la mano, pero la fuerza de mi hermano me ganó y terminé cayendo. En mi caída, moví mal los pies y Noah terminó cayendo de trasero. Y así de la nada, todos estábamos en el suelo, porque Ariana pensó que la rana de cerámica iba a saltar sobre ella a pedirle un beso o yo qué sé. Mamá tenía las mejillas sonrojadas por la vergüenza, mientras que papá la veía con ternura. —Bueno, lástima, la madrina no dejó que la magia durara hasta la media noche —dijo Nate desde el suelo y el color rojo de las mejillas de mamá se intensificó. Noah y yo explotamos en carcajadas, mientras que Ariana seguía viendo a la rana de cerámica con miedo supremo. —Lo... lo siento mu-mucho —balbuceó mamá y eso hizo que la sonrisa de papá se ensanchara. Mamá me contaba que él disfrutaba de ver cómo ella tartamudeaba mientras estaba roja. Steph Willows nos miró desde la puerta fijamente para terminar estallando en carcajadas. Mamá miró a papá con algo de nerviosismo, pero Steph sólo hizo un gesto despreocupado con la mano. —Me gustan las familias divertidas —confesó ella sonriendo. Lilah le devolvió la sonrisa, esta vez como de... Bueno, mejor dejo de decir cómo eran las sonrisas de todo el mundo—. Pasen. Abrió completamente la puerta para que todos pasáramos. Nos levantamos del suelo. Mis pantalones blancos se habían ensuciado un poco, pero nada que una sacudida no pudiera arreglar. Entramos a la casa y no pude evitar quedarme un poco impresionada. A pesar de que nuestras casas eran del mismo tamaño, la casa de Steph Willows derrochaba elegancia. Era como un palacio en miniatura que te relajaba. Seguimos caminando hasta que llegamos al comedor que consistía en una mesa de cristal redonda lo suficientemente grande como para que doce personas pudieran comer cómodamente, donde nos esperaba un señor de la edad de Steph, atractivo y con una sonrisa que bueno, supongo derretía a las mujeres de su edad. Papá alzó la ceja en su dirección cuando miró a mamá. Sí, seguía siendo el mismo chico celoso de la Universidad, según mamá. —Él es Lucas Gudman —presentó al hombre quien ensanchó su sonrisa—. Es mi novio —comentó con una sonrisita e intenté no mostrar mi sorpresa. Era bien sabido que Steph Willows nunca había salido con nadie porque era difícil superar a Alex Jonas, pero al parecer eso se había terminado. Ahí estaba la guapa señora con un señor de su edad y sonrisa tan derrite-señoras. Y esa sonrisa que justo ahora lanzaba a mamá. Y esa mirada de odio crudo que le lanzaba papá. —Kaev ya baja —dijo Steph sonriendo amablemente y subiendo las escaleras a paso veloz para llamar a su hijo. Quería decirle que nadie extrañaría aquí abajo al desastre de su hijo, pero me contuve. —¿Qué? —preguntó Steph mirándome con algo de curiosidad y diversión. —¿Qué de qué? —Dijiste algo. Ay, mangos santos. —Dije que... extrañaríamos que no estuviera alguien tan divertido como su hijo. —Sonreí de oreja a oreja y Steph se rió, asintió con la cabeza y subió las escaleras. Noah me dio un codazo. —¿Sí sabes que sí entendió lo que dijiste, verdad? —¿Ocupas recordarlo? Tomamos asiento en la mesa redonda. Noah Nate, Ariana y yo nos sentamos en hilera. Papá se sentó al lado de Noah y a mamá no le quedó más remedio que sentarse al lado de Lucas Gudman. Papá estaba a punto de intervenir, levantarse y cambiarle de asiento a mamá, pero ella le lanzó una mirada que dejaba claro que conocía sus intenciones y que no era para tanto. Papá puso los ojos en blanco y se sentó en la mesa con el ceño fruncido. —Oye, Ari —llamó Nate a mi hermana. —¿Qué? —¿Estás ciega? —¡No! ¿Por qué? —¿Qué clase de persona normal confunde una rana de cerámica con una rana normal? Ari enrojeció y estaba a punto de lanzarse —otra vez— a mi hermano cuando apareció Steph y su hijo en las escaleras. Kaev podía ser un chico hijo del mismísimo mango con el bicho, pero era muy atractivo y todos estábamos consciente de eso. Por más que le odiara, no podía evitar deslumbrarme un poco con su sonrisa encantadora y ahí, frente a mí, con unos jeans casuales y una camisa gris de manga larga que marcaba su abdomen, el efecto Kaev Jonas hizo que aumentara la temperatura en toda la habitación. —Él es mi hijo, Kaev Jonas —lo presentó Steph y él sonrió. Fue una amable sonrisa, no como las de superioridad que solía lanzar. Cualquiera pensaría que el gran Kaev estaría molesto por tener que cenar con mi familia, pero la verdad era que parecía hasta contento. —Encantado. —¡OPMM! —chilló Ari. —¿OPMM? —preguntó Lucas con una ceja alzada. —¡Oh, por mis mangos! —contestó ella sin dejar de ver fijamente a Kaev—. ¡Tú eres el que le hiciste la infancia imposible a mi hermana mayor! Kaev abrió los ojos como platos y sus mejillas se tornaron de un furioso color carmesí. Fue una imagen tan surreal que tuve que tallarme los ojos para asegurarme de que no era mi cerebro jugándome algún tipo de broma. Kaev en verdad se había sonrojado por la vergüenza. —Esto... —intentó contestar, pero Nate interrumpió. —¡Soy tu fan! —Ya saben, la familia leal es lo último que muere—. ¡Cuando le lanzaste una cubeta de pintura azul con agua y polvo pica-pica todo en uno! ¡Esa fue buena! —¿Recuerdas cuando le llenó la mochila de diamantina rosa y todo su cuarto se volvió la casa de Barbie por una semana? —se carcajeó Ari de mis desgracias. Dios, lo bueno que se hacían llamar mis hermanos. Y así empezó nuestra hermosa velada en la casa de los Jonas. Con un Lucas que veía a mamá con algo de lujuria, un papá que lo fulminaba, la señora Willows que entornaba los ojos y se preguntaba por qué su novio no dejaba de ver a mi mamá, con Nate y Ari discutiendo sobre mi desastrosa infancia mientras avergonzaban a Kaev. Y Noah riéndose de todo. Familias unidas y divertidas y luego está la mía.
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