7. Es una promesa.

2608 Words
7. Es una promesa. —De acuerdo —carraspeó mi hermano Nate en medio de la cena. Todos estábamos a la mesa, comiendo con un silencio tan incómodo que se sentía como si de pronto todo fuera a explotar y echar chispas—. Tengo una pregunta existencial bastante interesante. —Ay, no —se quejó mi hermana Ari, cubriendo su rostro con las manos—. Otra de sus preguntas, no, por favor. —Ella gimió por el dolor que las preguntas de Nate le causaban y puse los ojos en blanco, pero interiormente esperaba que por favor, por favor, Nate no hiciera otra de sus "preguntas existenciales". —Cuéntanos, cariño —sonrió la señora Willows con esa sonrisita suya que destilaba amabilidad. Menos cuando la lanzaba a mamá, estaba pensando que Steph la odiaba por el cómo Lucas la veía. —No será necesario —me reí yo un poco, alargando la mano para intentar llamar la atención de mi hermano y callarle la boquita esa suya. Las preguntas existenciales de mi hermano eran algo bastante serio y estaba segura de que mamá se infartaría si mi hermano soltaba alguna de sus preguntitas. —Pero, hermana, tengo derecho de expresión —protestó él dándome una sonrisa forzada y entrecerrando los ojos hacia mí. Noah carraspeó, como si quisiera llevar nuestra atención a otra parte. —Nate, no te atreva... —Si tengo un oriente —dijo lentamente alzando su dedo índice hacia todos los presentes, como si quisiera llamar su atención completamente— y le doy vuelta —hizo girar su dedo—, ¿se desorienta? La mesa se hizo de un silencio mientras que Nate tenía una sonrisita como de "sé que los hice reír, pero están conteniéndose" y luego soltó una carcajada tan fuerte que cayeron lágrimas de sus ojos. Todos observábamos a mi hermano de doce años, hasta que Kaev se rio también. Así que los dos empezaron a partirse de la risa en medio de la cena. —Si un abogado —murmuró Kaev entre sus risas— se vuelve loco, ¿pierde el juicio? Como si fuera posible, Nate abrió sus ojos como platos, hizo una mueca que pudo haberme partido de la risa y explotó en otra carcajada, esta vez tuvo que recargarse contra el respaldo de la silla y apretarse el estómago con su brazo porque parecía que se le iban a salir intestinos por ahí. Y no queremos eso. —No, no, espera —Nate intentó tomar aire, pero fue como si se ahogara en más risas—. ¿Cuál es el árbol más valiente? —Kaev hizo un gesto con la cabeza, como preguntando "¿cuál?". Nate contuvo una sonrisa—. ¡La palmera porque duerme con el coco! Kaev lo miró por un largo segundo y de un momento a otro, Nate y él ya estaba retorciéndose en el suelo de la risa mientras los demás presentes nos quedábamos algo estupefactos mirándonos los unos a los otros. —¿Es normalmente así? —preguntó Lucas en voz baja hacia Steph. Ella se puso colorada, pero cuando miró a Kaev, lo hizo con una sonrisa sincera, como si estuviera orgullosa de algo. —Es la primera vez que se ríe tan fuerte en meses —ella dijo, sorprendiéndome. Fruncí los labios y miré a Kaev, quien ahora parecía contento y tenía un agradable brillo en su mirada. Era diferente al semblante normal de Kaev, algo amargado, tristón y modo ah-mi-vida-vale-mangos-pero-aún-así-amo-los-chistes-malos—. Su padre amaba los chistes salados, así que supongo que es algo de familia —Steph se encogió de hombros viendo cómo Kaev y Nate charlaban cómodamente recargados contra la pared de un tema cualquiera. Él seguía con una sonrisa. Una verdadera sonrisa, no como las que lanzaba en la escuela y algo se agitó dentro de mí cuando le vi tan despreocupado y feliz. Era como si se transformara y todo lo que quisiera hacer era verlo así una y otra vez, sonriendo. Tragué saliva con fuerza ante mis propios pensamientos extraños, pero una idea ya se había adueñado de mi cerebro. El resto de la cena, pasó con relativa normalidad. Ya saben, Lucas coqueteó con mamá, mientras papá lo fulminaba con la mirada y pasaba la mano por la cintura de mamá. Steph estaba que echaba humo cuando veía cómo se estaba comportando su novio, pero parecía relajarse cuando veía cómo Kaev parecía divertirse charlando tranquilamente. Cuando ella notó que Noah, Ariana y yo seguíamos mirando el mundo con cara de rayos-espero-irme-ya-de-aquí —o la cara que siempre haces en la escuela, más fácil— se le ocurrió una gran idea: —¡Kaev, ustedes deberían subir a jugar un juego de mesa! Tragué saliva con fuerza y me giré para evaluar la reacción de Kaev. Parecía un poco sorprendido, pero no molesto. Incluso noté cómo una floja sonrisa tiró de sus labios, y aunque en cualquier otro escenario me hubiera quejado e inventado que tenía malaria, en ese momento me encogí de hombros, aceptando la propuesta. Noah, Ariana, Nate, Kaev y yo nos levantamos y subimos las escaleras para llegar a la habitación de huéspedes —que era enorme— mientras Kaev iba por los juegos de mesa. Cuando llegó, traía tantos que me cuestioné seriamente si los F5 venían a la casa para ponerse a jugar Turista Mundial o al Scrable. Incluso tenía Twister e hice una mueca al pensar en el trasero de un chico frente a mí jugando a esa cosa. Se llama prevenir, amigos míos. Primero, sacó el Adivina Quién pero Ariana realmente se sabía a todos los personajes, así que quedó descargado. El Scrable le daba flojera a Nate, el Uno le aburría a Noah, no era buena dibujando la Pictonary Man, en el Teléfono Descompuesto Kaev dijo que de la común frase de "Vamos a comprar algo saladito" salió un "A matar abuelitos" mientras jugaba con su propia abuela, así que preferimos descartarlo también. Al final, quedaba el Twister y creo que fue un acuerdo unánime no jugarlo porque podríamos terminar con la retaguardia de alguien frente a ti. Y no queremos eso. ¿O sí? No, definitivamente no lo queremos. Así que al final empezamos a jugar a algo que era como hacer Mímica de distintas cosas. Principalmente de empleos. Nate fue el primero en inciar. Se levantó con la cabeza en alto, tomó una tarjeta, frunció el ceño, sacó su teléfono y buscó algo en él. Abrió sus ojos como platos cuando vio lo que fuera en el teléfono y nos miró con sincero horror. —¿Qué pasa? —¿No puedo cambiar de carta? —preguntó mi hermano a Kaev algo paniqueado, pero él negó. Nate fingió que un escalofrío le recorría, buscó algo en la habitación y cuando encontró un suéter, hizo algo como un bebé con él —esas cosas que te enseñan en la primaria con el suéter con gorrito y ya te creías una súper mamá— y mientras me preguntaba por qué Nate sabía hacer un bebé con un suéter, él inició su mímica. Colocó al suéter-bebé en la cama, y empezó moverlo de arriba a abajo mientras hacía muecas de horror y fingía que moría. Nos quedamos algo confundidos. —¿Qué rayos eres? ¿Ese doctor que les da las nalgadas a los bebés? —Ari entrecerró los ojos en dirección a mi hermano. Nate la fulminó con la mirada y volvió a hacer lo mismo que antes. —¡Ya sé! —gritó Noah—. ¡Eres un niñero! —Noah —dije yo, frunciendo el ceño—, si quisiera fingir que es un niñero, el suéter-bebé ya estaría muerto. —Criss, ¿cómo muere un suéter-bebé? Parpadeé en dirección a mi dulce hermana menor, preguntándome cómo explicar algo tan complicado. Afortunadamente, Kaev chasqueó la lengua, pasó un brazo sobre sus hombros y la miró como si fuera a contarle cómo es que dos padres concebían a un bebé. —Verás, querida Ari —la voz de Kaev parecía tan agradable que hasta noté cómo Noah se derretía, mientras que Ari lo miró con sus ojos bien abiertos—. A lo largo de la vida, hay fatídicas situaciones que nos marcan a todos, pero un suéter-bebé muere cuando —se detuvo un momento, conteniendo el aliento— sin querer, el suéter vuelve a ser un suéter. Noah y yo estábamos abrazadas bastante desconsolados cuando Kaev terminó la explicación. Él también parecía conmovido, apretando los labios para que sus ojos no picaran. Ari nos miró como si nos hubiera salido una tercera cabeza. —Son todos unos dramáticos. Noah abrió sus ojos como platos. —¡Los suéters-bebé lo son todo! ¿Nunca sentiste que ese suéter era como parte de ti y tenías que cuidarlo para el resto de tu vida? —¿Cómo cuando tuve que cuidar a mi Limón? —preguntó Nate, bastante serio. —Exacto. Nate tuvo como trabajo decorar a un huevo como si fuera su propio hijo. Compramos estambre para el cabello, unos lindos ojitos que pegamos con no-sé-qué y una cajita que acomodamos con algodón. Su misión era cuidar a ese huevo con su vida, llevarlo a todos lados y defenderlo de cualquier situación desafortunada. Pero a Nate se le rompió tantas veces, que el último día del experimento llegó con un limón con ojitos, cabello que sacó de la ducha porque dijo que tenía que tener el ADN familiar y una casita hecha con cartones de leche porque inventó que quería reciclar. Pero la verdad era que todo lo encontró en la basura del vecino y si no llevaba al menos ese limón, la maestra lo reprobaría. Así que aún recordamos con respeto al Limón de Nate. —Cuidar de un limón es una tarea difícil. —Ya lo creo, hermano. —Kaev asintió con la cabeza, mientras que Noah y yo continuábamos abrazadas. Ari nos miró a todos por última vez, antes de bufar sonoramente y desplomarse contra el suelo. —Entonces, Nate, ¿qué eras en realidad? Las mejillas de mi hermano se tornaron carmesí y se rascó la nuca mientras respondía: —Un partero. Fue mi turno de burlarme. . . . Haber pasado algo de tiempo con mis hermanos en el mismo espacio que Kaev sin matarnos ni romper nada se podía considerar un logro. Y como Kaev no se había metido conmigo, y Nate parecía cómodo a su alrededor, había intentado cooperar. Nate se había sentido un poco solo desde que volvió a Cosswood y no le quitaría a la única persona con la que estaba congeniando, por más que fuera mi némesis escolar. Me disculpé para ir al baño mientras ellos seguían jugando caras y gestos. En realidad, mi plan era salir por algo de aire fresco y simplemente quedarme unos segundos de esa manera. Resultaba relajante algunas veces. Me apoyé en el árbol que tenían en el jardín los Jonas mientras me quedaba viendo nada en particular. —Hola —escuché una voz detrás de mí. Me giré para encontrarme con Kaev con las manos en los bolsillos, tambaleándose sobre sus talones. —Hola —contesté, sin mucha convicción y volviendo la vista al frente. —Tus hermanos son divertidos —comentó él. Era cómico como casi parecía estar desesperado por encontrar un tema de conversación. Casi podía verse hasta lindo. —Le agradas a Nate —le dije, girando para mirarle a los ojos. Lo que iba a decirle no era un juego y más le valía que le quedara claro—. Así que te atreves a hacerle algo como lo que me hiciste a mí y eres hombre muerto, Jonas. Kaev suspiró. Bajó la mirada y se acercó a mí con cierta timidez. —Crissy, lo siento. Me quedé petrificada al lado del árbol mientras parpadeaba, sin poder asimilar sus palabras. ¿Me estaba pidiendo disculpas? ¿Por todo lo que me hizo? ¿Así simplemente? ¿Por qué no estaba peleando conmigo? ¿Quién era exactamente este Kaev? Quería decir algo sarcástico para defenderme antes de que soltara una carcajada de burla, pero no podía abrir la boca para pronunciar palabra. Resultaba frustrante. —Siento lo que te hice pasar, de verdad —suspiró otra vez y se sentó en el césped. Me le quedé mirando unos segundos, antes de rendirme y sentarme a su lado—. Era un niño y no sabía que eso te hacía daño. —¿Y por qué lo hacías, Kaev? ¿Por qué siempre intentabas meterte conmigo? Noté cómo sus labios intentaron contener una dulce sonrisa. Él no me miró mientras respondió. —No lo sé —se encogió de hombros, como si esa fuera toda la respuesta, pero un mango me estaba creyendo su mentira. —No tiene sentido lo que dices, Jonas —le espeté. Le tenía miedo a este chico y eso no iba simplemente a esfumarse. Él era capaz de entrar en mi vida para arruinarme desde adentro y no iba a permitir que eso sucediera—. Si tanto lo sientes, ¿por qué pusiste una advertencia amarilla en mi casillero? Explícate. Algo no cuadra. —Comencé a elevar mi voz, pero Kaev no parecía alterado, sino como decidido a tranquilizarme—. Te atreves a usar mis sentimientos en mi contra y eres... —No hay nada como eso —dijo de inmediato, interrumpiéndome. Por fin, volteó sus onjos hacia mí y el color chocolate de éstos estaba oscurecido junto con algo parecido a la preocupación—. Ahí está el problema, Crissy. Yo no puse esa etiqueta. Por segunda vez en el día, me quedé helada. Lo hice hasta que solté una carcajada, porque me di cuenta que le estaba creyendo vanas palabras a Kaev Jonas. En verdad que estaba bajando la guardia. —Ajá y mi primo es Harry Styles —puse los ojos en blanco. Era increíble la paciencia de éste chico. Todavía no parecía exasperado por mi actitud, sino que sus ojos eran serenos y tranquilos—. Kaev, incluso tus amigos hablaban sobre eso. Está claro que ustedes pusieron esa etiqueta. Por primera vez, los ojos de Kaev dejaron de verse serenos y se levantó de golpe, caminando de lado a lado. Su serenidad se había esfumado y había sido sustituida por otra cosa. Tragué saliva con fuerza y me levanté, apoyándome contra el árbol. —Ellos creen que yo la puse, porque normalmente yo las pongo —me explicó y su voz sonaba tan sincera que empezaba a creerle—. Pero esta vez no he sido yo. Ellos aún no lo saben, pero no es la primera vez que sucede. —Dejó de caminar de lado a lado y se giró hacia mí, sus ojos ardiendo con preocupación y enojo, pero no estaba dirigido hacia mí. De hecho, cuando sus ojos atraparon los míos, algo en los suyos se alivió—. Estoy preocupado de que alguien quiera hacerte algo, Crissy. Tragué saliva, arañando la cortez del árbol. Algo estaba creciendo sobre la base de mi estómago cuando sus ojos marrones se volvieron firmes y decididos y por un momento me dejé pensar que podía creerle y que podía ver lo guapo que era sin que me trajera tan malos recuerdos. Eso fue por un solo momento. Cuando la realidad me golpeó, mi sarcasmo salió como gotas de seda: —Oh, ¿y no eres tú igual de peligroso? Sus facciones se endurecieron y algo en sus ojos se rompió. Me quedé ahí, todavía arañando la corteza del árbol, intentando descifrar si lo que había dicho le hizo daño o alguna otra razón por la que estaba reaccionando así, como si le acabara de dar una patada en la entrepierna. Auch. Cuando menos lo esperaba, Kaev había dado varias zancadas a mí y había apoyado sus brazos a cada lado de mi cabeza, acorralándome una vez más, esta vez contra un árbol. Genial. Aunque mis piernas eran gelatina, no me dejé intimidar y alcé el mentón, encontrándome con sus ojos llenos de un fuego que quemaba, pero de una forma tan agradable que podía quedarme así toda la noche sin que nada me preocupara. —No, Crissy —susurró en una voz tan baja que me estremecí—. Definitivamente yo no voy a volver a hacerte daño. Es una promesa.
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