8. El desastre.Mi respiración se quedó atorada en mi garganta y tuve que repetirle a mi corazón que dejara de latir tan rápido. Pero es que todo lo que mi cerebro veía y pensaba era Kaev, Kaev, Kaev, una y otra vez. No podía apartar la vista de sus ojos que parecían dos llamas encendidas y de su determinación.
Pero eso no estaba bien. ¡Claro que no estaba bien! La situación era tan cómica y absurda que casi me entraron las ganas de reír. ¿Por qué Kaev se comportaba así? ¿Creía que así de la nada iba a confiar en él? Mis mangos. Una sonrisa siniestra surcó mis labios antes de que siquiera lo viera venir.
—Guau, Kaev, ¿no me contarás otro chiste?
De nuevo, mis palabras le dolieron. Sabía que le dolían porque por sus ojos se podía pensar que dos cuchillos habían sido clavados en su corazón, pero no podía determinar por qué mis palabras le dolían. Si tanto me odiaba como profesaba en el pasado y cuando llegamos puso esa advertencia —porque no, no terminaba de creerme que "él no la puso"— ¿por qué mis palabras si quiera tendrían efecto alguno en él? ¿Y por qué me importaba? Todo lo que él me dijo antes me hizo el daño que le hacía ahora, pero multiplicado por diez.
—¿En serio, Kaev? ¿De verdad crees que puedes venir conmigo, arrepentido y decir que tú no pusiste esa etiqueta amarilla cuando está más claro que el agua que eso hiciste? —espeté. La furia se abría paso dentro de mí y un Kaev pequeño, de niño y con una sonrisa malvada me veía sobre su hombro mientras me decía: "¿De verdad crees que me enamoría de una chica fea?" una y otra vez.
Me di cuenta que ambos nos estábamos haciendo daño. Él me lo hizo en el pasado, yo lo hago ahora y me pregunté por qué dolía tanto como en el pasado, así como en el ahora.
Los papeles se invirtieron. Ahora yo era el martirio de Kaev Jonas. Y pensaba aprovechar esa ventaja.
—Las cosas no sólo se dicen, Kaev —le dije y logré separarme del agarre prisionero que tenía sobre el árbol—. Tú sólo vienes con tus palabras vacías, sin hacer nada, pensando que con eso tendrás lo que sea de mí. ¿No crees que soy más inteligente como para darme cuenta que esto es tu "tercera advertencia"?
Le empujé. Realmente le empujé y se sintió tan asquerosamente bien poder devolverle lo que sus palabras me hicieron cuando era niña. Una ilusa niña que estaba enamorada de Kaev Jonas. ¿Cómo nunca vi al monstruo que había detrás?
Kaev no me empujó de vuelta, ni siquiera se molestó porque yo siguiera haciéndolo. Más bien, se quedó ahí, estupefacto, viendo como intentaba hacerle daño alguno sin mucho efecto. Sus ojos no dejaban los míos, pero esta vez sus emociones no eran leíbles.
—Esto no es parte de la tercera advertencia, Crissy —me dijo él. Su voz sonaba tan suave y agradable que parecía una canción de cuna. Una parte de mí que necesitaba ver al psicólogo con urgencia pensó en lo bien que se sentiría quedarme escuchando su voz. Luché contra esa parte a la que le faltaba un tornillo.
—No me llames Crissy, Kaev. —Apreté la mandíbula, mientras sacaba los pensamientos de su sexy voz de mi cabeza—. Nunca has probado nada. Nunca pruebas nada. No tengo por qué confiar en ti.
Me miró durante unos largos segundos, escrutándome. Parecía tan perturbado, tan adolorido y tan triste que por un momento sentí que algo en mi corazón tomaba compasión de él, pero lo solucioné a tiempo.
—Me voy. Diles a mis padres que volví temprano. —Giré sobre mis talones y caminé unos pasos más hasta encerrarme en la comodidad de mi casa.
. . .
La mañana siguiente fue algo caótica. Como había vuelto temprano, me había perdido de un par de cosas, como el hecho de que cuando Lucas Gudman rozó el muslo de mi madre a propósito, mi padre no pudo aguantarse más y le dio un buen puñetazo que si me preguntas se tenía bien merecido.
Y fue cuando la cosa se salió de control. Papá estaba furioso, pero mamá sabía cómo hacer frente a los ataques de ira de él, así que pasó sus brazos alrededor de él y logró calmarlo. Steph se indignó con todos; con mamá, porque según ella, le estaba coqueteando a Lucas, con papá porque golpeó a su novio y con Lucas porque le rozó el muslo a mamá. De Kaev no me dijeron nada, por lo que pensé que él simplemente no volvió a entrar a la casa. Mi familia volvió temprano y no pude evitar pensar en que Steph ahora sabía qué significaba nuestra sonrisa "adorable" que le dimos antes de entrar a la casa.
Temprano, mamá y papá charlaban en el comedor. Mamá entendía a papá —o intentaba hacerlo, no tuvo un pasado sencillo— pero le molestaba que después de tanto tiempo, papá todavía diera rienda suelta a la ira, sobre todo con la familia delante. Él no paraba de pedirle perdón una y otra vez.
Eran todo un caso.
Así que preferí terminar de arreglarme en mi habitación y decirles que yo iría a la escuela por su cuenta. Necesitaban arreglarse y podía desayunar en la escuela. Así que salí de la casa veinticinco minutos antes para poder pasar por algún burrito. Umh, burrito.
. . .
Me encontraba frente a la puerta, jadeando mientras el señor de la entrada me veía raro.
Les contaré. En lugar de ir a comprar mi burrito, me topé con una señora que parecía necesitar ayuda con las bolsas de mandado, así que pensando que tenía tiempo y sintiéndome bien por la buena obra del día, la ayudé. Pero era una señora china y no quería ayuda, así que cuando empezó a pedirme que me fuera yo no podía entender nada. Crucé sus bolsas. Se enojó. Llegó una camioneta negra de donde salió un hombre algo atemorizante que tenía el ceño fruncido en mi dirección, así que dejé las bolsas y salí corriendo como si no hubiera mañana.
Luego dicen que es culpa de la juventud que la amabilidad no progresa. ¡Díganle eso a las viejitas chinas con camionetas enormes negras y hombres intimidantes!
Y finalmente no pude comprar mi burrito.
Al menos llegué a la escuela faltando siete minutos.
Pero con hambre.
Suspiré y me adentré por los pasillos. Esta escuela todavía era un misterio para mí, así que sin prestarle mucha atención a las extrañas miradas que empezaba a recibir, caminé hasta mi casillero para sacar los libros que tendría en la primera clase.
Y bueno, como mi vida era todo un caso de telenovela nacional, algo tenía que haber en mi casillero. Porque digo, me había encontrado de todo, una etiqueta amarilla, una rosa y la letra de Shawn Mendes y ahora cómo no: un burrito pegado con cinta en mi casillero y una nota azul que decía: "Espero que eso te sirva. -Kaev".
Sí. Genial. Fantabuloso. Maravilloso. Encantador.
Kaev me había regalado un burrito y lo había pegado en mi casillero a la vista de todos. Suspiré, despegué mi burrito, le di un mordisco y entonces abrí mi casillero.
La comida no se puede desperdiciar de todas formas. Qué culpa tenía el burrito de que Kaev fuera un hijo del mango.
. . .
La historia de mi catastrófico día continuó. Era la hora de receso cuando Sam me encontró. Parecía contenta de verme, porque empezó a contarme de que había conocido a un chico bastante adorable y apachurrable que pintaba cuadros en una galería de arte. Claro, no había hablado con él, pero había estado viendo para verlo pintar de lejos.
Sam decía que era un chico verdaderamente lindo. A como lo describía, podía ser todo un Logan Lerman o algo parecido, pero se veía tan contenta que tuve que alegrarme por ella. Esperaba que Sam le hablara y nuestro Logan Lerman personal le hiciera caso. Ella se merecía a alguien que valiera la pena.
Las dos nos encaminamos a donde la mesa de la cafetería. Todos hablaban sin parar, los chismes de mi burrito de aquí para allá, una guerra de comida al fondo entre el departamento de poesía romántica y poesía filosófica. ¿Existía eso? Ni idea. Pero la chica del departamento de poesía filosófica parecía odiar al chico de poesía romántica porque le decía que "¡el amor era una basura!". Así es como se reconoce a una chica con un corazón roto en el pasado.
Nos sentamos en la mesa de siempre ya con nuestras bandejas de comida.
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Sam mientras tomaba una cucharada del extraño pudín que habían servido. Me pasé un mechón por detrás de la oreja, un poco asqueada.
—Con mi familia, ningún día puede estar "bien" —contesté y Sam soltó una carcajada.
—Me gustaría conocerlos.
—¿Por qué deseas conocer el infierno? —volvió a reírse y esta vez le di una sonrisa antes de girarme a mi comida. Había alcanzado lo que se suponía que era un hot dog, pero todavía no le encontraba forma.
—¿Prefieres esta hamburguesa? —preguntó una voz detrás de mí. Me giré, algo sorprendida, para encontrarme a un Blake que sonreía casualmente. Le devolví la sonrisa que me mostraba a la perfección.
—¿Por qué me darías tu hamburguesa?
—Normalmente salimos a comprar comida afuera. —Mientras hablaba, puso una hamburguesa delante de mí y otra delante de Sam, quien también se veía sorprendida. Yo no pasé por alto el "salimos" como si fuera un equipo el que salió a comprarnos hamburguesas.
—¿Salimos?
Y no me equivoqué. Como si de un baile coreográfico se tratara, aparecieron nada más y nada menos que Ashton, Gray, Matt y Kaev delante de mí. Junto con Blake, tomaron asiento en nuestra mesa, justo ahí en medio de todas las miradas de la cafetería, con unas sonrisas muy casuales en sus rostros. Incluso el tal Matt ni siquiera parecía molesto porque respiraramos el mismo aire, ¡increíble!
—¿Qué están haciendo? —pregunté, mi pregunta yendo claramente hacia mi némesis. Él se encogió de hombros y le dio un enorme mordisco a su hamburguesa. No aparté mi mirada de él. Seguía demasiado sorprendida.
No era la única. Como no podía ser de otra manera, toda la cafetería se quedó en silencio de nuevo. Bueno, estaba segura que, si había una escritora de novelas dramáticas en esta escuela, mi vida no tardaría en ser contada en el periódico escolar.
—Comemos contigo —contestó Kaev y todos, como si estuvieran de acuerdo, le dieron otro mordiscón a su comida. Bufé, exasperada y miré por arriba de mi hombro, esperando encontrar alguna otra mesa vacía.
Pero no había una. A menos que quisiera comer en el suelo en la fila que se formaba en la puerta de la cafetería, tendría que quedarme aquí, esperando que alguno de estos se dignara a dejarme en paz.
Bien. Dos podían jugar este juego. Era hora de mostrarle a Kaev el Truco de la Vida #2 de Ethan Cassie: aprende a negociar y confundir.
—Pero, Kaev —le dije yo. Él pareció un poco desconcertado y cómo no, si le acaba de hablar como si fuéramos cercanos—. Esta mesa suele ser todo un desastre. —No estaba segura si se podía amar más a Sam, cuando entendiendo lo que quería hacer y al ver la oportunidad en un chico que caminaba con su teléfono y su bandeja de comida, le metió el pie y toda su bandeja terminó sobre ¡Kaev! Hice una mueca de desagrado fingida mientras el líder de los F5 fulminaba al chico con la mirada. Éste se veía hasta pálido como la nieve al ver que le acababa de lanzar comida a Kaev Jonas—. Disculpa a mi amigo. Esta mesa es un desastre —suspiré dramáticamente y le hice una seña al pobre chico para que huyera mientras pudiera.
Kaev entornó los ojos en mi dirección.
—Me quedaré aquí de todas formas, Crissy —dijo. Apreté los labios y entrecerré los ojos, inclinándome hacia él sobre la mesa.
—No me llames Crissy —espeté. Kaev sonrió de lado.
—No intentes echarme de la mesa.
—¿A qué estás jugando, Kaev? —pregunté entre dientes sin soltarle la mirada. Realmente no es como si pudiera. Ambos habíamos creado una conexión de miradas que no podía romper ni, aunque quisiera.
—Me estoy jugando tu perdón, Crissy —me guiñó un ojo y ensanchó su sonrisa. Puse los ojos en blanco y volví a la posición inicial, esperando que así mi piel dejara de hormiguear pidiendo más cercanía de Kaev.
—Espéralo sentado, tardará para siempre.
—Puedo esperar para siempre.
—Seguro —dije poniendo los ojos en blanco y centrándome en la apetecible hamburguesa. Quería comer, un borrito de desayuno no había sido suficiente, así que me obligué a desconectar mi cerebro de que Kaev estaba frente a mí y empecé a comer la comida de la gloria.
—¿Soy el único que acaba de sentir un momento digno de una explosión química? —preguntó Blake señalándonos a nosotros dos. Ashton se inclinó hacia él y le susurró en respuesta:
—Sí, hombre, por un momento pensé que la escuela iba a explotar.
Blake asintió con la cabeza, muy de acuerdo con Ashton quien parecía bastante serio por la mirada que nos lanzaba.
—Calmen las hormonas, chicos —susurró Gray bajito—. Creo que los está... —Sam a mi lado no notó cuando alzó la mano para tomar una servilleta y sin querer derramó su café caliente sobre la palma de la mano de Gray. El pobre chico de gris soltó un chillido— ¡estamos avergonzando! —terminó su línea saltando de su asiento mientras chillaba por el dolor que le había causado el café sobre su mano. Sam se sonrojó por la vergüenza y se levantó para ayudar, pero en la conmoción, Gray no notó que le lanzó la hamburguesa a la cabeza a mi amiga.
Matt suspiró enterró el rostro entre las manos.
—Hombre, ellos te advirtieron que esta era la mesa del desastre.
Kaev asintió con la cabeza mientras veía la escena de Gray y Sam intentando ayudarse mutuamente y sin resultado alguno.
—Lástima que me encante el desastre, Matt.