18. Estafas y dopamina. De acuerdo, estábamos en un aprieto, lo sabía, pero misteriosamente no me sentía nerviosa. Saldríamos de ésta, como siempre solíamos hacerlo, ¿verdad? De nuevo, Hunter los distrae corriendo a toda velocidad entre ellos. El chico era un buen corredor, no lo iba a negar, pero definitivamente no iría a la cárcel. Necesitaba idear algo que nos sacara del aprieto. Afortunadamente y como timbres del cielo, se me ocurrió. —Esperen —digo yo y de forma misteriosa todos se detienen y me escuchan. Saco mi teléfono con una sonrisa ladeada—. En este teléfono, tengo la foto de su compañero —señalo al hombre que estaba queriendo besar a Sharpay y que caminaba cojeando. ¿Por qué? No lo sé— que trató de besar a mi amiga —la palabra amiga salió suavemente y sin problemas—, por lo

