9. ¿Quién dice que no podemos casarnos? No creí que fuera posible que hubiera disfrutado con Hunter —estamos hablando del desgraciado y arrogante Hunter— y él parecía haberlo pasado también conmigo muy bien, cosa que fue extraño, porque no a todos los amigos los juntan una menstruación que no debería, junto con el no tener toallitas. La escuela se había quedado prácticamente vacía porque todos se habían ido ya. Nosotros teníamos no sé cuánto tiempo más en la escuela. —Entonces, bandera de Japón —carraspea y se gira para mirarme con una sonrisa. Le correspondo el gesto, pero la mía es más burlona. —¿Me estarás llamando bandera de Japón de ahora en adelante? —pregunto, cruzándome de brazos. Bueno, al menos no seremos una pareja de amigos cursis. —Sí —su sonrisa se expande y me revuelve

