Story By Belgica Novas
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Belgica Novas

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The Obsidian Table
Updated at Nov 5, 2026, 19:15
Gregor Vance has everything: twenty-eight years old, an armored penthouse in New York, a surname that opens every door… and a fever no thermometer can register. One morning, his fingers pass through the leather of a limousine. Then his skin cracks into plates of obsidian. What his family has hidden for centuries has woken in his blood. A Consortium that collects debts three hundred years old, a Tribunal that files monsters away, and a woman who refuses to look the other way push him toward a throne that promises he will never feel fear again… and demands everything else in return. His sister returns from the dead. His father has too many faces. A beetle with impeccable manners holds the key. And on the far side of a desert of paper waits a question so small it could bring down an empire. Dark, dizzying and unexpectedly tender, The Obsidian Table is a supernatural novel haunted by Kafka, about hunger, family, and the one thing no throne can give: a place at the table.
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bc
El Trono de Obsidiana
Updated at Nov 5, 2026, 17:26
"Un toque que esclaviza. Un beso que mata. Un Dios atrapado entre el poder absoluto y la única mujer que ama." Gregor despertó con un poder que la humanidad no había visto en eones. Ya no es el hombre corriente que todos pisoteaban; ahora es un Dios, una criatura imponente y de una belleza letal. De su piel emana un veneno invisible que anula la voluntad y enciende un deseo carnal e incontrolable en cualquier mujer que respire su aire. Ellas no solo lo quieren; lo necesitan, están dispuestas a someterse y morir con tal de sentir la más mínima caricia de sus manos de obsidiana. Gregor es poder, es dominación, es un imán de lujuria y muerte. Pero vive en un infierno personal. Su poder tiene una regla inquebrantable: sus labios concentran la esencia pura de la muerte. Un solo beso consumirá a su víctima en un éxtasis que le costará la vida al instante. Él puede poseer a cualquier mujer, pero anhela desesperadamente a la única que no puede reclamar por completo. Elena. La ama con una intensidad que compite con su divinidad, pero vive aterrado de que su control flaquee por un segundo. Él está agónico, sediento del simple placer de sentir los labios suaves y húmedos de Elena sin convertirla en cenizas. ¿Podrá un Dios someter sus propios instintos antes de que su beso mortal destruya la única razón de su existencia?
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