CANTO XXIV «¡Oh consorcio selecto en la gran cena del cordero pascual, cuya comida siempre y por siempre el apetito os llena!, »si de Dios por la gracia que convida, este mortal merece su alimento, antes del tiempo fijo de la vida, »¡satisfaced su inmenso sentimiento, y rociadle; vosotros que en la fuente bebéis, en donde está su pensamiento!» Beatriz dijo; y las almas, ledamente, globos que en polos fijos van rotando, cual cometas, difunden luz ingente. Como las ruedas de un reloj, girando, que en la primera que se pone mente, quieta parece, y otras van volando, los ígneos globos, así en diferente modo, danzando, muestran la riqueza de su luz, más o menos lentamente. De aquel en que noté mayor belleza vide salir un fuego venturoso, que ninguna quedó de más clareza;

