​CANTO XXV

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​CANTO XXV Si aconteciera que el poema santo, en el que han puesto mano cielo y tierra y ha largos años me enflaquece tanto, venciese la crueldad que me destierra del bello aprisco, en que dormí cordero enemigo del lobo que hace guerra, con otro pelo y canto más entero, retornaré poeta, y en la fuente de mi bautismo, mi laurel espero. ¡Su agua la fe me dió del inocente, y entrando en Dios, por ella mereciera Pedro girase en torno de mi frente! Entonces vi venir una lumbrera, del grupo, que dio paso a la primicia, que Cristo por vicario instituyera. Y mi Beatriz, colmada de leticia: «Mira, mira al varón», dijo, «que asoma, por quien allá visitan a Galicia.» Como cuando se posa la paloma con su pareja y en su amor se expande, y circulando dulce arrullo toma; tal el uno

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