Bevery sintió un fuerte dolor invadiendo todo su cuerpo, pequeños espasmos la despertaron y se vio rodeada de oscuridad. Estaba atada a una silla, con sus manos y piernas inmóviles. Todo le dolía y su cabeza no dejaba de dar mil vueltas. Giro un poco su rostro, para ver que Dietrich estaba en la misma situación que ella. Todo su traje estaba arruinado y tenía marcas de golpes. ¿Entonces todo eso no era una pesadilla? ¿Realmente habían sido secuestrados por los propios pueblerinos? Busco por todos lados en ese pequeño granero donde se encontraba el conductor del carruaje. Pero nada. Solo eran los dos príncipes, rodeados de toda esa gente que los miraba con odio en su mirada. Bevery nunca se había sentido tan odiada, tan juzgada con aquellas miradas. En sus años en el castill

