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Déjame ir

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love-triangle
heroína genial
mafia
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intro-logo
Descripción

Grigori Zhukov es el hijo de el ex jefe de la mafia rusa. A sus cortos veintiséis años, se ve obligado a casarse con la hija del líder de la mafia griega para salvar a su madre.

Gaia Hatzis, la flamante esposa. Gaia tiene tan solo veintitrés años, y una vida que aborrece; hecho por el cual hace de su matrimonio su propio infierno.

Un matrimonio sin amor, con dos personas que no se soportan más allá de sus deseos carnales, no es fácil de sobrellevar.

¿Que tan difícil sera cuando el gran amor de la adolescencia de Grigori regrese?

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Como perros y gatos
Grigori Loca. No hay palabra que describa mejor a la mujer que duerme desnuda a mi lado. El día de ayer se cumplió un año de que me esposaron a la loca de Gaia, por lo tanto, como un buen intento de esposo la tuve que llevar a celebrar nuestro aniversario, y aunque no era la idea, a ambos se nos pasaron las copas. Desperté cuando los rayos del sol comenzaron a colarse por la ventana, al principio me alarme al no reconocer la habitación en la que me encontraba, pero al ver a Gaia a mi lado, caí en cuanta que nos hallábamos en la suya. Suspire pesadamente antes de intentar moverla. No mentiré, no lo hice de forma delicada y agradable solo la quite de encima de mi cuerpo y luego me puse de pie. -Imbécil- murmuro antes de voltearse y seguir durmiendo. -Bruja- respondí antes de tomar mi ropa y salir de su habitación. Ambos vivíamos en la misma casa, pero no compartíamos habitación, frente al mundo de la mafia éramos un matrimonio, pero la verdad era que no nos soportábamos. Entre nosotros no había nada más allá de lo s****l, y ambos estábamos bien con eso. Pero el problema siempre venia el día después. Al llegar a mi habitación, me dirigí directamente al baño para ducharme, ya era pasado el mediodía y hoy debíamos viajar a Rusia para arreglar algunos negocios. Lamentablemente tenía que llevar a la loca conmigo; ese era un requisito de mi hermano. -¿Por qué no me dijiste que viajaríamos a Rusia? Desde hace un año he comenzado a preguntarme si es posible invocar a las personas con el pensamiento, y cada vez me convenzo más de que la respuesta es sí. -¿No sabes golpear?- pregunte sin dejar de ducharme. -No te preocupes, ya he visto tus miserias- dijo con burla. -Pues mi miseria te ha dejado caminando como venado recién nacido más de una vez. -Idiota. -¿Qué demonios quieres? -No quiero ir a Rusia. -Qué bueno que no te lo pregunte- sonreí en su dirección. -No iré- sentencio antes de salir de mi baño. Salí de la ducha y me encamine a mi closet para alistarme. Mi maleta la había dejado lista la mañana anterior, asique solo faltaba que Gaia se alistara para poder partir, lo cual aparentemente iba a ser un desafío. Al estar listo, le deje mi maleta a uno de mis hombres, y luego me encamine a la habitación de Gaia. -Gaia- dije antes de tocar la puerta de su habitación- abre la puerta- pedí al notar que le había puesto seguro. -No quiero- grito desde dentro- no iré, ya te lo dije. -Y yo te dije que no estaba a discusión. Abre ahora- demande. Ella no respondió, solo se escucharon algunos pasos, y luego de eso música, música a todo volumen. -Maldita loca- masculle antes de bajar a buscar las llaves de repuesto. Cuando llegue a la cocina, revolví cada cajón en busca de esas llaves, pero no las halle. Asique salí de allí en busca del ama de llaves. -Felipa- grite a todo pulmón por la casa- ¿Dónde estás? -Lo siento señor- dijo llegando apresurada a mi lado- Estaba en el jardín ¿Qué es lo que necesita? -¿Dónde están las llaves de repuesto? -La señora las pidió hace unos minutos- respondió agachando la mirada. Sonreí mientras negaba con la cabeza. Gaia realmente lograba acabar con mi paciencia. Su don era sacarme de mis cabales. Subí nuevamente y fui directo a mi habitación, se podía oír por toda la casa a Kiss, lo cual me exasperaba. Ella sabe perfectamente que me gusta la paz y el silencio. Cuando entre a mi cuarto, fui directo a mi mesa de noche y de allí tome mi arma. Al llegar a su puerta, no lo pensé ni por dos segundos antes de dispararle a la cerradura, ya estaba harto de sus actitudes. -¿Qué demonios haces?- pregunto un tanto asustada. Ella se encontraba en medio de su cama, con audífonos puestos mientras leía. Simplemente había puesto la música a todo volumen para molestarme. -Haz tu maleta- ordene luego de dispararle al parlante que no dejaba de reproducir esa escandalosa música. -¿Qué haces? Estas completamente demente. Te he dicho que no iré, y no lo hare- grito histérica. -Gaia, no termines de colmar mi paciencia. -¿O qué?- desafío. -¿Sabes? Llevo tolerándote un maldito año, ya no más. ¿Quieres quedarte? Bien. Pero lo harás aquí, en tu maldita habitación. Sin esperar respuesta de su parte salí de su habitación, no sin antes gritarle a uno de mis hombres que vigilara la puerta en lo que otro rápidamente arreglaba la cerradura. Cuando eso estuvo listo, la deje encerrada, ya me había cansado de tolerarla. De ahora en más las cosas serían a mi modo. Mientras bajaba por las escaleras, podía escuchar perfectamente los gritos de Gaia llamándome, por lo que una sonrisa de satisfacción se plasmó en mi rostro antes de volver a subir. -¿Cómo te atreves a encerrarme?- grito bélica en cuanto abrí la puerta. -¿Iras? -No quiero. -Bien- respondí simplemente antes de intentar cerrar la puerta. Gaia es claustrofóbica, por lo que sabía perfectamente que amenazarla con encerrarla funcionaria. No digo que este bien, pero con ella siempre ha sido así. Contaba con que mi pseudo plan funcionara, asique estaba conforme con los resultados, pero con lo que no contaba, era con el florero la loca me arrojo, el cual fue a parar directamente a mi cabeza. -γαμημένο δυστυχισμένο κάθαρμα- escupió en griego (maldito bastardo miserable) -¡Estas de mente!- grite llevando mi mano al lugar del impacto. -¡Sal de mi cuarto! -Tienes diez minutos para empacar. Salí dejándola sola, y me encamine a mi habitación nuevamente para ver el golpe ya que podía sentir como una fina línea tibia comenzaba a recorrer el lado izquierdo de mi rostro. Al verme al espejo pude notar un corte sobre mi ceja, y aunque suene descabellado, no pude evitar reír. La loca tenía buena puntería. Antes de que pasaran los diez minutos que le di de plazo, Gaia entro a mi habitación exigiendo que la ayudara a bajar su maleta, la que por cierto estaba a explotar. Seguramente ni miro lo que empaco. Una vez listos, ambos subimos al coche para dirigirnos a la pista privada. Por fortuna nos ahorraba mucho tiempo tener nuestro propio avión. El camino fue silencioso y demasiado largo, Gaia esta tan molesta que ni siquiera hablo para insultarme, y eso no era bueno. Ella siempre encontraba la forma de fastidiarme, y honestamente prefería que fuese en privado y no en frente de mi familia. En este tiempo había aprendido barias cosas sobre ella, y una de las tantas era que nunca aceptaba una derrota, por lo que debía estar listo para las represalias. Una vez que llegamos al jet no tardamos más de quince minutos en despegar. Era un viaje bastante largo, asique aproveche para ir adelantando trabajo, o bueno, esa fue mi idea hasta que vi a mi esposa paseándose por la cabina del avión con solo un baby doll n***o que no dejaba nada a la imaginación. No mentiré diciendo que no es una mujer hermosa, porque si lo es. Su cabello rojo y ondulado llega a la altura de su cintura, su piel es tersa y suave, y ni hablar de su cuerpo, simplemente desprende sensualidad, pero sin lugar a dudas, lo que más me llamo la atención de ella desde que la conocí fueron sus ojos. Sus orbes dorados eran hipnotizantes. Aun así, su forma de ser contrarresta todo. Es histérica, prepotente y altanera, muy altanera. -¿Qué se supone que haces así?- trate que mi voz fuese dura, pero se complicaba un poco con ella vestida así. -Solo busco un poco de agua antes de irme a descansar un rato al cuarto. -¿Es necesario que te pasees así delante de mis hombres? -Es lo que me dio tiempo a empacar- respondió encogiéndose de hombros antes de dirigirse nuevamente al cuarto. -¿Eso quiere decir que en casa de mi hermano te pasearas como una prostituta? Gaia simplemente se volteó y giro mi rostro de una bofetada. -Respétame- dijo entre dientes. -¿Quieres respeto? Gánatelo. -Tú no me conoces- siseo acercándose mas a mí- y no quieres conocerme. Así que respétame, o te juro que la próxima vez que me llames prostituta, lo harás con razones. -No me amenaces Gaia, porque tú tampoco me conoces. -Te conozco lo suficiente como para saber que no hay nada que puedas hacerme, que no me hayan hecho antes. Sin decir más se encerró en el cuarto del jet. Hasta donde tenía entendido la vida de Gaia había sido bastante sencilla, por lo que su comentario me dejo un tanto confuso. Juro que mis padres me criaron para ser lo suficiente hombre para saber respetar a una mujer. Pero el hecho de que me hayan obligado a casarme con alguien tan cambiante y fría, no me facilita las cosas. Ella y yo simplemente no somos compatibles.

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