Gaia
Si había algo que odiaba más que a Grigori, era tener que fingir en frente de su familia.
Si bien en un principio fue de conocimiento de todos que no nos tolerábamos, con el paso del tiempo les hicimos creer otra cosa, ya que eso nos beneficiaba a ambos. Por desgracia dentro de la mafia no existe el divorcio, literalmente es “hasta que la muerte nos separe”.
En un principio fue muy fácil fingir, pero hoy ya no.
-¿Qué crees que haces?- pregunte girándome al notar que el imbécil de Grigori se acostó junto a mí.
-Quedan ocho horas de viaje. ¿Tú qué crees que hare?- cuestiono irónico.
-Olvídalo. No dormirás aquí.
-Es la única habitación en el jet.
-No me interesa- dije poniéndome de pie- Largo- señale la puerta de la habitación.
Él solo me miro y luego se cubrió los ojos con su ante brazo.
-¡Te estoy hablando!- grite.
-Quiero dormir Gaia. Asique, o duermes o te largas a la cabina.
-Maldito ruso idiota- masculle antes de volver a la cama.
Al acostarme a su lado, de un jalón le quite las colchas para cubrirme bien.
-No seas odiosa Gaia.
-Si te moleta vete.
-Eres peor que una niña- dijo antes de quitarme las colchas y cubrirse él.
A regañadientes me levante para ir por otra colcha, no pasaría frio, y mucho menos dormiría con él.
Salí molesta de la habitación y busque un lugar libre para descansar. Al encontrar un par de asientos vacíos, los cuales supongo que son los que usan los jefes, me acomode lo mejor que pude, y por suerte y gracias al cansancio que tenía, solo fue cuestión de minutos para caer rendida ante el sueño.
Me removí molesta al sentir como alguien zarandeaba mi cuerpo.
-Déjame dormir- murmure.
-Ya hemos llegado Gaia. Levántate.
-Déjame dormir.
-Si no te levantas ahora, te juro que te arrojare un vaso de agua fría.
Abrí los ojos de golpe y me senté molesta en la cama. Estaba a punto de decirle muchas groserías a mi adorado esposo, pero caí en cuenta que no estaba en el mismo lugar en el que me había dormido.
-¿Cómo llegue a la cama?
-Parecías contorsionista en el asiento. Eres molesta de por si, imagínate si estas malhumorada porque estas contracturada.
-βλάκας- murmure (Idiota)
-En algún momento aprenderé griego- dijo antes de salir y dejarme sola para alistarme.
Cuando ambos estuvimos listos, bajamos del jet. En la pista había tres coches esperando, uno de ellos era en el que viajaríamos nosotros, y los otros dos eran para los hombres que nos acompañaban.
El camino a la casa de Anton era bastante largo. Usualmente cruzábamos por la ciudad, pero por mayor seguridad, hoy habían decidido que la rodearíamos. Grigori no hablaba conmigo con respecto a asuntos de la mafia, de hecho ningún hombre lo hacía, pero el haber crecido en medio de este mundo, me daba un poco de ventaja para saber sobre ciertas cosas. Y por el comportamiento que estaba teniendo últimamente el ruso, las cosas no estaban yendo muy bien.
Estaba distraída viendo el camino, cuando pude notar una caja moverse en el arcén.
-Para el coche- pedí.
-¿Qué?- pregunto sin entender.
-Retrocede- demande cruzando a los asientos traseros para no perder de vista la caja.
-¡Oye!- grito cuando lo patee sin querer.
-Grigori regresa.
-¿Para qué quieres que regrese?- pregunto sin detenerse.
-Vi algo. Regresa.
-Maldita griega loca- mascullo antes de regresar.
Grigori le indicaba a sus hombres que regresaríamos unos cuantos metros, mientras yo miraba atentamente el arcén para hallar la caja. Cuando la vi nuevamente, le pedí que se detuviera, y por suerte así lo hizo.
Al bajar, el frio de Rusia hizo que mi piel se erizara. Creo que jamás me acostumbrare.
-¿Qué se supone que viste?
-Una caja.
-¿Me hiciste volver por una caja?- pregunto molesto.
-¡Se movió!- chille señalándola.
-Vámonos Gaia.
Ignorando por completo su orden, me encamine a la caja para ver que había dentro. Al estar frente a ella, me incline para abrirla, y al hacerlo una sonrisa triste se pintó en mi rostro.
-Morirá- dijo Grigori a mi lado, viendo dentro de la caja- Hay que irnos, está helando.
-Lo voy a llevar.
-Has lo que quieras.
Al ver las intenciones de Grigori de irse sin mí, tome rápido al pequeño cachorro que se encontraba solo y herido dentro de la caja.
-Espérame- pedí corriendo detrás de él.
Al ponernos en marcha nuevamente, no pude evitar acariciar al cachorrito. Era un hecho que lo conservaría.
-¿Qué rasa crees que sea?
-No lo sé- dijo luego de contemplarlo por unos segundos.
-¿Por qué le han hecho eso?- susurre para mí mientras veía sus orejitas cortadas.
-Seguramente es una r**a de pelea. Suelen cortarle la cola y las orejas ya que son lugares que se lastiman con facilidad.
-Su colita está bien- dije luego de haberlo revisado.
Grigori solo se encogió de hombros, mientras yo solo me centre en ver que el cachorrito no tuviese más heridas.
-Quiero ir a una clínica veterinaria.
-Estamos en medio de la nada Gaia.
El cachorrito comenzó a tiritar y llorar. Supuse que tenía frio, asique tome la chaqueta de Grigori que se encontraba en el asiento trasero y lo cubrí con ella. Él me miro y suspiro. A estas alturas ya sabe que de nada le sirve llevarme la contraria.
Fueron alrededor de veinte minutos de viaje hasta llegar por fin a la mansión de los Zhukov. La gran casa se perdía en medio de los árboles logrando que se viera un paisaje realmente hermoso.
Una vez que estuvimos en el predio de la casa, ambos nos bajamos y saludamos a la familia de Grigori.
A los pocos minutos de haber llegado, Grigori se fue con su padre y hermano, mientras que yo por mi lado me dedique a bañar al pequeño cachorro. La tarde paso realmente rápido, tanto que cuando el ruso me fue a buscar para cenar, yo ni siquiera me había duchado.
-¿Por qué lo bajaste de la cama?- pregunte mientras salía del baño envuelta en una toalla.
-En primer lugar- dijo viéndome de arriba abajo- no dormirá en la cama, asique sácate esa idea desde ahora. Y en segundo lugar, es hembra- señalo al suelo donde se encontraba durmiendo la cachorrita.
-¿Cómo sabes que es niña?
Grigori rio mientras se levantaba y se acercaba a mí.
-Creo que eres lo suficientemente capaz de distinguir la diferencia- susurro cerca de mi rostro antes de adentrarse en el baño.
Una vez que ambos estuvimos listos, bajamos para cenar con la familia de Grigori.
Reconozco que en un principio me comporte como una verdadera perra con todos, y no es por excusarme, pero realmente no fue fácil aceptar que me habían casado con alguien que ni siquiera conocía. Y sobre eso con un Zhukov, podría decirse que no tienen muy buena fama.
Realmente creí que mi vida al lado de Grigori sería un verdadero infierno, pero por suerte me equivoque. Nos es como vivir en un cuento de hadas, pero soy consciente de que podría ser mucho peor.
Pasamos alrededor una semana en casa del hermano de Grigori, hoy por fin volveríamos a Atenas. Por petición de Anton, nos habíamos mudado allí a los pocos meses de habernos casado, creía que era lo mejor para controlar a mi padre. Pero por cuestiones de “trabajo” casi siempre estábamos viajando.
Luego de las arduas horas de viaje, por fin nos encontrábamos es tierra griega.
-En cuanto lleguemos a casa le pediré al chofer que me lleve al veterinario- dije en dirección a Grigori con mi bella Hela en brazos.
-Bien- respondió sin quitar la vista de su celular.
Estábamos entrando al predio de nuestra mansión, cuando lamentablemente reconocí el coche que se encontraba aparcado. Deje a Hela en el asiento y me asome a por la ventanilla de Grigori.
-¿Qué diablos haces?- pregunto molesto.
-Dime que no es él- pedí ignorando su pregunta.
Al ver en la dirección que yo lo hacía, su semblante cambio. Ya no le importó que literalmente estuviese encima de él.
-¿Qué hace aquí?- dijo entre dientes.
Al estar en frente de la entrada de casa, Grigori se bajó del coche y fue directamente hacia mi padre.
-¿Qué se te ofrece Dionisio?- pregunte al llegar al lado del ruso.
-¿Ya no soy “papá”?- pregunto con burla.
-Recién llegamos de un largo viaje- interrumpió Grigori- será mejor que regreses mañana.
Tras decir aquello, el ruso tomo mi mano libre y me obligo a seguirlo dentro de la casa.
-No les quitare mucho tiempo- hablo nuevamente mi padre llamando nuestra atención- Solo quería entregarles personalmente la invitación a mi boda.
Me frene de golpe al oír lo que dijo. Sabía que en algún momento se volvería a casar, pero jamás creí que lo hiciera con alguien que solo le lleva tres años a su propia hija.
-Es una pena que no podamos asistir- dije falsamente.
-Asistirán cariño- afirmo con una sínica sonrisa en su rostro- Recuerda que somos una gran familia feliz. Además, mi querido yerno debe estar presente; será una gran oportunidad para afianzar nuestra alianza con los búlgaros.
-Tus negocios con los búlgaros no me interesan- dijo Grigori.
-Pues debería importarte muchacho. Son quienes nos abastecen con armas.
-Y nosotros los abastecemos con drogas y prostitutas. No sé tú, pero yo no les debo nada.
Mi padre lo miro con suspicacia y luego le extendió una tarjeta. Cuando Grigori la tomo, el simplemente se subió a su lujoso auto dispuesto a marcharse, pero como el verdadero hijo de perra que es, no pudo irse sin antes destilar un poco de su veneno.
-Oh y cariño- hablo con una gran sonrisa- Ivanov estará muy feliz de volver a verte.