El regreso de María y Rita a la hacienda fue marcado por una atmósfera extraña y pesada. El camino, que generalmente era libre y claro, estaba ahora bloqueado por enormes piedras y ramas que parecían surgir de la nada. Un manto de desconfianza se extendió sobre María al notar lo inusual de la escena. No había llovido la noche anterior, ¿cómo era posible que el camino estuviera tan obstruido? Sin embargo, esa era la imagen frente a ella, como un obstáculo que no lograba entender. María intentó, con desesperación, mover las piedras y ramas que bloqueaban el paso. El sudor corría por su frente mientras empujaba con todas sus fuerzas, pero las piedras eran demasiado grandes y pesadas para ella. La tía Rita, sin ofrecer su ayuda, se mantenía arriba de la camioneta, observando con una mirada qu

