Me mantuve en silencio desde el momento que entré a la sala de juntas donde esperaban Paul y la Sra. Dubois, no me sorprendió en lo absoluto la presencia de esa mujer, era lógico que ella estuviera detrás de todo esto para quedarse con lo que no era suyo de la forma más sucia y me daba lástima ver como Paul era manejado como un títere por su madre. Paul miraba con impaciencia su reloj de pulsera, faltaba un minuto para que se cumpliera el tiempo acordado a último momento y solo faltaba Alexander y Julián para dar por comenzada la reunión. El dolor de cabeza había disminuido considerablemente, pues la decisión que había tomado en secreto era la más saludable para todos, al menos para mí. Justo cuando Paul se levantó de la silla que siempre ha ocupado mi padre en la c

