Terminé de tomarme el tercer vaso de agua que Alexander me ofreció para aminorar los nervios, pero no servía en lo absoluto. El dolor de cabeza era cada vez más intenso, sentía que iba a estallar en cualquier momento, ni siquiera la pastilla que me tomé hace tres horas, cuando Alexander me sacó de la oficina de presidencia hasta la suya, podía disminuir el dolor. Todo iba de mal a peor. No me cabía en la cabeza que mi padre no se haya dado cuenta de lo que firmaba y más viniendo de Paul, siendo mi padre tan minucioso con los documentos que firma, es que no tenía sentido, nada de esto tiene sentido. ¿Cómo iba a resolver este desastre cuando mis padres no aparecen por ningún lado? No podía pensar correctamente y con cada segundo que pasaba, la desesperación se hac

