LINDA Linda se quedó sentada en la mesa, con los puños apretados sobre su regazo y la respiración entrecortada. No podía creer que con unas simples palabras los gemelos la hubieran puesto así. Como si no hubieran pasado seis años, como si su cuerpo aún respondiera a ellos de la misma manera, como si nunca hubiera aprendido a ignorar esos impulsos que ahora la quemaban por dentro. Se mordió el labio con frustración y cerró los ojos con fuerza. La realidad era que desde que se había enterado de su embarazo, no se había tocado ni una sola vez. Entre cuidar a los niños, trabajar y mantenerse firme en su decisión de no volver a dejarse llevar por ningún hombre, había dejado esa parte de sí misma en el olvido. Pero su cuerpo no lo había olvidado. Por mucho que quisiera negarlo, ella siempre

