Linda estaba nerviosa, jugueteando con el borde de su blusa mientras miraba el número de su madre en la pantalla. Había ensayado en su mente cómo diría las palabras, pero nada parecía suficiente. Finalmente, respiró hondo y presionó el botón de llamada. —Mamá… ¿puedes hablar? —preguntó en cuanto su madre contestó. —Claro, cariño. ¿Pasa algo? —Sí… bueno, quería decirte algo importante —tragó saliva y cerró los ojos un segundo antes de soltarlo—. Estoy embarazada. Hubo un silencio en la línea. Luego, la voz de su madre sonó con una mezcla de sorpresa y emoción. —¿En serio, mi amor? ¡Dios mío! ¿Cómo te sientes? ¿Es un embarazo sano? ¿El padre está contigo? Linda titubeó. No quería mencionar a los gemelos ni cuánto tiempo tenía de embarazo. —Sí, estoy bien, fui al médico y todo está en

