Linda caminaba de un lado a otro en la pequeña sala de espera, con el corazón golpeándole el pecho. Miraba el reloj cada pocos segundos, pero el tiempo parecía ir más lento de lo normal. Su mente no dejaba de repetirse lo mismo: Tal vez es solo estrés. Tal vez es solo una descompensación. Pero en el fondo, ya lo sabía. Cuando la enfermera salió y llamó su nombre, sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Con pasos pesados, entró al consultorio y se sentó frente al doctor, que revisaba los resultados en su computadora. Él levantó la mirada y habló con calma, pero cada palabra se sintió como un golpe en el pecho. —Señorita Solís, sus análisis confirman que está embarazada. Tiene aproximadamente cinco semanas. Linda no reaccionó. Se quedó mirando al doctor, sin expresar absolutamente

