Linda sintió que el mundo se detenía por un instante cuando vio bajar a los gemelos del auto junto a sus hijos. Su corazón se aceleró, y una mezcla de emociones la invadió: sorpresa, miedo, enojo… No sabía qué hacer ni qué pensar. Justo en ese momento, la puerta de la casa se abrió y Mauricio salió, con su expresión tranquila de siempre. Al verla paralizada, pasó un brazo por sus hombros en un gesto de apoyo y cercanía. Ese simple movimiento fue suficiente para tensar a Lucio y Lucas. Sus mandíbulas se apretaron al instante, y sus miradas se oscurecieron. Pero antes de que pudieran decir o hacer algo, Alexa y Alexander extendieron los brazos hacia ellos con una sonrisa radiante. —¡Papá, cárgame! —dijo Alexa, moviendo las manos impaciente. —Yo también —añadió Alexander con entusiasmo.

