Ceno con su compañía y la de nadie más. El pollo asado es muy rico en sabor y no me dice nada al estar comiendo, pero la advertencia es clara en sus ojos. Si vomito esto me irá muy mal. —Ya sabes que no debes vomitar. —No entiendo porque te preocupas por mí. —Quiero que comas, Emily. —¿Por qué? Por primera vez en lo que estoy aquí no me gruñe ni nada. Sólo suspira antes de regalarme un sonrisa dulce. —Em, sólo quiero que comas y que estés saludable. —No me quieres para incubadora de cachorros, ¿o sí?—niega con una sonrisa en los labios. —No. Guardamos silencio otros minutos que se vuelven eternos, y cuando finalmente termino de comer me deja ir, pero luego cambia de parecer y se levanta para seguirme a mi habitación, quiere que no vomité pero no haré eso, espero. Creo que no quiero. Debo comer si es que algún día me marca, y tal vez con suerte… tenga un cachorro. Me deja en mi habitación antes de suspirar y adentrarse conmigo. Me acuesto en la cama cuando él lo hace conmigo. Eso me extra. —Duerme. —Pero… —Sólo hasta que me asegure de que no vomitaras la comida. Asiento antes de acomodarme en la cama sin tocarlo como quiere, me hago pequeña en la cama, cierro los ojos hasta quedarme totalmente dormida. /// Si alguien dijo que ser mujer es fácil, lo invito a pasar cinco días con una toalla sanitaria en el calzón y sufrir de cólicos que en ocasiones tumban a las mujeres. Es un idiota totalmente. Me duele el vientre y no se digan los ascos horribles que me asaltan, espero unos minutos antes de que mi vientre duela. Me remuevo en la cama antes de volver a vomitar en la cubeta que Valquiera trajo para mí hace unas dos horas. Me duele mucho el vientre. Hasta inflamado está, dios. Me duele demasiado. Me quedo donde estoy por un rato antes de que me traigan un poco de té que no me baja el dolor ni por error. Gruño cuando quieren intentar ponerme fomentos en el vientre o acercarse más de lo necesario a mí. La loba no dejará que nadie se me acerque ni de chiste. {{{Darius}}} Escucho a Valquiria mientras comemos antes de que el gruñido de amenaza resuena por todos lados. Mi hermana suspira antes de tomarle al vaso de jugo que tiene frente a ella. —¿Quién gruñe de esa forma? Kenneth entra tapándose los oídos por los gruñidos que da Emily. —La pareja de tu Alfa—se burla Valquiria. —¿Por qué?—toma asiento frente a ella antes de tomarle a la copa que contiene lo único que entra en su aparato digestivo. —Porque está en sus días y el único que puede acercarse está comiendo en vez de atenderla. La mirada vacía de Kenneth va a dar a mí antes de regresar su vista a mi hermana que come con la gracia que nuestra santa madre le enseñó. —Darius… —Es mi problema si voy o no—digo antes de tomarle al vino de mi copa. —Necesita tomarse el té y un par de pastillas—comenta Valquiria, pero mi desinterés la hace pensar mejor sus palabras—. Y además de que estará de malas todo el tiempo si la loba no es consentida. —No voy a hacer… —¡Es tu pareja!—me grita Valquiria—. La pobre no deja de repetirse que morirá antes de que el año se acabe, y tú tienes la culpa. Se levanta y sale por la puerta antes de que pueda contestarle. Kenneth suspira y se toma lo que hay en la copa de un trago, me mira antes de abrir la boca. —Creí que contabas los días para tenerla—sí. Eso hacía. Me la pasaba pensando en como sería tener a mi pareja conmigo, pensaba en que la consentiría en lo qué quisiera, que la llevaría a comprar postres… muchas cosas pensadas en el día que la encontrará, pero cuando la encontré… no era la que pensaba. —Eso ya pasó. —Creo que te conozco lo suficiente para decir que no dejarás que muera. Lo miro antes de que se levante y se encamine a la puerta. —Despúes de todo… la marcaras. Suspiro antes de maldecir alto, me levanto de la silla y voy por una cubeta para vaciar le agua caliente de la que hay en la cocina. Sé qué la tienen porque han estado intentando bajarle el dolor pero la loba de Emily es agresiva a lo que veo porque no las deja acercarse. Sólo las personas del castillo saben que es mi pareja y que me porto como un idiota con ella. Tomó el té que le hicieron después de meterme las pastillas al pantalón, subo las escaleras de servicio y salgo por el pasillo que me lleva a su habitación. Cuando era niño me aseguré de conocer este puto castillo de pies a cabeza y no hay salida que no conozca, ruta que no me sirva para llegar más rápido, pasadillos secretos y escondites me los sé de memoria. Por eso me escondía de lecciones aburridas que mi madre quería impartirme, hice muchas vacancias de cachorro gracias a aprenderme este castillo de pies a cabeza. Abro la puerta y lo que recibo es un gruñido de Emily, está en su cama con la cabeza en la almohada. Ignoró el gruñido, me acerco a la cama y dejo las cosas en la mesita de noche, sus ojos me ven hacer todos mis movimientos. Me regreso a cerrar la puerta cuando ella se da la vuelta en la cama. —Vete. La ignoro antes de sentarme en la cama y meter en el agua caliente el fomento, mi madre me enseñó a hacer esto con Valquiria, mi hermana sirvió de ejemplo para muchas cosas y tratos que debía hacer; pero todas fueron porque quise, incluso ayude a una mujer embarazada para saber que hacer en todo el proceso de nacimiento y de embarazo. Emily me gruñe cuando intento girarla para ponerle el fomento, le gruño en el mismo volumen o más alto que ella y sólo hace una nueva cuando siente lo caliente en su piel. Sus ojos están en un color muy raro. Entre violeta y n***o, supongo que la loba está queriendo salir, porque cuando es esa bella loba gris tiene los ojos oscuros en una tonalidad de violeta. Y cuando es humana los tiene totalmente violetas y casi parecen azules. Saco las pastillas de la bolsa de mi pantalón para tomar una y dársela en la boca como si fuera una niña, se la convino con el té y sus manos se aferran a la taza antes de ponerla en su lugar. —Gracias. Parece ella de nuevo. Mis ojos chocan con ese violeta que se ve bonito en la piel blanca, y más porque restalta el cabello color chocolate que tiene Emily, sus pestañas son algo largas y ayudan mucho a sus ojos para resaltar su mirada. La nariz es refinada y le da un toque de muñeca de porcelana con ese ligero rubor en sus mejillas; sus labios no son tan grandes ni tan pequeños, tienen el tamaño justo. No le respondo para seguirla viendo sin que se de cuenta. No tiene unos pechos muy grandes ni muy pequeños, diría que del tamaño justo para divertirme con ellos cuando la marque. Odio a mi lobo en ocasiones. Me he imaginado de muchas formas a Emily mientras entro en ella y escucho sus gemidos contra mi oído. No puedo. Mierda. Regresando a su cuerpo… su cintura es como la de cualquier loba joven. Marcada pero no en exceso, tiene unas piernas largas que me gustaría besar y probar hasta cansarme, creo que el que mi lobo la aceptará me he hecho desearla y tenerla conmigo siempre, pero no quiero. No por el momento. Me quedo con ella hasta que su vientre se desinflama un poco, pero puedo ver qué todavía duele. Sus ojos lo dicen. Diosa. Meto el fomento de nuevo en el agua caliente para sacarlo y exprimirlo, lo pongo en su vientre. Con cuidado subo a la cama para abrir las piernas y colocar a Emily entre ellas. Se saca pero mi brazo la deja ahí, soy más fuerte que ella, y es algo que parece que se le olvidó. La acomodo en mi cuerpo antes bajar mi mano a su vientre y empezar con leves masajes que la hacen acomodarse para que pueda dárselos mejor. —¿Puedo preguntarte algo? —Dime. —Antes de qué te encontrará, ¿Quién te ayudaba a sobrepasar esto? Suspira. —James. También me…—se piensa en decirme o no—, estaba con él durante mis celos, fueron muchos celos que estuve con él. Ya vi porque no quería decirme. Ese hijo de perra se metío muchas veces con ella y ahora comprendo porque se molestó cuando le insinúe lo de meterme con Emily. —Era el único que me… —Siendo hijo del Alfa, créeme nadie se metería contigo después de saber que eras la que sasiaba al futuro Alfa. —Nunca lo vi así—dice triste. —¿Por qué te dice Em? Se qué es diminutivo de su nombre, pero siempre hay una razón para llamar a las personas así. —Así me decía mi mamá—acomoda su cabeza en mi pecho antes de mover mi mano a su lado izquierdo—. Y todos empezaron a llamarme así. Terminó de masajear su vientre, para volverle a poner el fomento caliente. Emily se acomoda y se queda dormida sobre mí, no la quitó, me gusta estar así. Mi lobo me las pagará caro otro día.