Como no podía ser de otra manera, una vez más nadie contó con mis ideas. Mientras que yo he estado tratando de descansar y de orientarme en mi nueva vida, el señor Sanlés se ha estado encargando de organizar un viaje a México. Para ello también ha conseguido pasaportes falsos para todos. Tras unos segundos analizando la situación en la que me encuentro, y tratando de no pensar en todo lo que han hecho a mis espaldas; me pongo en pie, empujo a Natasha a un lado, salgo del cuarto, y voy directa al despacho del señor Adrián. —No puede hacer eso, no somos sus marionetas —le reclamo cerrando la puerta de un portazo, después de haber entrado sin avisar. —Buenos días, yo también me alegro de su mejoría — responde, con una sonrisa de oreja a oreja. —¿Se puede saber qué es lo que trata de

