Narra Sebastián La noche aún vibra en mi pecho, caminamos unos metros en silencio por aquel pasillo del tercer piso del edificio donde vive Jenny, pero es un silencio cómodo, uno que se siente como una extensión natural del beso que compartimos hace poco. Jenny camina a mi lado con una sonrisa pequeña, casi tímida, aunque conozco suficiente de lenguaje corporal para saber que es la sonrisa de alguien que está pensando mucho… y sintiendo más. —No quiero que la noche termine —dice finalmente, mirándome de reojo. Mi estómago se contrae con una mezcla de nervios y anticipación. No soy de los que improvisan en estas cosas, pero hay algo en Jenny que me quita la rigidez de encima, que me invita a dejarme llevar. —Ni yo —respondo. Ella respira hondo, como si se diera valor. —Gracias por tr

