Narra Sebastián Nunca pensé que una simple invitación a cenar pudiera tenerme así, revisando mi reflejo en el espejo por tercera vez, ajustándome el cuello de la camisa como si fuera un adolescente sin práctica social. Me detengo un momento y respiro hondo, ridículo… Soy el CEO de una de las empresas tecnológicas más importantes del país, manejo juntas imposibles, acuerdos millonarios, decisiones que a veces definen el futuro de docenas de empleados… y, aun así, una cena con una mujer me pone nervioso. Quizás es porque hace demasiado tiempo que no tengo una cita que no esté camuflada detrás de palabras como “propuesta”, “asociación” o “colaboración estratégica”. Mucho más tiempo del que me gusta admitir. O tal vez es porque Jenny, aunque intenta parecer relajada cada vez que entra a mi

