Primer encuentro

911 Palabras
Christy se suelta del agarre de Peter, le da una mala mirada y luego se mantiene a la distancia. Peter la mira con rabia, con desenfreno. Ella está jugando con fuego, ella se está metiendo en lo que no debe y a él no le gusta para nada eso. —No juegues conmigo Christy, no te equivoques… porque puedo darte el cielo y el infierno si así me lo pides, pero lo que no voy a permitir es que me hables de esa manera de mi. »Que te quede claro y dejé que quisieras hacer el ridículo aquí en la empresa, pero no será por mucho tiempo entiéndelo Cris. »Todo el personal de este lugar está a mi favor, todas las personas de esta empresa saben a quien deben obedecer si quieren continuar con su trabajo. Mañana miraremos quién es quién en la sala de juntas. Christy respira sacando de su cuerpo todo lo que tiene acumulado, las acciones de Peter la están asustando por completo. Ella sabía desde el principio que no era un hombre en quien confiar, al menos ahora que ella estaba sola, que se había quedado sin la persona que le daba todo lo que ella necesitaba, fuerza, estabilidad mental y sobre todo amor, mucho amor. Ella tomó sus cosas para salir a la casa a ver a sus hijos, era algo que iba a servirle un poco y que le iba a ayudar a pasar este mal rato. Ellos eran lo único que hacían que Chirty permaneciera de pie, ellos eran lo único que hacían que ella fuera fuerte por fuera, aunque por dentro esté quemandose con el dolor y la soledad. Mientras tanto, Joseph se subió a su motocicleta, hoy había sido uno de los mejores días de su vida. Acabar con su oponente número uno era algo que no se repetía tan frecuente. Joseph manejaba a gran velocidad, luego de haber bebido algunas copas. A él le encantaba montar en aquella máquina, mostrarle al viento, a la vida y al destino que él era el rey de todo esto y que nadie nunca acabaría con su dicha. En especial que alguien como él que no le tenía miedo a nada ni a nadie. Él acelera mientras celebra, en ese momento no se da cuenta que una mujer está llorando mientras va pasando la calle. Pero ya es muy tarde para frenar, él es cruel, suele acabar con la vida de muchas personas fácilmente, sin embargo no lo hace sin justa causa. Ambos chocaron, ella cayó contra la fría calle y él prácticamente resbaló en el pavimento dejando que su motocicleta se deslizara hacia adelante. No pudo esquivarla y él también se llevo un fuerte golpe. Joseph maldijo de inmediato, se levantó con rabia y levantó su motocicleta. Él se dio cuenta como esta estaba rayada a un lado. Su motocicleta más querida, la que más le gusta montar, estaba arruinada por una loca aparecida que no sabía cruzar la calle. La mujer estaba en el suelo mientras lloraba, ella saca todo el aire que tiene contenido. Joseph se regaña con anterioridad por hacer lo que va a hacer, los gestos amables no van con él, pero hoy era diferente, hoy estaba de celebración. —¿Se encuentra bien señora? —él usa un tono de voz asqueante. Ella no responde nada, tan solo llora se sienta y Joseph la escanea dándose cuenta que no tiene ningún raspón, que no tiene ninguna herida a simple vista. Sin embargo, algo llama la atención en él, esa mujer que está llorando es la mujer que él tenía fotos por tanto tiempo colgada en su despacho, es la mujer ala que ha estado siguiéndole los pasos indirectamente, la esposa del hombre que más odiado en su vida… ella es su cuñada. —No se preocupe que no me ha hecho nada, puedes retirarse —ella responde con el llanto a flor de piel. —Le acabo de atropellar es estúpido que diga que no le pasa nada, adicional está llorando como una Magdalena. Ella lo mira, se pone de pie y lo encara. Christy tiene tanta energía, tiene tantas cosas por decir y este pobre extraño podría ser la persona que reciba todo lo que ya ella tiene acumulado. —Ya le dije que no tengo nada. No se preocupe que no pienso denunciarlo por atropellarme. —Usted fue la que se atravesó mi camino no la atropellé —él le contraataca, ella suelta una risa con ironía. —Estoy harta de hombres prepotentes como usted, el único hombre que valía la pena lo arrancaron de mi vida, ¿le parece justo esto? —ella levanta sus cejas y abre sus ojos de par en par. »Contésteme, le parece justo esto, porque a mí me parece completamente injusto, mi vida se acabó el día en que me quitaron ese hombre y ahora tengo que lidiar con el imbécil de su amigo, con el que decía ser su amigo. Usted no logra entender todo lo que me está pasando —ella dice entre lágrimas. Joseph la escucha con atención, debería dejarla tirada, al final era la mujer de James, no tendría porque estar allí... Pero también había algo que no lo dejaba ir. Ella dio media vuelta, al parecer ya se había cansado de discutir. Pero antes de irse, se desmayó. Joseph la atrapó con fuerza en sus brazos, mientras la observaba sin poder quitar la mirada de ella.
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