Capítulo 9. Real

1231 Palabras
Rubí, estaba escuchando a escondidas la confesión de Sergei, cuando sintió cómo la rabia y el dolor se apoderaban de ella al escuchar esas palabras tan dañinas ¿Cómo él se atrevía? El calor corría por sus venas como lava ardiente, y las emociones la envolvían nublando su mirada. Una parte de ella quería entrar y confrontar la situación de inmediato, encararlo y reprocharle eso, pero otra le susurraba en su interior que debía enfriar su sangre y reflexionar sobre su próximo paso a dar. Respiró profundamente, intentando controlar la furia que la consumía. Decidió que confrontar a Sergei en ese momento no sería la mejor opción. Necesitaba tiempo para procesar lo que acababa de descubrir y planificar su siguiente treta. Con paso firme pero la mente turbada, se dirigió a su habitación y entró al baño, luego abrió la llave de la ducha con agua fría. El impacto del agua helada sobre su piel ardiente la hizo estremecer, pero también ayudó a despejar su mente. Mientras las gotas frías caían sobre ella, Rubí se repetía a sí misma que no dejaría que las emociones descontroladas dictaran sus acciones. No está vez, no con él. No iba permitirse cagar esta oportunidad de ninguna manera, se prometió ella aunque en su mente dudaba poder controlar su temperamento tan volátil. Era extraño pues en su juventud había sido una chica más bien dócil incluso sumisa, pero de eso parecían haber pasado millones de años. Con ese pensamiento, cerró el agua y salió de la ducha, se envolvió en una toalla mullida y se encaminó hacia su lecho pues su baño estaba en suite y por ende dentro de la habitación. Se recostó en la cama, mirando el techo con la mente llena de pensamientos. Decidió que debía actuar con inteligencia y no dejarse llevar por la impulsividad como era para ella desde que estaba en Estados Unidos tan habitual. Debía ser muy inteligente si no quería joder, quizá, su única oportunidad para emparejarse y ser amada. La muchacha se abrazó a sí misma en la cama. En ocasiones se sentía tan sola...Extrañaba a su madre, a su Nana, a su dama de compañía por Dios a veces incluso extrañaba al pesado de su hermano Aaron...Y también a su padre claro. Cerró los ojos bien fuerte intentando contener las lágrimas. Por vez mil se dijo que no lloraría aunque la amargura la colmaba y la angustia cerraba su garganta. Finalmente, se dio cuenta de que necesitaba descansar y aclarar sus pensamientos de una buena vez. El dolor y la ira seguían presentes claro, pero Rubí sabía que el mañana le ofrecería una nueva perspectiva de todo, o al menos así lo esperaba. Así que se sumió en un sueño inquieto, consciente de que su vida podría dar un giro inesperado y que tendría que enfrentar las complicaciones que se avecinaban de la manera en que fuera necesario. No supo cuánto tiempo durmió, pero a medianoche se despertó, empapada de sudor y con la mente revuelta, se levantó con la necesidad imperante de beber algo pues su garganta estaba increíblemente seca. Se encaminó hacia la cocina, donde se encontró con Sergei. El aire estaba cargado de tensión, pues ninguno de los dos podía negar la atracción que ardía entre ellos. Bueno, quizá él que aún se rehusaba a aceptar la verdad, o la realidad que era tan clara como el cristal para ella. Fue inevitable pues ella era como un volcán en erupción. Las palabras brotaron de su boca, los reproches y un breve intercambio desencadenó una discusión acalorada. Cada uno estaba rojo y gritaba. Sin embargo, en medio del caos emocional, algo cambió. Las miradas se encontraron con una intensidad que no podían ignorar, y de repente, el conflicto se transformó en una pasión desbordante que los abrasó con el fuego de la pasión. Se besaron con una urgencia que reflejaba la tormenta interna que ambos enfrentaban. La tensión s****l acumulada explotó en un torbellino de emociones. Entre besos apasionados, se despojaron de las barreras emocionales que los habían separado. Y también se su ropa. La cocina se convirtió en el escenario de su rendición mutua a la conexión invisible y aún sin nombre, que los envolvía. El calor del momento los llevó a la intimidad, explorando los rincones más profundos de sus deseos compartidos. Mientras dos pares de manos recorrían el cuerpo del otro, enfebrecidas. Solo se oían suspiros y gemidos en la cocina. Con los cuerpos entrelazados y las respiraciones entrecortadas, iban a experimentar la liberación momentánea que solo el encuentro íntimo podía ofrecer. De un momento a otro Rubí se encontró con el estómago sobre la mesa de la cocina, desnuda, su ano abierto lamido por él como siempre había soñado. Su lengua nada tímida penetrando cada vez más hondo, mientras sus dedos temblorosos escarbaban de un modo rápido y furioso... Y poco después, la dura estocada que al principio la dejó sin aliento. Lo que siempre había anhelado, darle la virginidad anal a su amado. Él la tomó de la cintura como un experto y empezó a bombear mientras ella se masturbaba. Con una de sus manos libres, Rubí , deslizaba la palma por el tronco de su propio pene erecto y con la otra hacía lo mismo pero en sentido contrario, revolviendo sus dedos dentro de su estrecha y ávida, v****a. Las embestidas se hicieron cada vez más brutales hasta que pudo oler el aroma metálico de su propia sangre, seguramente por alguna fisura anal, poco antes de la explosión de leche en su culo roto por la v***a de él, como siempre lo había soñado. La sensación de placer fue infinita como con unas descargas eléctricas, mientras ella liberaba su propio semen sobre el piso de la cocina y su v****a se estremecía por dentro. Luego, en la calma que sigue a la tormenta, se miraron con algo de sorpresa, y sin aliento. Ahora habían cruzado una línea que ninguno de los dos podía ignorar, y deberían enfrentar las consecuencias de sus acciones en medio del silencio que seguía a la pasión compartida. Sin embargo, ella se acurrucó en su cuello y clavó sus colmillos allí sin dilaciones, sus extremidades estaban mezcladas en la mesa de la cocina allí mientras ella succionaba impiadosamente el cuello de su amante ruso. Él soltaba sonidos de placer mientras ella sentía que un goce, más inmenso que el anterior la invadía. Entró en una especie de paroxismo de placer hasta que temblorosa se incorporó en su lecho. Se llevó una mano a la frente sudorosa. Había estado soñando, CARAJO. Sin embargo estaba mojada su v****a tanto como su v***a. Había acabado. Con un suspiro de resignación volvió a darse una ducha mientras lavaba sus jugos junto con sus pesares. "Ok Rubí, fue bueno mientras duró ahora otra vez a la realidad". Es qué ¡carajo! se había sentido tan real... pensó la muchacha mientras nuevamente se envolvía en la toalla. En otra habitación no tan lejana, Sergei estaba tratando de regular el ritmo de su propio corazón mientras se limpiaba en su propio baño. Había tenido un maldito sueño erótico con ella, tal parecía que ni en sueños podría escaparse de la rubia lo que le llevó a pensar que debería tomar medidas más drásticas. Iba a encontrarle un nuevo lugar y ella se iría de allí, lo más rápido que pudiera.
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