Capítulo 18

1548 Palabras
Salgo a las cuatro de la tarde del trabajo, por lo general mi horario no es ajetreado pues se supone que sólo es un empleo de medio tiempo que me permite estudiar. Después de la escuela venía a trabajar y luego a casa, mi horario era de medio día (despues de la escuela) a cuatro de la tarde (una hora antes de cerrar) Pero hoy fue un día completo. Aún cuando me dieron la opción de marcharme decidí quedarme. Fue estimulante, aunque estuve en todo momento en la cocina friendo papas y sirviendo helados. Quizá ir a instituto no sea tan malo. Si puedo estar aquí quizá tambien pueda estar allá. La pregunta es ¿Podré lidiar con la presión de las miradas? Supe por Tadaline (que si está yendo) que dieron un comunicado en el salón de clases, justificado mi ausencia y dando que comer a los cotillas. Supongo que lo de voltear la cara e ignorar no me servira de nada. Seré el centro de atención. Lo sospecho. Me despido de mis compañeras y salgo a la calle. Esme llamó a la hora del almuerzo. Preguntó si quería que viniese a buscarme, pero aunque no tenía idea de como regresaría a casa, decliné su oferta. Quiero ir en autobus o caminar. Lo que sea, me da igual. —Bueno, linda, revisa los bolsillos de la sudadera —Fruncí el ceño pero hice lo que Esme me pidió. De uno de los bolsillos saqué un billete —Es una constumbre que le enseñé a Tada. Siempre ha sido de ayuda. Regresa en un taxi si lo prefieres. Nos vemos en la cena, linda. Bati la mano en señal de despedida y salí del local. Fue un día gris, no blanco o n***o, sólo gris. Se sintió un poco extraño hablar con personas que no fuesen Tada, Esme o Adrien. Fue bueno. Pero no lo mejor, sigo sintiendo que si se abriera una grieta en el suelo del tamaño de la carretera, yo sería la primera en saltar dentro. Afuera hace frío. Londres es frío por naturaleza, así que me coloco la sudadera. Huele a Tada y un poco a mi. Y de algún modo me siento tranquila. Según las indicaciones de Rebecca, quién me sonreía con mas sinceridad de lo que la había visto sonreír desde que la conocí, debo salir de los parametros del centro comercial, doblar a la derecha y encontraré una parada de autobuses si camino en línea recta. Mientras camino vuelvo a imaginar que se abre una grieta en el suelo, solo que esta vez no salto sola. Rebecca va conmigo. fingiendo estar perdida en mis pensamientos, presto atención a los pasos detrás de mi. —Si no fuese policía diría que quiere robarme —No vuelvo mis pasos ni giro mi rostro. Sigo caminando y el sigue a mi ritmo, justo detrás de mi. Él diría que he adivinado su presencia, que me he percatado de el solo con sus pasos. Pero no, la verdad simplemente lo he visto mientras salía del centro comercial. —No corre ningún peligro —Su voz es aterciopelada. Es firme, y me hace estremecer —No creo que lleve nada que puedan quitarle. Una sonrisa casi imperceptible se apodera de mis labios y disminuyo el paso para que el oficial Katian Rochester pueda alcanzarme. Una vez lo tengo a mi lado reanudamos la marcha. —Oficial... —Mascullo, haciendo oidos sordos a la pronta inquietud que se va apoderando de mi cuerpo. ¿Me pregunto qué querra? También que ¿si hecho a correr el iría detrás de mi? —Por favor, Romina. No estoy en horas de trabajo. Sólo Katian. —Pide con amabilidad Lo miro con los labios entre abiertos. —Claro —asiento insegura —Entonces... Katian —pruebo su nombre en mis labios y me encuentro pensando en que me gusta como sabe. Aunque me intimida y quiero que se marche. El dice que no corro peligro, pero hay cosas que no se sienten a salvo. —¿cómo estás? —se sentía extraño que me tutera, pero no era desagradable. Al contrario —Bien —Dije, mirando directamente al frente, me sentía cohibida de mirar a los lados. Y para colmo, la brisa se me llevaba el cabello —¿Qué lo trae por aquí? —¿A tí que te trae por aquí? —Aún cuando solo mira al frente me siento observada. Como si él análizara cada uno de mis movimientos inseguros. Aún cuando camino siento mis pies de plomo. —Trabajo en Mcdonal's. —Lo sé —Me sonríe y mis labios forman una fina línea —Lo que pregunto en realidad ¿Que la hizo salir? ¿qué? —Disculpe... —Empiezo claramente enojada. Es obvio que el análisis de movimientos no viene desde hace siete minutos, el tiempo que llevamos caminando juntos. —Por favor no se enoje Deja de caminar y clava su vista en mi. No titubeo ni me oculto. Lo miro directo a los ojos. Estos me estudiaron con cuidado. —He sabido—Se metió las manos en los bolsillos con actitud relajada. La verdad, con su ropa informal y su cabello rubio desordenado, no se paracía al hombre tenso e indiferente que me interrogó en la estación. —...que a estado en una especie de... ¿Cómo decirlo? Depresión. ¿Me equivocó? Me inquieta saber qué la motivó Pasé saliva y sentí como se me fruncían las cejas ¿qué me motivo? ¿qué sabía él? ¿qué le importaba? Ademas ¿depresión? Yo no tenía depresión. Tenía pesadillas por la noche, no me gustaba salir y casi no comía, pero no significaba que estuviese deprimida. —No... —Se le ofreció ayuda. Tanto a usted, solo por protocolo, como a su tía —remarcó la ultima palabra. Apreté los labios —a ella como representante legal. Pero usted no accedió a ninguno de los... —Loqueros que recomendaron —Espeté con enfado. —Romina —Sentí un agujero en mi estomago al escuchar mi nombre salir de sus labios. Era como estar entre los colmillos de un depredador —No estoy intentando convencerla para que asista con el psicólogo que se le recomendó. Solo me gustaría indagar un poco y preguntar ¿a qué le teme? ¿por qué seguir hundiendose a la vista de todos? —No tiene ningún... —¿Derecho? Tienes razón, no lo tengo. Esto no es mas que por mero gusto. Dígame, Romina ¿que la asusta? Su voz era calmada, casi seca e indiferente, pero había muchas cosas en cada palabra que pronunciaba. Cada sílaba encerraba una interrogante diferente. Una interrogante y también una pizca de veneno. —Vine a trabajar. También iré al instituto. No veo nada raro en mi rutina ¿qué le inquieta a usted? Busca algo que no hay. Pregunta cosas que no necesitan respuesta. Estoy perfectamente —Quise agregar un encogimiento de hombros, pero los tenía demasiado tensos para moverlos —si no he accedido a ir con un psicólogo es porque no lo necesito. Y si he estado triste es normal. Mi madre está muerta. La ultima persona que me quedaba. Me siento hipócrita al usar ese ultimo recurso. — Bien—Asintió él.—Me temo que no le he dado mi pésame como es debido. Soy un oficial y no me pagan por eso, pero aun asi, Romina. Lamento mucho lo que le sucedió. —Gracias —acepto con las brusquedad de la que debería. —Ah, y me debo en la necesidad de informarle que su casa dejó de ser una escena del crimen. Puede ir cuando quiera. —No quiero regresar ahí —las palabras salieron atropellasas. Katian me dio una mirada curiosa. —Eso es entendible. —¿No va a preguntarme por qué no quiero volver? —pregunté confunsa. El solo se limitó a sonreir de lado. Y eso no me inspiró confianza. El sabía algo. Sabía cosas. Y eso no era bueno. —Debo volver a casa —Retrocedí un paso, pero no me alejé. Sentía que estaba ahogandome. —No le quitaré mas tiempo —Busco algo dentro de su bolsillo y luego me lo tendió. Era una tarjeta. —Llameme si necesita algo o simplemente hablar. Tendré un momento, descuide. Hasta luego, Romina. Fue bueno verla. Me dio la tarjeta y se alejó en dirección contraría. Me quedé de piedra, observando la silueta de su espalda, sintiendome temblorosa y con dudas, hasta que finalmente se perdió entre la marea de cuerpos que transitaban por la acera. Miré la tarjeta en mi mano y la apreté en un puño, pero no me deshice de ella. Casi quise reirme de la situación. Yo era consciente de que quizá algún día le tomaría la palabra. Puse el número telefónico en uno de mis bolsillos y eche a andar. Oscurecerá pronto, así que la mejor opción quizá sea buscar un taxi, siento las rodillas demasiado temblorosas como para caminar. Y me siento demasiado inestable para mi seguridad. Debo volver a casa cuanto antes y ver a mi nueva familia. Nunca antes me había sentido tan ansiosa por volver a mi hogar. Supongo que así se siente tener un lugar cálido al cual volver.
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