Anoche, Lucía Mendoza, la buena, la manipulada por su madre, la cornuda, encontró su fin. Las dos personas que más quería me traicionaron. Mi madre tejió mentiras, intentó manejar mi vida, me oprimió por mucho tiempo, pero eso terminó. Franco, por su parte, destrozó mi corazón; ya no creo en el amor ni en los hombres. Ahora, solo me interesa una cosa: ser la mejor actriz del mundo, y lo lograré. Ya no me importa nada. Con meticulosidad, apliqué rímel n***o, realzando mis pestañas para intensificar la mirada. Los labios se vistieron de rojo, un labial que gritaba pasión. Envolví mi figura con un jean corto que abrazaba la silueta, mientras un top n***o escotado sugería confianza y determinación. Cada detalle, cuidadosamente elegido, era un paso hacia la metamorfosis que buscaba. Es hora

