— Hola, veo que ya conociste al pesado de mi hermano — comenta Ana divertida. — Sí. — Los dejo hablar, nos vemos, rubia — me guiña el ojo y marcha. Este individuo resulta verdaderamente insoportable; parece que se avecinan unos meses prolongados de convivencia. — Cuéntame, Lu, ¿qué tal el viaje? — Inicia Ana — Muy tranquilo, vamos, quiero ver a la abuela. — Vamos, le va a encantar verte acá. Hoy tuve un día encantador con mi abuela, compartiendo conversaciones profundas y significativas. Después, me retiré a mi habitación, donde me sumergí en un jacuzzi iluminado por velas. Fue una experiencia tan relajante y reconfortante que coincido plenamente con Miranda; fue una necesaria pausa que ambos apreciamos. Al salir de mi habitación, me llevé una sorpresa desagradable al encontrar a D

