Así llegamos al barrio c***o que seguía siendo todo menos eso. A esa hora los dueños de lo ajeno todavía no exponían sus mercaderías y solo era un barrio más de la ciudad. Entramos a una casa que tenía en vez de vidrios en las ventanas cartones reciclados. Cris me contó que en un lío que se había armado entre los vecinos y que querían botarles del barrio por ruidosos y drogadictos, uno de ellos lanzó una piedra grande y rompió los vidrios. —Rodri dijo que no pagará vidrios nuevos —Cris alzó los hombros—, igual él ya no está acá y a la que le entra el frío es a mí. —¿Por qué no vamos a comprar al menos un par? —le ofrecí—. En casa tengo algo de plata. —¿Pará qué haríamos eso? Si cuando vuelva, si es que vuelve, los va a romper él mismo. —Pero si ese tipo está demente. —Demente es poc

