El ambiente en la habitación se pone caluroso. El vapor de nuestros cuerpos nos envuelven. Sus besos me enloquecen, sus manos van directamente a mi culo y lo estruja. —Amor siente como me pones —me apreciona contra su m*****o más que erecto. Bamboleo mis caderas, enloqueciéndolo. Gruñe. Sonrío. Lo enloquezco con mis movimientos, su vista se fija en mis senos, van y vienen. Eso parece cautivarlo porque se queda ensimismado viéndolos. La habitación se inunda de nuestros jadeos. Me levanto encima de él quitándome el pijama, quedándome como Dios me trajo al mundo. Se atraganta, abre y cierra la boca. —¿Te tuve toda la noche en mi cama durmiendo así, sin nada bajo el pijama? —pregunta aturdido. Le doy sonrisa que lo enciende más de lo que está. El mismo se quita el bóxer liberando

