—Veo que son un grupo grande —anuncia el guía—. Gua, doce personas. ¿y tú como te llamas campeón? —le pregunta a Luciano. El pequeño lo ve indeciso. Su padre lo alienta y responde con una voz que enternece. —Luciano Montalvo. —Bonito nombre para un hombrecito —levanta su mano—, choca esos cinco. El niño le corresponde y el guía sonríe. —Buenos días, me llamo Cesar García y seré su guía en esta aventura —nos vamos adentrando a la cueva—. Si es primera que vienen debo decirle que, a partir de aquí, no se permite ningún tipo de teléfonos o cámaras fotográficas debido a que nuestros queridos guacharos son sensibles a la luz, por eso salen de noche —estamos todos en fila, yendo por un camino, al lado hay una especie de una laguna, y un cocodrilo de barro—. Por ser temporada baja y un

