Verme en la calle con él era como estar con cualquier amigo. Creo que nadie podría tener una idea de lo que ese hombre era para mí en la intimidad. Pero en la realidad mi “afecto” por él era más una respuesta instintiva de supervivencia o un estrés postraumático complejo que el síndrome de Estocolmo o enamoramiento. - Disculpen —Interrumpió una chica entregándonos el menú— Cuando estén listos para ordenar o si necesitan algo, no duden en hacérmelo saber. - Gracias —Dijo Javier tomando la pequeña carpeta que la chica le ofrecía. La chica se retiró. Javier colocó el menú sobre la mesa y me miró nuevamente. - Ana, quiero que respondas con toda la sinceridad del mundo —Mantuve mi mirada en la suya— ¿Por qué me rechazaste? —No tenía una respuesta clara en ese momento. - Quisiera darte una

