GRECIA

1072 Palabras
CAPÍTULO 2 - GRECIA . Un entorno elegante, el mar azul cobalto y una vegetación profusa, todo es encantador. Es que a Ágata solo le importa conocer a Tono, la mano derecha de su papa en Europa para poder medir cuanto podría manejarlo. Cada suite ofrece un nivel inigualable de confort con salas de estar, cocinas y baños bellamente terminados, mientras que las habitaciones King cuentan con suntuosas camas. Estaba acostumbrada al lujo, a pesar de haber nacido en una familia humilde, su papá se encargó de brindarle todo lo que merecía su princesa, como le decía. Todas las habitaciones que pudo ver en esos días, estaban terminadas en colores claros con muebles tradicionales. Ya estaba casada. Ahora podría manejar su vida como siempre quiso. Cumplió con las normas establecidas por aquella familia tan convencional, y sangró mucho en la noche de bodas. Igual, el verdadero amor era de Alfonso. Había cumplido su parte. La que la ligaba a la lealtad familiar, y ahora, por fin, era libre. -En la terraza del restaurante se sirven especialidades culinarias y una amplia selección de vinos, mientras que el bar ofrece un entorno con vistas al mar para tomar un cóctel o un café. Hay otros restaurantes a poca distancia a pie donde también se pueden disfrutar sus cocinas mediterráneas- seguía enumerando el encargado del hotel donde se hospedaría. Se mostraba muy atento, lo tenían amenazado. Para la joven, Todo. Siempre había sido así. Todo y nada. Recién casada y sola. Sola pues a su reciente esposo lo habían mandado a desentrañar una extorsión que no había salido muy bien. Imperturbable, pidió ir a la cita con Tono. Y que le reservaran el Spa. Ante una mueca extraña del empleado, una mirada fulminante lo llamó a silencio. Bien, así deben tratarme. Bien. Bien. Avanzaba hacia la mesa tratando de hacer una reseña del sitio donde se hospedaba para enfriar las entrañas, extrañaba a Alfonso, pero debía estar a la altura del encuentro cuando el mafioso cuando girara la cabeza. Si, la figura masculina a la que se dirigía estaba de espaldas. Ni siquiera en esta circunstancia se pondría de frente. ¿No tiene la curiosidad de verla avanzar? ¿Mirar hacia el mar es más importante que ella? Casi pierde los estribos cuando al acercarse vio su dificultad para ponerse de pie. Cojeaba de una pierna y era indisimulable, pues no podía asentar ambos pies con regularidad. Soy Tono-, dijo, -diminutivo de Antonio- y creyó que era una broma de mal gusto. Le tendió la mano, que quedó medio laxa por la impresión. A ver, claro que acepta a las personas con sus discapacidades, por supuesto que sí. La enojan los sitios que no tienen rampas, ni los espacios que se necesitan para los discapacitados motores, o su traslado. Hay una sociedad que los estigmatiza, es cierto. Que no los incluye. Aunque de algún modo estorban… . Esto pensaba, mientras se dejaba caer en el asiento de al lado, gracias a Dios, que miraba al Egeo y por lo tanto el tal Tono sólo vio una mueca de su rostro pétreo. Al menos era italiano, y simpático… Tono se deshizo en elogios hacia ella, sabiendo quién era. La joven permanecía muda. Otra discapacidad- pensó sonriendo apenas. El tema es que, entre los intentos de entender un idioma italiano enrevesado, mezclado en buenas proporciones con el español, Tono terminó diciendo que era la mano derecha de su padre. Otro discapacidad- concluyó jajaja y rió tanto, que Tono se unió no entendiendo bien el porqué, aunque un poco aliviado, no tenía claro cómo tratar a una jovencita, pero eran las instrucciones recibidas. Pidió disculpas en nombre del jefe, así lo llamaba, y luego de mostrarse ocurrente y solicito pidió más champagne, mientras le decía que tendría novedades de Vicente, su esposo, a diario. Que lo detenían negocios en New York y que pedía disculpas. Preguntó que si estaba cómoda y dejo claras indicaciones de que debían darle todo y más de lo que necesitara y pidiera. Invitada estelar, decía y en un momento dado vi por el espejo que le hacía una seña de cortar cabeza a un empleado que lo atropelló sin querer. Ocurrente y mafioso. Pensó en presentarlo con Carla, una conocida, quién también cojea, pero para el otro lado. Quizás podrían ser compatibles. Una de las cosas que siempre llamaron su atención de la mafia palabra que proviene del árabe: bravuconería, jactancia, chulería…fueron las frases tan conocidas de Michael Corleone y que le apasionaba repetir cuando pequeña… Le haré una oferta que no podrá rechazar Cuando me enfermo me hago más sabio, cuando muera seré un genio Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera. Nunca supo si en su árbol familiar anduvo algún Corleone, Sabía que las familias en Italia, vinculadas al crimen todavía existían. Amaría conocerlas Y encima recordar estas frases y la última en particular: Se puede matar a cualquiera… Pidió que subieran una botella de Don Perignon al cuarto, tenía mucho para pensar. Alfonso ya formaba parte del grupo de tareas de su padre y ella había pedido que tomara el siguiente vuelo. Una habitación en el mismo piso, lo recibiría apenas arribado. Ya tenía los síntomas de abstinencia. Era su luna de miel. La habitación, una suite en la parte más del hotel, era inmensa y estaba llena de flores. Cuando le trajeron el Don Perignon, se abrió la bata y comenzó a rozar su piel, blanca, expectante, tanto que se tradujo en esa piel de gallina que se volvía gruesa y explosiva, mientras la acariciaba. Imaginó que las rudas manos de su amante la recorrían, se mojó los labios para recibir un beso, proyectando a su Alfonso, tan viril y vicioso. Lasciva, recorrió su cuerpo, orgullosa, apretando, sintiendo. Despacio, recorrió con el índice la areola, primero de sus senos, para tocar las puntas erectas de sus pezones, duros, ansiosos. Ambas manos, ahora, apretaron las tetas, grandes, henchidas de deseo. Volvió a sacar la lengua, como lo vio hacer a su Alfonso y mojó sus dedos, bajando hasta el clítoris, que parecía retorcerse ávido de amor. Pedía acabar, como ella se lo había gritado aquella noche, y la mojaba, y subía y la obligaba a subir también y a bajar, sabiendo dónde oprimir, donde buscar, un gemido grueso primero y un grito después, la llevaron al clímax. Suspiró satisfecha y se quedó dormida.
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