«¿Dejé las llaves? ¡Carajo! ¿Dónde tengo la cabeza? Ah… En los besos de Hades.» Lenet lo miraba sin poder disimular el asombro. Pero algo dentro de ella se encendía, un deseo insidioso y abrasador. Adrik la observaba con una determinación inquietante, sus labios curvándose en una sonrisa que era puro desafío, pura tentación. Ella no pudo evitar perderse en él. Sus labios parecían invitarla. Su garganta, su pecho fornido, la cadena de plata que descansaba sobre su piel. La camisa blanca, ajustada sobre su torso imponente. Los pantalones oscuros, el traje perfectamente confeccionado. «¿Quién es realmente este hombre? ¿Cómo me encontró? ¿Desde cuándo me sigue?» Adrik mantenía las manos en los bolsillos, pero su mirada permanecía fija en la de ella. Sabía lo que veía en sus ojos: hambre. Y

