16. Regresando a la vida.

1526 Palabras
Cuando el médico dijo que podía irme a casa, juro que fui feliz. Y más aún, cuando Raffael estaba a mi lado con una expresión encantadora, otro ramo de rosas y con el contrato abolido para siempre. Cuando preguntó si sentía lo mismo, mi respuesta fue un sí seguro y espontáneo. No había más que decir. Yo quería liberarme del contrato y también quería una oportunidad con Raffael. Pero antes me aseguré que no hubiese falsedad ni nada que nos estorbara a ambos. Sería una nueva etapa en mi vida. Un nuevo comienzo. Y eso me emocionaba. Annie tenía razón, estaba regresando a la vida. Ese día... Mi madre escribía una lista de compras, que mi padre se encargaría de ir por ella. Annie y Philipp disfrutaban juegos de mesa. Y Raffael y yo conversábamos acerca de nuestra primera cita oficial. — Quiero que sea de noche y con una vista espectacular. — ¿El restaurante donde te pedí matrimonio? — Exactamente. Por la presión de ese día no pude disfrutar de casi nada. Pero esta vez es diferente. Raffael tomó mi mano. — Será diferente. Lo prometo. Estar rodeada de las personas a las cuales amaba y las cuales habían cuidado de mí después del accidente, llenaba mi pecho de gratitud y felicidad. Ver a Raffael comprometido con el comienzo de nuestra nueva historia me tenía como una adolescente que siente mariposas en su estómago de solo tenerlo cerca. Mordí mis labios al verlo cercano y atractivo como de costumbre. Sus ojos azules se dirigieron a los míos y pasó lo que había estado esperando desde que dije sí. Acercó su rostro al mío y en un instante lleno de nerviosismo él me besó. Fue el mejor beso que haya recibido antes, sutil, delicado pero a la vez apasionado. Fue experimentar nuevas sensaciones recorriendo mi cuerpo. Yo deseaba a Raffael Dunne. Y probar sus labios fue solo el principio de una nueva adicción. Porque quería más... más de él. Nos besamos durante unos segundos. Cuando abrí mis ojos después del beso, teníamos sobre nosotros las miradas de todos en la casa. Mamá hizo como si no había visto nada, cuando claramente lo vio todo. Papá parecía anonadado. Y es que cuando les conté que iniciaría una relación real con Raffael, ambos no se opusieron, al contrario, dijeron que era lo correcto. Sobre todo, cuando mencioné que no habría contrato ni nada parecido de por me dio. Annie y Philipp solo rieron alegres. Era algo que veían venir. Ellos también estaban iniciando una relación. Mi mejor amiga estaba feliz y yo me alegraba por ella. Annie tenía una vida complicada. Su familia nunca aceptaría a Philipp como su novio o en un futuro, como su esposo. El motivo: No era empresario millonario. Así que Annie se las había ingeniado para huir de dos intentos de matrimonios arreglados que su padre había preparado para ella. La primera con un político corrupto y la segunda con el dueño de una cadena de supermercados que poco tiempo después se fue a la quiebra. Por ello era significativo para mí que ella encontrase la verdadera felicidad. — Me encantan tus labios. Raffael susurró a mi oído. — Y a mí los tuyos. Esta vez fui yo quien lo besó. Mis manos se dirigieron a su cabello. Y luego bajaron a su rostro, lo sostuve y pude tocar sus mejillas. Profundizamos el beso, a tal grado que nuestras lenguas jugaban juntas. Era excitante nuestra conexión. Sin embargo, Raffael se detuvo. — Creo que debemos contenernos. Dijo separándose y riendo. — Aún debes guardar reposo. Me recordó y yo sonreí avergonzada de mi evidente rubor. Me encontraba acalorada. — Lo siento, yo me dejé llevar. — No te disculpes. Yo también me dejé llevar. En ese momento el teléfono de Raffael empezó a sonar. Vio el contacto que lo llamaba y me dirigió una mirada dudosa. — Es mi padre. Informó. — Puedes contentar. Le dije y él me tomó la palabra. William seguía enfadado con Raffael. Así que esa llamada solo confirmaba que estaba dispuesto a ceder, después de amenazarlo con dejar a George a cargo de la empresa. Cuando terminó la llamada. Supe que no eran buenas noticias. — William viene para acá. — ¿Es bueno o malo? Quise saber por la preocupación en su rostro. — Es medianamente bueno. — ¿Por qué? — Significa que está interesado en tu salud y que sigue creyendo que estamos comprometidos. — Espero que eso lo detenga a dejar la empresa en manos de George. No quería ver a Raffael deprimido ni molesto. Cuando quieres a alguien solo le deseas el bien, y para Raffael la compañía era importante. Así que yo anhelaba que se quedase al frente de la presidencia de RED. — Lo más seguro es que después de esta visita, tomé una decisión. — Le diré a mis padres que William Dunne vendrá a casa. Así estarán preparados para recibirlo. Asintió, quedando en silencio. Cuando mis padres lo supieron no se inmutaron ni se alarmaron, como yo esperaba. Más bien se prepararon mentalmente. Era un paso importante para nosotros con Raffael, que nuestras familias se conociesen, sin antes saber lo que eso conllevaría más adelante... William llegó después de media hora. Pero para nuestra desgracia. No llegó solo. Dos personas a su lado entraron como una pareja de millonarios que menosprecian a todos, sobre todo a mí: George y Amanda entraron con su presencia imponente y perturbadora. Cuando me vieron en el estado en el que me encontraba, no pareció importarles mi salud en lo absoluto. Sin embargo, era algo que se esperaba de ellos. Entonces... ¿Qué hacían en mi casa si ambos nos odiaban? — Buenas tardes. Saludó William. — Me presento, soy William Dunne, padre de Raffael. Él es mi hijo George y ella es mi nuera Amanda. Ambos saludaron para salir del compromiso. Porque parecía que estaban disgustados estando en mi casa, que no era una mansión lujosa, pero era modesta. Cuando Annie vio a Amanda, quiso asesinarla con su mirada. Yo le había contando todas las atrocidades que había hecho conmigo, así que la detestaba tanto como yo. — Me enteré del accidente que sufrió Lena y he querido visitarla, ya que mi hijo está aquí. — Es un gusto conocerlo señor Dunne. Respondió mi padre y procedieron a presentarse. Después de las formalidades, nos sentamos todos juntos a conversar. Era una reunión incómoda, sobre todo cuando sientes que hay tensión en el ambiente. Era exactamente lo que estaba sucediendo. — Mi hijo, ha cometido muchos errores, soy consciente de ello y él también. Por esa razón, quiero saber si Lena sigue dispuesta a casarse con él y si ustedes como sus padres, están dispuestos a aceptarlo de nuevo. La mirada de todos los presentes cayó sobre mí. Pero sentí más el peso de los ojos de Raffael. Y todo se debía a que nuestra relación sincera recién empezaba, no había contrato ni presiones de por medio. Entonces, según él, yo no podía aceptar una propuesta de matrimonio tan apresurada. Llamó mi atención la expresión de Amanda. Ella estaba expectante a mi respuesta. No podía creer que después de sus intentos por separarme de Raffael, nosotros siguiéramos juntos hasta ese día. No le iba a dar el gusto de ser la esposa del presidente de RED. Tampoco le daría el gusto de verme alejada de Raffael. Así que los observé a cada unos de ellos. Y por último vi a Raffael quien no me presionó en ningún momento. Supe mi respuesta... Sin presiones y siguiendo la emoción de mi pecho, respondí a William. — Nuestros planes de boda siguen en pie. Dije con firmeza. Mis padres se sorprendieron, Annie y Philipp aplaudieron. William sonrió y felicitó alegremente a Raffael por recuperarme. Pero Amanda, ella quería asesinarme. Acepté que nuestros planes de boda seguían en pie, porque si mi relación con Raffael iba por buen camino, era inevitable que terminaramos casados... ¿cierto? Entonces no estaba mintiendo solo adelantándome a los hechos. Por lo tanto, no había hecho algo de lo cual me arrepentiría después. Cuando las felicitaciones terminaron. Amanda buscó la forma de acercarse a mí. Pero no me sorprendió. Ni siquiera hice el intento por girar a verla. — Se nota que aceptaste solo para fastidiarme. Dijo de soslayo. — ¿Siempre crees que el mundo gira alrededor de ti? Respondí fastidiada. — Lo siento querida, pero soy muy importante, quizá tu mundo gira alrededor de mío. Después de todo Raffael fue mío mucho antes. — No me importa en los absoluto. Debes anvanzar, porque te has quedado en el pasado, querida. La última palabra la dije imitando su acento. Lo cual pareció desagradarle. En ese momento llegó Annie y se colocó a mi lado lista para pelear por mí, si era necesario pero al notarlo, Amanda se fue con George y cuando vi al auto al que se subieron, un recuerdo vago cruzó mi mente. Era un auto rojo. Idéntico al que me había arrollado. No podía ser posible. ¿Era capaz Amanda de intentar asesinarme? ¿Fue solo una coincidencia?
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