Mis ojos se resistían.
Por más intentos que hiciese, no lograba abrirlos. En la las lejanías de mi subconsciente escuchaba murmullos. Voces que conversaban sollozando a mi alrededor. Había pánico en sus palabras. Quería con todas mis fuerzas abrir mis ojos, pero no podía, la carga en ellos resultó más pesada.
Al menos por unas horas más.
Porque después de quedar dormida profundamente. Una luz me despertó. Recobré la conciencia paulatinamente hasta que mis ojos al fin lograron abrirse.
— Está despertando.
Dijo la voz frente a mí.
Era el médico que me revisaba en presencia de mi madre.
La vi y lo único que pude hacer fue sonreír levemente al notar que se encontraba llorando junto a mí. Sus mejillas húmedas por las lágrimas que las habían recorrido. El doctor se apartó y mamá me abrazó con delicadeza.
— Hija, creí que te perdíamos, pero has despertado. ¡Es un milagro!
Mi voz no emitió palabras. Estaba tratando de analizar la situación. Había despertado en la habitación de un hospital, con mi madre diciendo que casi moría y mis pensamientos aún borrosos. Lo único que recordaba claramente era a Raffael en el restaurante con el anillo de compromiso y su mirada condenada a perder su poder al frente de RED.
"Es tu culpa" Susurró una voz en mi cabeza.
"Es tu culpa" Dijo otra vez.
Las lágrimas de mamá empezaron a mojar mi hombro donde ella se había recostado a llorar.
— Fuiste atropellada dos noches atrás.
Dijo mi madre sujetando mi rostro con sus manos. Sentí dolor en mi cabeza y cuello.
— El golpe en la cabeza ha dejado lesiones, algunas más graves que otras pero estarás bien, bajo reposo absoluto. Nada de trabajo físico ni de emociones fuertes. Eso podría complicarnos la situación. Estarás en el hospital un día más para realizar los últimos exámenes y ver cómo respondes al tratamiento suministrado el día de hoy.
— Gracias doctor.
Dijo mi madre secando sus lágrimas.
— Ya puedes recibir visitas.
El doctor me ofreció una amable y condescendiente sonrisa.
— Eres fuerte Lena. Tu novio también está fuera.
El doctor bromeó con intención de aligerar mi dolor y frustración al verme postrada en una cama de hospital.
— ¿Novio?
pregunté confundida.
— Raffael.
Respondió mi madre.
— Fue él quien te trajo al hospital y no se ha movido de aquí. Ha estado pendiente de todo. Debo admitir que se ha portado como un buen hombre.
Que Raffael estuviese allí afuera y que haya estado preocupado por mí, me hizo sentir bien de alguna manera. Hasta el punto de suspirar melancólicamente. Me sentía mal por dejarlo solo después de la propuesta de matrimonio y peor aún, el haberla rechazado.
— Las dejaré solas para que sigan conversando.
Informó el médico y salió de la habitación. En cuanto salió, mamá se recostó de nuevo junto a mí. Ambas quedamos viendo el techo en un pacífico silencio. Eran muchas las emociones que estaban inundando mi vida en ese día.
— Annie está afuera, le diré que venga a verte. Te hará bien conversar con ella.
Asentí. Mamá se separó y buscó la salida. No había querido mencionar las ojeras en su rostro gastado, pero era inevitable no darme cuenta que estaba agobiada y cansada después de dos días de mi estancia en el hospital.
Pasaron unos minutos y Annie entró a la habitación. Llevaba un vestido en blanco y n***o en estilo asiático. Al verme corrió hacia mí y me abrazó con tanta emoción que di un pujido cuando mi cuerpo me recordó que estaba convaleciente.
— Lena. ¿Por qué no te fijas al cruzar la calle?
Me regañó intentando parecer molesta.
— Callate.
Le respondí bromeando.
— Con callarme no vas a detener que te regañe. ¡Por Dios Lena! Me has dado un susto. ¿Cómo debería sentirme si me quedara sin mi mejor amiga, sin mi hermana? No te dejaré cruzar sola la calle nunca.
Una lagrima se desprendió de su ojo derecho. La cual, intentó ocultar para no ponerme triste.
— Me aterró la idea de perderte. Bueno, a todos nos preocupaste, hasta Raffael está aquí. Y debo confesar que es un Raffael diferente al que conocía.
Creí que era el momento indicado de contarle sobre la propuesta de Raffael.
— Esa noche Raffael me propuso matrimonio, yo no estaba preparada para una petición como esa. Así que dije que no y huí del lugar. Estaba ofuscada, solo quería correr de ahí y al cruzar la calle pasó esto...
— ¿Qué razones te llevaron a rechazarlo?
— Me conoces Annie, yo no podría casarme con él solo apariencias y beneficios.
— Sabías que ese era un riesgo al firmar un contrato de compromiso.
— Lo sé y me arrepiento. Pero yo creí que era sólo ser su prometida. Llegar al altar es una situación que ambos no deseamos ni si quiera lo queremos. Solo sería por obligación.
— ¿A ti te gusta él?
No respondí. No sabía que era lo que sentía realmente por Raffael en ese momento. Solo que había descubierto una nueva idea de él. Y esa idea me hacía verlo diferente.
— ¿Estás enamorada de Raffael?
— ¡No!
Respondí al instante.
— No todavía.
Intenté arreglar mi respuesta tan apresurada.
— ¿Todavía?
— Como tú dijiste, Raffael ha sido diferente a lo que de él creíamos y tenerlo cerca me pone nerviosa. Creo que podría llegar a gustarme. No imaginé decirlo en voz alta nunca.
— Creo que Raffael está en la misma situación que tú. Porque si no le importaras, no estaría afuera esperando para poder verte.
— ¿Quiere verme?
— De hecho, él es el siguiente. Así que me retiraré y vendré a verte mañana. Disfruta tu conversación con el apuesto y transformado Raffael Dunne.
— ¿En serio crees que quiero hablar con él en este estado?
— Con o sin maquillaje, eres hermosa. Los moretones y lesiones van a sanar y volverás a ser la radiante Lena Doye. Espero que aproveches este momento y hables con él sobre lo que realmente sientes.
— No creo poder hacerlo.
— Si no hablas ahora, podrías perderlo todo. Y habrás firmado ese contrato por nada. Quedarás como al principio.
— Annie, nunca habías sido tan sabia.
Le dije. Ella sonrió.
— Lo que pasa es que ahora veo el mundo diferente.
Respondió cerrando la puerta. En ese momento pensé en Philipp. Quizá el tenía que ver en algo con la felicidad que Annie irradiaba. Después de todo, el amor nos cambia a todos. Hasta a las personas más obstinadas y los más escépticos.
Cerré mis ojo por unos instantes, nerviosa porque Raffael entraría en cualquier momento. Y así sucedió...
Entró con su peinado perfecto. Su aroma a loción francesa. Llevaba una camisa suéter elegante en color vino . La cual daba realce a su rostro y cabello.
Llevaba consigo un ramo de rosas Rojas el cual colocó junto a mí para luego verme sin decir nada por unos segundos. Aparté la mirada y vi de nuevo las rosas. Estaban tan frescas que su aroma recorrió mis fosas nasales. Ese detalle me regresó de cierta forma a la vida.
— Creí que querrías ver algo de color vívido y alegre.
— Muchas gracias.
Intenté sonreír.
— ¿Cómo te sientes?
Preguntó preocupado al notar los golpes y raspones en mi cuerpo.
— Me duele todo pero agradezco estar viva.
— Cuando te marchaste salí tras de ti pero ibas tan rápido que al salir del restaurante ya estabas en la calle. Supe que eras tú por el color de tu abrigo. Desde ese momento he pensado que lo mejor será deshacernos del contrato.
Mi corazón se aceleró sin querer. Esa era una gran noticia. Pero Raffael no se detuvo allí.
— y así poder conquistarte sin contrato de por medio...
Hizo una pausa.
— Solo si tú sientes lo mismo.
Se acercó a mí viéndome a los ojos.
En ese instante mi corazón iba salirse de mi pecho.