Estancados en medio del tráfico fuimos dos cuerpos cercanos pero dos almas distantes. Como el cielo y la tierra, como el fuego y el agua. Yo era la tierra y él era el cielo. Yo fui el agua y él fue el fuego.
Mi esperanza fue arrastrada esa noche en aquel restaurante lujoso de azotea. Con el firmamento como testigo y las estrellas como invitadas. Todo se rompió ahí, como un cristal que cae sin previo aviso. Y quedé a oscuras, como una noche sin luna.
Al bajar del auto acomodé mi abrigo color marrón para protegerme del frío. Raffael extendió su mano para sostenerme. El tacto con su piel pudo hacerme estremecer, sin embargo, en vez de sentir tranquilidad, sentí incomodidad. Ya que Raffael actuaba extraño desde la conversación con Henry.
Afuera, el viento recorrió la avenida. Los árboles se mecieron al ritmo de la brisa y las luces parpadearon por un instante. El edificio frente a nosotros iluminado en rosa neón. Daba la bienvenida a las parejas que se proponían pasar una noche romántica.
¿ A caso también sería una noche romántica para mí o se convertiría en una tragedia?
Al entrar Raffael recordó al mayordomo la reservación que había hecho para esa ocasión. El cual nos guió hasta la azotea del mismo. Desde lo alto se tenía una vista panorámica de la ciudad nocturna y del cielo plagado de estrellas.
Raffael me ubicó en mi lugar frente a él. Pidió champaña y aperitivos para empezar. Hasta ese instante ninguna palabra había salido de su boca. En mi interior sabía que algo andaba mal. Desde el momento en el que mencionó que las cosas habían cambiado y desde que había llegado por mí a la cafetería. Eso solo demostraba que estaba desesperado.
La situación seguía incómoda con él frente a mí, silencioso y preocupado. Revisé mi teléfono, encontré llamadas perdidas de Annie y también de mamá. Era una mala costumbre mía, el ponerlo en modo vibrador. Ignoré ambas y me puse a observar cada detalle en el rostro de Raffael. Era fascinante hasta dejar sin aliento.
Sus ojos me sorprendieron viéndolo. Sonrió sorpresivo y luego esa sonrisa desapareció cuando hizo una pregunta que yo estaba evitando. Porque si la hacía, diría cosas de las que después me podía arrepentir.
— ¿Quién es Henry?
Preguntó tomando de su copa de champaña y con toda su atención puesta en mi respuesta y mis gestos. Detestaba ser observada de esa manera tan directa.
— Por el momento es solo un amigo.
Respondí sin temor a molestarlo y sin esconder mis verdaderas intenciones a futuro. Mi unión con Raffael no iba a determinar mi vida para siempre y tampoco estaría atada a él toda la vida. Tenía un límite y ese límite estaba por romperse. Así que después de todo, no me arrepentí de ser honesta.
— ¿Por el momento?
Respondió con otra interrogante. Eso pareció descolocarlo y bebió más de su copa.
— Lo nuestro es cuestión de tiempo. Después de lograr ambos nuestros objetivos, seguiremos con nuestras vidas como eran antes de conocernos.
Raffael por muy atractivo que me pareciese, era un hombre imposible. Su cercanía muchas veces me había hecho dudar. Sin embargo en el trayecto en el auto, comprendí que toda esperanza absurda con él, debía desaparecer de mi mente lo antes posible. Jamás estaríamos juntos por sentimientos reales. Yo no era su tipo de mujer y él no era mi tipo de hombre.
En cambio Henry sí lo era. Y no dejaría ir la oportunidad de un hombre que se interesaba por mí de manera real y que lo demostrase sin importar dónde, cuándo y con quién.
— Quizá tengas razón pero también tengo razón yo al decir que ese hombre no te conviene.
— Ni siquiera lo conoces.
— Lo conozco más de lo que puedas imaginar.
— Cualquiera pensaría que estás celoso.
— Trato de protegerte.
— Bien, solo tratas de protegerme.
Respondí imitando su respuesta y la manera en la que lo había dicho. Estaba a punto de agregar algo, cuando el mesero llegó con nuestra orden y empezó a servir.
La comida olía delicioso.
— Además no creo que lo nuestro termine tan pronto para que puedas correr a los brazos de ese sujeto. Como lo dije, los términos de mi padre han cambiado.
— Me estás poniendo nerviosa.
— Desde el escándalo en la fiesta de compromiso, mi padre quiere que George sea el próximo presidente de la compañía. Y solo existe una forma para que me dé otra oportunidad.
— ¿ Cuál es esa forma?
— Mi padre quiere que tú y yo nos casemos cuanto antes. Así que lo diré una sola vez y espero que tu respuesta sea sí.
Hizo una pausa y sacó un anillo de compromiso.
— ¿Lena quieres casarte conmigo?
Quedé sin palabras. Por un momento creí que todo era un sueño. Raffael Dunne me estaba proponiendo matrimonio en un lujoso restaurante bajo la luz de la luna. El único inconveniente: que era una falsa propuesta El contrato que firmé citaba que sería su prometida por el tiempo necesario, no su esposa. El matrimonio para mí era demasiado.
No era la forma en la que imaginé que alguien me pediría matrimonio.
— No puedo.
Respondí. Pude ver la decepción en sus ojos. Algo en mi se rompió y en él también. Ambos estábamos destruyendonos sin darnos cuenta.
Nuestras esperanzas murieron con mi respuesta. Su cargo frente a RED y mi cafetería. Todo se desvaneció ante nuestros ojos. ¿Por qué yo tenía que cargar con tanta responsabilidad? ¿Por qué todo dependía de mi respuesta?
— Piensa en tu cafetería.
Raffael intentaba tocar mi punto sensible. Sin embargo ¿La cafetería valía la pena hasta el punto de llegar a un matrimonio falso con Raffael?
La respuesta la sabía: No lo valía. Antes estaba mi felicidad y en un matrimonio por contrato no lo estaba.
— El contrato que firmé no hablaba de matrimonio. Me estás pidiendo demasiado.
— Créeme que hasta para mí es demasiado. Pero es la única salida. De lo contrario no estaría aquí pidiéndolo casi en una súplica.
— Proponle matrimonio a Samantha.
— Mi padre te quiere a ti como su nuera. Eres especial Lena. Solo tú no lo ves. Mi padre lo vio en ti y cree que eres la mujer que me conviene.
— Pero no sería real. Yo simplemente no puedo.
Dije huyendo del lugar. Él quedó solo, viéndome partir. El anillo en sus manos extendidas. Pero no valía la pena vivir un matrimonio falso a su lado.
Porque yo... yo podría enamorarme de él. Y ese miedo me hizo huir. La cafetería no me importó. Nada importaba en ese momento. Bajé las escaleras a prisa, salí del edificio ofuscada sin mis pensamientos claros. Me acerqué a la acera para cruzar la calle y tomar un taxi.
Pero todo salió mal esa noche: Rechacé la propuesta matrimonial de Raffael y al cruzar la calle, iba tan distraída que solo sentí el impacto de un auto al arrollarme.
Era un auto rojo. Fue lo único que vi antes de cerrar mis ojos perdiendo conciencia. Todo quedó a oscuras. Todo se esfumó...