13. Marcando territorio.

1256 Palabras
Cuando llegué a casa con mis padres sabía que había actuado mal desde el principio. No era común en mí, mentirles y ocultarles secretos. Todo se debía a Raffael. Él no me obligó a nada, fue mi decisión firmar el contrato, pero estaba llegando a mis límites. En el contrato habíamos acordado que yo sería su falsa prometida hasta que él se quedara en la presidencia de RED. ¿Y si eso nunca sucede? Fue la pregunta que mi madre hizo cuando intenté explicar mis razones por las que firmé. Y esa interrogante fue la que implantó en mí las dudas. En la fiesta las cosas habían salido mal. Raffael y yo no habíamos hablado desde ese día. Quise creer que estaba tan ocupado lidiando con su padre y la empresa que no se había comunicado conmigo por ese motivo. Al día siguiente de la fiesta fallida, salió un comunicado de Raffael en el que declaraba que su relación con Samantha Bridge había terminado hacía meses y que las fechas de en las fotografías habían sido alteradas. Además reafirmaba su compromiso conmigo. Noticia que ya circulaba entre los conocidos de Raffael y míos. Esa era otra historia por contar... Desde el anuncio la cafetería estaba más concurrida. Las ventas había subido exponencialmente. Aún con la molestia de mis padres por el trato con Raffael, no podían negar el éxito rotundo del negocio desde que yo era conocida como su prometida. Ese fue un beneficio que nadie tenía previsto, al menos, yo no lo había imaginado de tal manera. Estaba en la cafetería ese atardecer. Mamá descansaba desde su lugar especial. Mi padre había ido de compras para tener listos los materiales del próximo mes y yo atendía mesas para mantener ocupada mi mente. Y aún así no lograba despejar mis pensamientos. Los cuales todos eran negativos. Atendía la mesa de una pareja joven cuando alguien apareció ante mi vista. Hizo su entrada de manera llamativa. Su mirada se dirigió a mí y luego sonrió. Era Henry. Terminé de atender a la pareja. Me dirigí hacia él lo más normal posible, cuando nos encontramos me extendió una rosa color amarillo. Una amplia sonrisa se desplegó en su rostro, la cual me permitió ver los hoyuelos en sus mejillas blancas. — Hola Lena. — Henry, qué sorpresa. Dije sin creer aún que acababa de darme un rosa. Era un detalle muy tierno de su parte. En ese instante observé a mi alrededor, algunos presentes susurraron al ver la escena. Caí en cuenta que yo era un mujer comprometida ante sus ojos. Así que no fue bien visto que otro hombre me diera un detalle tan romántico como ese. Después decidí ignorarlos. — Gracias. Dije señalando la rosa. — Tengo afinidad por las rosas amarillas así que sentí que podía mejorar tu día dándote una. Ese gesto me llegó al corazón. Un hombre detallista era lo que quería en mi vida. Sin embargo, había tenido mala suerte y había encontrado solo hombres narcisistas y con el ego por las nubes. Por ello había estado soltera por mucho tiempo, hasta que Raffael entró a mi vida y con un contrato dije adiós a mi aparente soltería. — Gracias de nuevo y vaya que lograste mejorarlo. No he tenido días muy agradables últimamente. Me sinceré con él, pensando en las bajezas que había recibido de parte de la demente de Amanda y las consecuencias en las que me encontraba. — Lo supuse después de la ruptura con Raffael Dunne. — ¿Ruptura? — Me enteré por las noticias que te había engañando con una súper modelo. No sabía cómo decirle que todo estaba bien con Raffael, que seguía comprometida con él a pesar la supuesta infidelidad. Henry había sido tan atento y caballeroso conmigo que no quería desilusionarlo. Tampoco buscaba alejarlo, lo mío con Raffael era por cierto tiempo y quizá después podría darle una oportunidad a Henry, quien limpiamente se la estaba ganando. como era el médico de mamá, ella estaría encantada con Henry como yerno y Annie muy feliz de ver unidos a sus dos amigos. Pero eso estaba lejos de suceder. No era posible mientras existiese el acuerdo firmado. — Raffael y yo no hemos terminado. Seguimos comprometidos. Tuve que decir la verdad por muy incómodo y lamentable que fuera. Pude ver la decepción en su mirada ante tal información. Pero después se recompuso y su expresión alegre regresó. Eso solo confirmaba mis sospechas, Henry estaba interesado en mí. Y no me iba a mentir a mí misma, también yo me había interesado en él desde que lo conocí. Después del saludo, lo invité a tomar café y degustar unos pastelillos de limón. Él aceptó encantado, así iniciamos una conversación como buenos amigos... Aún hablábamos amenamente con Henry sobre algunos temas banales, como el trabajo en el hospital, la salud de mamá y sobre películas clásicas del cine francés, afición que ambos compartíamos. Bebíamos café, yo cuidaba de mi rosa amarilla, cuando el personaje más inesperado en ese momento apareció de la nada. El intrigante Raffael Dunne había entrado a la cafetería con su atractiva presencia, demandando la atención de todos. Aparecía después de tanto tiempo... pero no lo hizo en el más oportuno. Al entrar, estudió el lugar, al encontrarme con su mirada, frunció el ceño con sorpresa. Al parecer no le gustó verme con otro hombre. Y peor aún con una rosa en mi mano. Quise ocultarla pero fue demasiado tarde. Al estar junto a nosotros, se aclaró la garganta para hacerse notar. — ¿Interrumpo algo? Preguntó luego viendo directamente a Henry. Sabía que Raffael quería incomodarlo. Sin embargo, Henry no se amedrentó, al contrario lo afrontó con su mirada segura y serena. — No, no interrumpes nada, "cariño". Me apresuré a responder antes. Hice énfasis en la palabra cariño para que supiera que Henry era solo un amigo y no había motivos por los cuales molestarse. Ni siquiera eramos una pareja real. Solo debía guardar mi distancia de otros hombres mientras seguíamos con nuestro plan. Eso lo había dejado claro al inicio. ¿Raffael estaba realmente celoso o qué diablos ocurría con él? Porque se acercó a mí y depositó un beso ligero en mi mejilla pero cargado de tensión. No tuve tiempo de reaccionar hasta que estaba casi sobre mí. Henry quedó tan anonadado como yo. Nunca llegué a pensar que Raffael tendría un acercamiento tan repentino y sin ser necesario porque no estábamos frente a su familia. Pensé que eso sería solo frente a ellos para dar credibilidad a nuestro compromiso. Más no fue así y eso me dejó con dudas, muchas dudas. — He venido por ti para llevarte a cenar. Informó viendo su reloj. No tenía más opción que obedecerle. — Así que si nos disculpas, tenemos que irnos . Dijo con frialdad al pobre Henry, quien quedó solitario en la mesa. No tuve tiempo de tomar la rosa. Porque el señor exigente Raffael, me tomó del brazo y me hizo buscar la salida con él. Luego entrelazó nuestras manos y salimos a prisa. Mientras caminaba lo observé, no se veían bien. Entré en pánico, una corazonada me decía que me preparara para algo inesperado. — Creí que había sido claro al decir que no podías ver a otros hombres. Dijo viéndome a los ojos. — Sobre todo hoy que las cosas han cambiado. Pronunció y me indicó que subiera al auto... No quería ni imaginar lo que estaba por venir. Quizá no estaba preparada para semejante noticia o petición.
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